Hablan los hechos

El insostenible poder de los golpistas de 1963

Debilidades organizativas del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), derrocado del gobierno con su Presidente Juan Bosch, impidieron una reacción inmediata contra el golpe de Estado, unido ese elemento político al alejamiento del país de jóvenes militares institucionalistas que se habían identificado con las políticas progresistas del gobierno constitucional.

Todavía hoy resulta paradójico el hecho de que los golpistas escogieron para suceder a Bosch en la presidencia de facto al doctor Emilio de los Santos, el mismo que presidiera la Junta Central Electoral (JCE), en el proceso que culminó con el triunfo arrollador del candidato del PRD.

Sorprende que ese magistrado aceptara ese elevado puesto originado en un hecho tan espeluznante, sin pensar que estaba comprometiendo su honorabilidad y el brillo de su nombre ante la Historia. De la forma en que abandonó el cargo luego, da a entender que no valoró en principio esos asuntos.

Otra paradoja que envolvía la cuestión electoral fue que la primera rebelión armada contra el golpe de Estado provino de una organización que, como el Movimiento Político 14 de Junio, no participó en las elecciones del 20 de diciembre, debido a su oposición al sistema de la Democracia Representativa, inclinándose por el modelo de la Revolución Cubana de Fidel Castro.

Los fenómenos ocurridos en esa etapa que siguió al derrocamiento de la dictadura trujillista, matizada por gobiernos efímeros, levantamientos armados, conspiraciones, oportunismos y aventurerismos, solo podrían compararse con lo ocurrido tras la caída del dictador Ulises Hereaux (Lilís) en 1899, que condujo a la intervención militar norteamericana de 1916.

En ese contexto, los golpistas contra Bosch terminarían también víctimas del contragolpe, con la diferencia de que mientras el primero fue desalojado del poder por defender los mejores intereses de la nación, los segundos fueron derrocados por usurpadores del gobierno constitucional y por corruptos.

El levantamiento de Manolo Tavárez y el 14 de Junio

Dos meses después del derrocamiento de Bosch, gobernaba el país un triunvirato encabezado por de los Santos, junto al doctor Ramón Tapia Espinal y el ingeniero Manuel Tavárez Espaillat. Precisamente, el 26 de noviembre de 1963, el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo) lideró un levantamiento guerrillero de inspiración castrista en contra del gobierno de facto.

Otro diciembre enlutado vivieron los dominicanos, debido a que si bien los movimientos tuvieron motivaciones diferentes, el resultado de la guerrilla terminó en un manantial de sangre inocente parecido a la Matanza de Palma Sola el año anterior. Faltan muchas investigaciones para que ambos casos queden aclarados de manera fehaciente.

El levantamiento tuvo como foco principal las lomas de Las Manaclas, en San José de las Matas, con el nombre de Enrique Jiménez Moya, líder de la expedición del 1959 que vino a luchar por el derrocamiento del dictador Trujillo. Estas operaciones eran dirigidas por el propio Tavárez Justo.

Los demás frentes guerrilleros eran el Gregorio Luperón, en las lomas de El Limón, en Altamira, Puerto Plata, con incidencia en Los Quemados; el Mauricio Báez, en el paraje La Berrenda, en Miches, provincia de El Seybo, en el Este del país; el Juan de Dios Ventura Simó, en La Horma, de San José de Ocoa, y el Francisco del Rosario Sánchez, en Bahoruco, Enriquillo, Barahona, al Sur del país.

Como se ve, el movimiento guerrillero contra el gobierno de facto tuvo presencia en todas las regiones del país. En el primer frente se encontraban junto Manolo, de 32 años, otros 28 jóvenes. Los demás grupos guerrilleros estaban compuestos por números similares, y hasta de más cantidad.

La experiencia de los jóvenes combatientes ubicados en las diferentes regiones no pudo ser más desoladora. Lo primero fue la ausencia de respaldo por parte de la población, rural y urbana, a ese gesto revolucionario.

La desaparecida Revista Ahora, en su edición del 26 de febrero de 1973, trae el relato del sobreviviente Luis Peláez sobre la condición deplorable en que se encontraban los guerrilleros a menos de un mes del levantamiento, con el caso particular de Las Manaclas, donde participaba junto a Manolo.

Cuenta Peláez que el día 19 de diciembre “el estado de las tropas era de agotamiento progresivo. Los comestibles se habían terminado y los esfuerzos para abastecerse eran inútiles porque habían fallado las medidas tomadas antes de subir a las montañas”.

