Economía

La RD lidera el PIB y el per cápita de Latinoamérica en últimos 60 años

El modelo de desarrollo dominicano se ha ido conformando en forma exitosa en los últimos 50 años (1960-2010), acumulando un crecimiento anual que promedia poco más del 5% del Producto Interno Bruto.

50 AÑOS DE DESARROLLO DOMINICANO

El modelo de desarrollo dominicano se ha ido conformando en forma exitosa en los últimos 50 años (1960-2010), acumulando un crecimiento anual que promedia poco más del 5% del Producto Interno Bruto.

Los últimos 50 años del período analizado, han sido testigos de la manera como el modelo inició con exportaciones agropecuarias y de la agroindustria del azúcar, para incorporar luego bienes y servicios de la manufactura y las zonas francas, la minería metálica y no metálica y el turismo y los servicios, en ese mismo orden.

La Comisión Económica para la América Latina de Naciones Unidas (CEPAL), reporta que en éstas últimas 5 décadas los dominicanos expanden su per cápita a una tasa promedio anual de2.8%, la más alta del resto de América Latina, que promedió 1.7% anual en el mismo período.

Por su parte, el Banco Interamericano de Desarrollo emitió en el 2003 el estudio titulado “Crecimiento Económico, Acumulación de Factores y Productividad en la República Dominicana”, a cargo de los economistas Magdalena Lizardo y Rolando M. Guzmán y de los asesores de planta del BID, en el que se afirma lo siguiente:

“Durante la segunda mitad del siglo XX, la economía dominicana exhibió un ritmo de expansión relativamente estable, con una tasa de crecimiento promedio de 5,2 por ciento entre 1950 y 2000. Si bien ese proceso de expansión estuvo matizado por algunos periodos de caída y otros de estancamiento, éstos fueron frecuentemente superados de manera expedita, sin alcanzar la persistencia mostrada en otros países de la región. Por esta razón, en el ámbito latinoamericano, el crecimiento dominicano podría considerarse como una experiencia relativamente exitosa”.

“Uno de los rasgos más notables de la economía dominicana durante la segunda mitad del siglo pasado es la persistencia de una tendencia positiva en el producto per cápita, apenasafectada por breves interludios de recesión o depresión. Durante ese período, el producto per cápita se expandió a una tasa de 2,4 por ciento. Por consiguiente, en 1977 el producto per cápita de 1950 se había duplicado y en 2000 se había multiplicado por tres”.

El gráfico contenido en el informe del BID de referencia, consigna el comportamiento ascendente del Producto Interno Bruto y su correspondiente incremento del per cápita del 1950 al 2000.

Gráfico 1: Log PIB per cápita, 1950-2000 (Precios de 1970)
Gráfico 1: Log PIB per cápita, 1950-2000 (Precios de 1970)

Por consiguiente, se puede afirmar que 1950 marca el punto de inflexión en que la economía dominicana inicia el camino del progreso.

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Condicionalidades internas y factores de presión externos, contribuyeron a definir el modelo con sus cuatro grandes motores: agropecuaria y agroindustria; manufactura y zonas francas; minería metálica y no metálica y turismo y servicios.

La correlación histórica refiere los momentos en que cada uno de estos sectores fueron apareciendo e incorporados al modelo, y de cómo la innegable capacidad ejecutiva y visionaria del doctor Joaquín Balaguer fue pieza clave para su materialización.

El modelo de desarrollo que se heredó de Trujillo se basaba, en términos de generación de divisas, en la agroindustria de la caña de azúcar, y se completaba con importantes exportaciones de café, cacao y tabaco en rama.

Era, por tanto, un modelo esencialmente agrícola, para consumo interno y exportación.

Los desarrollos manufactureros apenas se iniciaban. Heredados de Trujillo, los enclaves manufactureros estaban orientados a satisfacer el consumo interno. Estas contadas manufacturas tenían su base de materias primas en el campo dominicano.

