Editorial

Una feliz y auspiciosa coincidencia

En su más reciente informe dado a conocer durante asamblea celebrada en Perú, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) alentó a los gobiernos de América Latina a colocar como principal tema de agenda el combate a la desigualdad.

El organismo fue enfático en afirmar que para la región no basta el crecimiento de su economía, que es riqueza, sino que lo imperativo es establecer mecanismos y políticas que garanticen su mejor distribución.

Precisamente en esa dirección lo planteó durante esos mismos días el brillante economista francés Thomas Piketty, calificado ya en el exigente corredor del entramado científico como la nueva estrella de la economía.

El talentoso economista, que concentra la atención de organismos internacionales, presidentes y academias en todo el mundo, no ve otra opción para el desarrollo sostenible de los pueblos, que no sea a partir de ese mecanismo de distribución equitativa de las riquezas.

En ambos casos se plantea para esos fines, acuerdos o pactos entre los gobiernos y el capital privado.

Ya más recientemente, el presidente del Partido de la Liberación Dominicana, Leonel Fernández, reconoció durante una conferencia magistral en la ciudad de Chicago, en el Estado de Illinois, Estados Unidos, que ciertamente el combate a la desigualdad debe plantearse como principal reto de América Latina.

Aunque con justa razón, Leonel Fernández abundó reconociéndole a países del área esfuerzos puntuales y bien encaminados en procura de esa justa redistribución. Habló de la movilidad social que sacó a millones de personas de la pobreza, a partir de políticas públicas dirigidas a atacar la desigualdad y sus graves efectos.

El, aunque por razones entendibles no lo citó, constituye uno de esos ejemplos de mandatarios que impulsaron políticas de esa naturaleza con resultados tangibles.

Pero responsable como político comprometido con los cambios estructurales a favor de la colectividad, el ex presidente Leonel Fernández advirtió que esos avances acentúan las legítimas demandas sociales que obligan a mayores esfuerzos para una más decidida voluntad contra las desigualdades.

En Vanguardia del Pueblo saludamos ese auspicioso discurso con evidente vocación hacia la toma de decisiones políticas que culminen en acciones concretas viables aquí como en toda la región.

Y del mismo modo hacemos justicia al reconocer la feliz coincidencia de esos señalamientos con los planteamientos que desde hace varios meses vienen haciendo dirigentes de primer nivel del Partido de la Liberación Dominicana, recogidos por Vanguardia del Pueblo Digital.

A ellos nuestro reconocimiento al insistir como lo han hecho en la necesidad de propiciar un pacto entre el PLD y sus gobiernos con lo que han denominado la pirámide empresarial de la República Dominicana, en procura de la anhelada distribución equitativa de la riqueza. O lo que es lo mismo, el combate efectivo a la lastimera y peligrosa desigualdad.

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