Añade que los “almacenamientos de provisiones habían desaparecidos, y las bodegas y carnicerías instaladas en lugares estratégicos habían sido incautada por el gobierno”.

Es evidente que la táctica inicial de los militares que perseguían las guerrillas fue bloquearle el acceso a la alimentación para forzarlas a la entrega sin combatir. Los guardias, de formación trujillista, prefirieron provocar primero el debilitamiento físico de los rivales, antes del enfrentamiento con los fusiles.

Uno de los integrantes del Triunvirato, el ingeniero Tavárez Espaillat, de quien se decía tener un parentesco con Tavárez Justo, a través de una alocución radial hizo un llamado a los alzados para que se rindieran a las tropas oficiales, con el compromiso de que sus vidas serían respetadas.

El informe del sobreviviente Peláez da cuenta de que el día 20 de diciembre de 1963, “castigados por el hambre y el frío, se planteó por primera vez considerar las garantías dadas por el ingeniero Tavárez Espaillat. En una reunión celebrada en la noche, la mayoría opinó que debían acogerse a ellas”.

Refiere que cinco se opusieron “aduciendo el temor de que las intenciones de los militares golpistas fueron contrarias a las aparentemente expresadas por el miembro del Triunvirato. Tampoco Tavárez, era partidario de la entrega. La reunión se disolvió sin que se llegara a un acuerdo. La decisión final se tomaría al día siguiente. El 21 a las cinco de la mañana ya estaban en pie”.

Indica que aunque no se hizo una nueva reunión formal, las conversaciones entre grupos habían convencido a Tavárez Justo a decidirse a la entrega, y que “con esa adhesión comenzaron los preparativos para rendirse a las autoridades”, en tanto que a las 10:30 A.M., “a José Daniel Ariza, Luis Peláez, Josesito Crespo, Polón y Pitifia, los cinco opuestos a la rendición, se le permitió marcharse”.

La rendición terminó en holocausto

Aquel 21 de diciembre de 1963, de acuerdo con una entrevista con el combatiente historiador Emilio Cordero Michel en el número 6 de la revista Qué, de 1971, se acordó que la rendición se haría de día y ante un oficial del Ejército.

Se refiere que un grupo comandado por Cordero Michel e integrado por Leonte Schott Michel, Alfredo Peralta Michel y Juan Ramón Martínez (Monchi) tuvo la misión de concertar la entrega. De acuerdo con la entrevista al sobreviviente, a las cinco horas de camino, se encontraron con un jeep del que se apearon dos soldados armados de ametralladoras, uno de los cuales comenzó a disparar a mansalva eliminando a sus tres compañeros.

Cordero Michel revela que cuando el soldado agresor recargó su arma para dispararle, ya que había resultado ileso del ametrallamiento, el otro soldado le despojó del arma llamándole asesino e impidiendo que corriera la misma suerte de Schott Michel, Peralta Michel y Martínez (Monchi).

En la misma entrevista se refiere que los guerrilleros Fidelio Despradel, Marcelo Bermúdez, Juan García Arias (Chanchán) y Domingo Bisonó (El Guajiro), habían abandonado el grupo de Tavárez Justo entre el 15 y el 16 para cumplir con una misión, lo que le habría salvado la vida a los tres primeros. Desesperado por el hambre, El Guajiro entró a una bodega donde fue sorprendido por el segundo alcalde del lugar, quien lo asesinó a puñaladas. Aunque los demás fueron capturados luego, lograron preservar la vida.

En un hecho sin aclarar histórica y jurídicamente hasta el punto de que a más de 50 años todavía es tema de Justicia, las versiones que van desde el combate (la del Ejército) hasta el fusilamiento ( la de los sobrevivientes), murieron en Las Manaclas, el doctor Tavárez Justo, el ingeniero Jaime Rafael Ricardo Socías, el doctor José Cabrera González, Martínez (Monchi), Jesús Antonio Barreiro Rijo (Tony), José Daniel Fernández Matos y el ingeniero Rubén Díaz Moreno (Rudy).

También, el agrimensor Domingo Sánchez Bisonó, Manuel de Jesús Foundeur, Schott Michel, Fernando Arturo Martínez Torres, Antonio Filión (Manchao), Caonabo Abel Manuel de los Santos, Peralta Michel (Alfredito), Francisco del Carmen Bueno Zapata y Rubén Alfonso Marte Aguazo (Fonsito).