Así tenemos que la industria del aceite dependía del cultivo del maní; la de sacos y cordelería, del cultivo del sisal; la industria de tejidos de punto, se confeccionaba a partir del algodón nacional, y del cuero nacional se armaban zapatos, carteras y correas: leche pasteurizada y quesos, lo mismo que productos cárnicos de la ganadería; chocolates del cacao; cigarrillos y cigarros del tabaco criollo. Otros desarrollos manufactureros dependían de materias primas importadas y se referían a la harina y pastas alimenticias derivadas del trigo importado, armería y metal mecánicos de muebles escolares, de envases de vidrio.

Otras actividades heredadas de Trujillo se relacionaban a los servicios, energía eléctrica, agua potable, bancarios y de seguros, y de transporte aéreo y marítimo para uso interno; comunicaciones viales troncales hacia las principales regiones, además de telecomunicaciones de líneas y telegráficas.

Este modelo esencialmente agrícola y pecuario, de limitada manufactura y de también limitada estructura de servicios, constituye la base de la que parte el esfuerzo de promoción del desarrollo dominicano, a partir de la muerte de Trujillo.

A Balaguer lo sucede en el mando del Poder Ejecutivo el hacendado Antonio Guzmán en 1978, quien luego de someter a control los mandos militares y policiales que incidían en forma notable en toda la estructura social del país, centró su atención en una activa campaña de promoción del agro y la pecuaria en procura del auto abastecimiento alimentario, y mantuvo a flote la agroindustria de la caña. Al mismo tiempo, profundizó aún más la aplicación de los beneficios de la Ley PL 480 de Estados Unidos, tomando a crédito granos y grasas comestibles que sustituyeron cultivos similares.

Ya para entonces hicieron aparición los efectos del cansancio de la Ley 299 de sustitución de importaciones, acumulándose lo que para la época era una pesada deuda externa.

Correspondió a su sucesor, Salvador Jorge Blanco, preservar las estructuras productivas heredadas, aunque para ello tuviera que sujetarse al duro condicionamiento de un crédito de “facilidad ampliada” del Fondo Monetario Internacional que, entre otros sacrificios, significó la absorción por parte del Estado de una deuda del sector privado superior a los US$500 millones.

Los duros ajustes fondo monetaristas detuvieron el crecimiento, y ya para el 1985 el decrecimiento fue del 2 %. No obstante, Jorge Blanco y los correctivos y limpieza de deuda que impuso el FMI permitieron entregar la economía saneada a su sucesor Joaquín Balaguer, pues en 1986 el crecimiento cerró con un 3.5% del producto Interno Bruto y con la proeza de hacerlo sin déficit fiscal, por primera vez en décadas.

Balaguer retoma el poder, emprende grandes obras de infraestructura de riego, acueductos gigantes como el Valdesia-Santo Domingo y vías de comunicación troncales, pero rompe el equilibrio fiscal heredado.

El déficit fiscal se sumó al absoluto cansancio del modelo de sustitución de importaciones y a otros factores venidos del exterior, como la caída en los precios de exportación, para desatar unagrave crisis de producción y abastecimientos locales y del exterior en 1990, año en que registró un decrecimiento de 5.5% del PIB.

Con la década de los 90 se inicia la desregulación forzada de la economía (recordemos que Balaguer impuso ese mismo año por Decreto-Ley un arancel reducido para permitir la entrada de productos similares a los que producía las manufactura criolla). Hubo que esperar 2 años para que el Congreso oficializara por Ley el nuevo arancel. Se retoma el crecimiento, ahora con los cuatro sectores básicos: agrícola y agroindustrial, manufacturero y de zonas francas, minero y turismo y servicios en franca recuperación.

Corresponde al doctor Leonel Fernández, relevar a Balaguer y consolidar la apertura del mercado, introducir la economía en la globalización con acuerdos de libre comercio regionales, modernizar al Estado y fortalecer las estructuras productivas tradicionales, incluyendo al campo. La década final del siglo 20 es tan virtuosa en su crecimiento como lo había sido la década de los 70.

