Efemérides

Presidente Buenaventura Báez invita a las armas a todos los dominicanos que pudieran empuñar el fusil

SANTO DOMINGO, el 18 de julio de 1857, el Presidente Buenaventura Báez, que enfrentaba a las fuerzas del Cibao, que habían iniciado el 7 de julio de 1857, una insurrección para poner fin a su Gobierno, invitó a las armas a todos los dominicanos que pudieran empuñar el fusil.

El 7 de julio de 1857, personalidades civiles y militares se concentraron en la Fortaleza San Luis, en Santiago de los Caballeros, para iniciar un plan para derrocar al Presidente de la República Buenaventura Báez.

Entre los que se concentraron en la fortaleza se encontraban los principales hombres de armas de Santiago, acompañados por los más importantes comerciantes, propietarios e intelectuales de la región.

Condenaban al Gobierno de Buenaventura Báez por las emisiones monetarias que había hecho desde que tomó el poder en octubre de 1856, cuando logró sacar del Gobierno al Presidente Pedro Santana, quien estaba desacreditado porque llevó al país a una crisis económica por 23 emisiones monetarias que hizo desde febrero de 1853 a la fecha de su salida.

En 1953, Buenaventura Báez fue sustituido por el Presidente Pedro Santana, quien provocó una situación difícil porque sus emisiones monetarias colocaron el peso dominicano muy por debajo del peso fuerte español y el dólar estadounidense.

El historiador José Gabriel García, en su historia de Santo Domingo, refiere que “Cuando Báez regresó al poder en 1856 circulaba el peso fuerte en la República a razón de 68 ¾ unidades, o lo que es lo mismo, valía la onza a $1,100 nacionales. La poca abundancia de papel moneda desmeritó de tal manera el oro, en vísperas de la cosecha de tabaco que las transacciones llegaron a celebrarse a 50 por uno. Los exportadores del Cibao comenzaron a introducir plata y oro en tan grandes cantidades, que el comercio en general optaba por el pago de sus derechos en esas especies de preferencia a la moneda del Estado”.

Sin embargo, Buenaventura Báez no cambió la política monetaria del Presidente Santana y continuó con nuevas emisiones que llevaron a los productores de tabaco del Cibao a la bancarrota.

Los productores de tabaco vendieron su cosecha a 50 por uno, pero cuando quisieron deshacerse de los billetes criollos circulaban a 68 ¾ por uno.

Por ello, el 7 de julio de 1857, los cibaeños lanzaron su manifiesto para “sacudir el yugo del Gobierno del señor Báez”, al cual desconocieron, y formaron un Gobierno provisional.

El Gobierno fue instalado de inmediato, y nombrado Presidente el General José Desiderio Valverde y Vicepresidente el abogado Benigno Filomeno Rojas, quienes de inmediato recibieron el apoyo del Cibao. Esto le permitió organizar un movimiento armado para marchar a la ciudad de Santo Domingo, con el fin de derrocar al Presidente Báez, quien estaba preparado para resistir.

Las tropas del Gobierno revolucionario del Cibao eran comandadas por el general Juan Luis Franco Bidó. En Pocos días cercaron la Capital, iniciándose de esa manera una guerra civil.

Ante la fortaleza que demostraba el Presidente Báez, que había recibido apoyo de sus fuerzas leales en Samaná e Higüey, así como su capacidad económica que utilizó para importar armas y provisiones desde Curacao y Saint Thomas, el Gobierno del Cibao, emitió un decreto de amnistía en favor del ex Presidente Pedro Santana y sus hombres que se encontraban en el exilio.

La medida permitió al general Pedro Santana y a sus partidarios regresar por los puertos de Montecristi y Puerto Plata, para sumarse a la lucha contra la resistencia del Presidente Báez.

Pedro Santana llegó el 25 de agosto de 1857 y de inmediato fue designado para que auxiliara con sus partidarios del Este, a Juan Luis Franco Bidó, quien no había podido tomar la ciudad de Santo Domingo, ya que las murallas eran utilizadas por las fuerzas baecistas para protegerse.

Historiadores dominicanos han considerado que la medida en favor de Santana fue un error del Gobierno del Cibao, pues aumentaría la resistencia de Báez por temor a Santana y lo colocaba en posición de retomar el poder. En efecto, ya el 18 de septiembre de 1857, había disminuido el papel del general Franco Bidó y se convirtió en el dueño de la situación.

El 25 de septiembre el Gobierno del Cibao convocó al país para que eligiera a los diputados a partir del 7 de diciembre de 1857. En ese momento los hombres de mayor capacidad intelectual en el Cibao deseaban producir una Constitución que permitiera un Gobierno auténticamente democrático y representativo.

“La nueva Constitución fue elaborada en Moca y proclamada el 19 de febrero de 1858”.

La Constitución de Moca abolió la pena de muerte por motivos políticos y consagró como derechos la libertad de expresión, el libre tránsito y la libertad de reunión pacífica.

La historiadora Mu-Kien Adriana Sang, en su obra Buenaventura Báez El Caudillo del Sur (1844-1878), apunta que el Movimiento que se conoce como “La Revolución de Julio de 1857”, tomó de sorpresa a Buenaventura Báez, ya que en 1856, al asumir el poder designó al señor José María González como “agente secreto del Gobierno para vijilar (sic) los actos del general Santana en Saint Thomas”, pero la selección del enviado no fue muy exitosa para Báez, porque González era un hombre de Santana.

Según el último informe de González, con fecha de 3 de julio de 1857, Pedro Santana era un hombre angustiado y en sus palabras no se le escapaba nada que pudiera revelar un plan. En consecuencia, afirma que Báez, confiado en las informaciones suministradas por su informante, no imaginó que en el Cibao se gestaba un movimiento de gran magnitud en su contra.

La historiadora Sang expresa el criterio de que la Revolución del 7 de julio de 1857 fue un movimiento nacido en el seno de los llamados liberales, y en vista de su incapacidad militar y política, decidieron aceptar la ayuda de Pedro Santana, como jefe de la revolución y de las tropas rebeldes.

La guerra duró casi un año, los grupos en conflicto lucharon con todos los medios a su alcance para salir victoriosos, acrecentando la violencia y la destrucción del país.

Destaca que el triunfo de la revolución fue rotundo, Báez renunció al poder y salió al exilio, pero el proyecto sería frustrado, ya que el pensamiento liberal de los cibaeños sería opacado por la figura militar de Pedro Santana, quien volvió a la Presidencia en 1858 y desconoció la Constitución Liberal.

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