Los demás frentes del levantamiento fueron también desmantelados, con caídas y capturas de sus miembros. Publicaciones de la época reportaron la muerte de Hipólito Rodríguez Sánchez (Polo), jefe del grupo de Los Quemados, junto a Adolfo González y Negro Rodríguez de Jesús.

Entre los capturados en el Norte se destacan Arsénico Ortiz Fernández (Cubano), Francisco Peralta Trinidad, Arturo Romero, José Rafael Pérez Modesto, Gonzalo Pérez Cuevas, José Altagracia Suazo, la doctora Carmen Lora Iglesias (Piky), Rafael Chaljub Mejía, Luis Adolfo Domínguez, el doctor Abel Rodríguez del Orbe, José Aníbal Guzmán y Cruz Peralta.

En el Este murieron, según los reportes, Rafael Faxas Canto (Pipe), Enriquillo Almánzar, Caqui Meléndez y Minaya Fernández. En la región septentrional corrió la misma suerte Félix Jerónimo Escaño Peña, siendo capturados los doctores Sóstenes Peña Jáquez y Juan Miguel Román, quienes luego murieron en la revolución del 1965.

El número de combatientes capturados es tan amplio que excedería el espacio de estos trabajos. Un dato a resaltar sobre muchos de los capturados es que de una u otra forma siguieron en la lucha contra el triunvirato, como fue el caso de Euclides Morillo, caído en la Revolución de 1965 y Homero Hernández, asesinado por una patrulla de la Policía durante los 12 Años de Balaguer.

El golpe de un levantamiento masacrado

Los mismos participantes en el levantamiento encabezado por Tavárez Justo, al analizarlo muchos años después, lo atribuyeron a la efervescencia de aquellos años post dictatoriales, que inspirados en el ejemplo de Castro en Cuba, soñaban con bajar de las montañas fusil en manos para instalar un gobierno revolucionario.

Reconocían los guerrilleros sobrevivientes que en el país no se daban las mismas condiciones que en Cuba, y que jamás tuvieron el respaldo de las masas populares, hasta el punto de que el levantamiento fue un autoaislamiento en las montañas, con la hostilidad, antes que la solidaridad de los campesinos.

El dato de que los revolucionarios eran castristas choca con la realidad de que el líder cubano jamás simpatizó con la forma que se produjo la acción guerrillera. El médico dominicano José Antonio Constanzo Santana vino de Cuba con un mensaje de Castro para Manolo en el que le decía que “de irnos a la guerrilla, no fuera en la primera etapa, que esperara que la guerrilla se consolidara, y después se fuera arriba, a la montaña”.

El doctor Constanzo, fundador del 14 de Junio, sostuvo en una entrevista que “lo que Fidel perseguía era que si la guerrilla fracasaba, Manolo quedara vivo. El mensaje se lo di completo (a Manolo)”.

Un enfoque exhaustivo a la acción guerrillera arrojan grandes contradicciones y ambigüedades. Porque, aunque se ha afirmado que buscaba el restablecimiento del gobierno constitucional derrocado en septiembre, lo cierto era que procuraba el establecimiento de un régimen revolucionario al modelo castrista, y desde antes de las elecciones del 1962, su líder principal, rehusando participar en los comicios, proclamó en un discurso que se iría con los suyos a “las escarpadas montañas de Quisqueya” para completar la obra de los expedicionarios de 1959.

Pero la guerrilla de Manolo tuvo un éxito que nadie le reconoce. El Presidente de los Santos, al pedir un informe sobre el combate en que cayeron los guerrilleros, no creyó la versión de los militares, debido a que ninguno de ellos sufrió ni siquiera un rasguño. Esto provocó su renuncia, aparentemente indignado, con lo que la guerrilla obtenía una victoria política y moral.

En su libro de memorias Balaguer y yo, el doctor Víctor Gómez Bergés sostiene que “el asesinato de Tavárez Justo después de haberse rendido a las tropas del Ejército, provocó la renuncia de Emilio de los Santos, presidente del Triunvirato, en protesta por ese hecho repugnante, siendo sustituido por el empresario automovilístico Donald Reid Cabral, quien fue escogido por los partidos golpistas mientras se encontraba de visita oficial en Israel y desempeñaba las funciones de Secretario de Estado de Relaciones Exteriores del gobierno de facto”.

El anecdotario popular da cuenta de que el presidente renunciante salió del despacho solo caminando hacia la calle, por donde se dirigió hasta su residencia a pie, en demostración de que no se llevaba nada del gobierno, ni siquiera el polvo de los papeles de su escritorio.

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