La resistencia de los organismos multilaterales FMI, Banco Mundial, BID y los Eximbank de los países que sonprincipales socios de la República Dominicana a prestar para el desarrollo eléctrico o para sustentar empresas estatales en crisis, obliga a pactar unprograma de capitalización de empresas públicas, una etapa intermedia respecto a la privatización. Así se privatizó la CDE, la empresas de CORDE y se la combinó con arrendamientos de los ingenios estatales, también en profunda crisis, al sector privado.

El siglo 21 se inaugura con la administración de Hipólito Mejía, quien mantuvo el crecimiento heredado delsiglo 20, pues los primeros dos años fueron de crecimiento, pero con la prédica crítica contra la capitalización y el arrendamiento de los ingenios, acompañada de la promesa, luego cumplida en gran parte de anular el arrendamiento de los ingenios y repartir sus tierras en la reforma agraria. En los dos últimos años de su gobierno se desató la debacle bancaria, pérdida del crecimiento y la estabilidad macroeconómica, con saldos tan graves como la anulación de un 20 por ciento de la riqueza histórica ya creada. Se le reconoce qa Hipólito tener la valentía de asociar al país, a última hora, en el Acuerdo de Libre Comercio con Centroamérica-RD y Estados Unidos.

Leonel Fernández regresa el poder en 2004, y reinicia el crecimiento económico con la retoma del control de los factores macroeconómicos. La minería, reducida únicamente a la producción de ferroníquel por el lado metálico, vuelve por sus fueros y reincorpora la producción de oro, plata y cobre en grandes cantidades.

Se inician gigantescas obras de infraestructura vial y de transporte, entre ellas el Metro; se consolida elrecién creado Sistema Dominicano de Seguridad Social y se pone en práctica un amplio programa de combate a la pobreza asistiendo en forma directa a centenares de miles familias pobres con los programas Solidaridad, a las cuales también se les incorpora al régimen de seguro médico mediante el subsidio del Estado.

Leonel le entrega a Danilo Medina, quien emprende una promoción y ayuda financiera a la micro, pequeña y mediana empresa bajo el convencimiento de que estos han sido los sectores relegados del crecimiento acumulado hasta el momento. No obstante, prosigue las grandes obras en carpeta, como la construcción de la presa de Monte Grande, la segunda línea de Metro, los corredores turísticos y la carretera Cibao Sur en proceso.

El crecimiento se mantiene, lo mismo que los controles a los factores macroeconómicos que garantizan baja inflación y disminución reducida y programada del valor del peso en relación a las monedas fuertes. El país se prepara para entrar a la era moderna de la comercialización de los productos agropecuarios con Mercado Santo Domingo como mayorista y varios mercados de distribución adicionales, luego de una extraordinaria ayuda financiera a las estructuras productivas del campo.

En resumen, un producto interno bruto que en 1961 cerró en 875 millones de dólares, terminó incrementándose hasta arribar a los 60 mil millones de dólares. Si nos dejamos conducir de estas cifras, podemos afirmar que la economía es hoy 60 veces más grande que 50 años atrás.

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El reto ahora es incorporar competitividad a los sectores tradicionales, todo lo cual pasa por superar la ya añeja crisis eléctrica y por facilitar incentivos y garantías a los mencionados sectores.

Disponer de la riqueza que significa 5 millones de tareas bajo riego y la perspectiva de agregar otras 400 mil tareas en el lejano y empobrecido sur profundo con el proyecto múltiple de la presa de Monte Grande, en construcción, más de 7 millones de metros cuadrados de estructuras de producción con ambiente controlado (invernaderos) y acceso privilegiado a los mercados norteamericano y de la Unión Europea es, de entrada, una gran ventaja respecto a cualquiera de nuestros vecinos regionales.

De igual forma, comprobar que el país cuenta con reservas minerales metálicas y no metálicas que a precios de hoy se aproximan a los US$100 mil millones, crean una garantía para un desarrollo sostenible en las próximas décadas.

El hecho de que ninguna autoridad del sector turístico ponga en duda el objetivo gubernamental de duplicar la actual tasa de visitantes extranjeros en un futuro tan cercano como los próximos 10 años, una vez se cumpla con lo programado, nos conduce a afirmar que el turismo dominicano no tiene, en la actualidad, frontera visible para su desarrollo.

Tarea pendiente de toda la sociedad, no sólo del Estado, es la de que el desarrollo avizorado en varios campos sea mejor aprovechado, cuidando que la riqueza generada sea mejor repartida, para así recoger una vieja deuda social; que la seguridad social materialice en la universalización con calidad de los servicios de salud y que las reservas que acumule el fondo de pensiones retribuyan dignamente a todos los trabajadores y empleados que agoten sus capacidades de trabajo.

La construcción de infraestructuras modernas no debe parar. Puertos y aeropuertos, líneas de metro y tren de carga y pasajeros y otras soluciones de transporte masivo, autopistas, puentes y avenidas serán siempre necesarias.

Lo relatado, pudiera no ser suficientemente exhaustivo, pero constituyen un esforzado intento por compartir las vivencias de un reportero que por 50 años ha sido testigo de transformaciones a todas luces trascendentes.
Producto Interno Bruto 19
Por último, creo firmemente en nuestro modelo económico, resultante más que del producto de sesudos planificadores, de la determinación y capacidad ejecutiva de grandes hombres que estuvieron al frente del Estado en los últimos 50 años.

No obstante todo eso, nos queda la duda de si hubiese sido preferible y posible– ante corrientes tan poderosas queimpulsaban el concepto de sustitución de importaciones–, proseguir con el modelo de desarrollo industrial heredado de Trujillo, basado en materias primas nacionales. Y la interrogante de si el deseo de borrar todo el pasado, obnubiló a los responsables de la toma de decisiones, luego del ajusticiamiento del tirano.

Se Cae un Mito Económico

Una crítica persistente al modelo de desarrollo económico dominicano es que se ha sustentado históricamente en un déficit de su cuenta corriente de la balanza comercial. Influyentes economistas, centros de estudios privados, gremios empresariales que se suplen de estas mismas consultorías privadas y, en ocasiones, organismos crediticios multilaterales cuya principal preocupación es el repago de la deuda, han apoyado esta tesis.

Pedimos el auxilio del Departamento de Estudios Económicos del Banco Central para que nos facilitara un serial histórico que mostrara el crecimiento del Producto Interno Bruto versus el déficit de cuenta corriente de la balanza comercial. El serial arranca de la que llamamos “década gloriosa” de los setentas hasta concluir en el 2012. Es el gráfico que mostramos a continuación.

Desarrollo Económico RD

Como se observa, hay un persistente déficit de cuenta corriente acompañando a cada año de crecimiento. En cambio, sólo se registran superávit en la cuenta corriente en los años de muy débil crecimiento o de pronunciada caída del Producto Interno Bruto.

La historia reciente, lo mismo que los resultados comprobables, se han encargado de echar por tierra un mito que, sin embargo, todavía hoy, en forma inexplicable, siguen sustentando líderes empresariales y economistas que les asesoran.

Hay una explicación que salta a la vista para cualquiera que haya observado de cerca a la economía dominicana por un largo período, sin ser economista profesional, como es nuestro caso: la alta dependencia de materias primas o de productos semi elaborados importados que tenemos los dominicanos, obliga al déficit de cuenta corriente de la balanza comercial para crecer.

El gráfico a que hacemos referencia contiene, de seguro, importantes lecciones que debieran motivar desentrañar, algunas de ellas atinentes a los gobiernos y sus equipos que operaron en cada período del serial histórico. Esta tarea, la dejamos a los verdaderos profesionales de la economía.

En lo que a nosotros respecta, un reportero que la mayor parte de sus 50 años de ejercicio la ha pasado en contacto con las fuentes económicas, nos corresponde dar un testimonio absolutamente personal.

Nos sentimos orgullosos de tener un modelo de desarrollo virtuoso en lo que respecta a la creación de riqueza.

Es un modelo al que debemos hacerle ajustes para incrementar su productividad y capacidad exportadora, pero sobretodo para que mejor distribuya la riqueza y combata la desigualdad que el reparto de esta riqueza genera. No sólo para beneficio de todos los estratos situados en la base de la pirámide social, sino también del propio Estado, al que tanto le reclamamos mayor calidad en los servicios que ofrece.

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