Hablan los hechos

Caudillismo: la marca de inicio de la política dominicana

Como vimos en nuestra entrega anterior, en la misma fundación de la República en 1844 solo existía un grupo de ideología liberal representado por Duarte y los Trinitarios que se planteaban la independencia pura y simple tanto de los invasores haitianos como del resto de las potencias coloniales que se disputaban las islas del área del caribe.

Sin embargo, este grupo era muy pequeño y sin poder económico para imponerse sobre los que peleaban por anexar la nueva República al imperio español, inglés, francés o, como en el caso de Buenaventura Báez, hasta a la potencia emergente que representaban los Estados Unidos.

Todo esto terminó con la anexión a España de parte de Pedro Santana en 1861, lo que provocó la guerra restauradora de la independencia de la República que se inició en 1863 y terminó con la salida definitiva de los últimos integrantes del ejército español en el año 1865.

La Segunda República

Cuando se arrió la bandera española por última vez en la isla de Santo Domingo, se dio inicio al periodo denominado como la Segunda República que terminaría con la invasión de las tropas de los Estados Unidos a nuestro territorio en el año 1916.

Este período sería, desde el punto de vista político, dominado por los caudillos territoriales y dos partidos políticos que se diferenciaban por sus colores más que por sus planteamientos ideológicos, el azul que fundó el héroe restaurador Gregorio Luperón y el rojo que encabezó Buenaventura Báez.

Desde su inicio, la Segunda República se caracterizó por la contradicción y el enfrentamiento personal de los líderes que habían participado en la guerra restauradora. Ya en 1865 Antonio Pimentel, quien debía asumir la presidencia de la República, se negó a mudar su residencia a Santo Domingo, lugar donde se encontraba el Congreso y la sede del Ejecutivo, por lo que fue sustituido por José Maria Cabral, quien modificó la Constitución y se convirtió en Presidente.

Lo que sigue al gobierno de Cabral, son una serie de mandatarios, la mayoría de ellos representantes del Partido Rojo, todos proyectos políticos personalistas y caudillistas, acordes con una sociedad con un nivel de desarrollo propio de un sistema feudal tardío, mínimo desarrollo de clases sociales, ya que no existía una burguesía nacional con conciencia de clase y mucho menos los proletarios que reclamaban derechos en las sociedades desarrolladas ya que no existía tampoco una industria manufacturera.

De todos los gobiernos de la Segunda República, el más recordado es el periodo de gobierno de Ulises Hereaux (Lilís) ya que al iniciarse en el año 1877 da lugar a la primera de las dictaduras de larga duración en la historia de la República Dominicana.

El caudillismo como práctica política

El gobierno de Lilís, que va desde el año 1877 hasta su muerte en 1899, se inició ejerciendo el poder como representante del Partido Azul, que había lidereado Gregorio Luperón, sin embargo implementó políticas que concordaban con lo que había hecho hasta ese momento el Partido Rojo.

Esta es una de las principales características de los sistemas políticos con el sello del caudillismo, no siguen las pautas que enmarcan a los gobiernos de corte liberal o conservador, más bien, las medidas se toman de acuerdo a la voluntad única del caudillo de turno, por lo que, como en el caso de Lilís, sería imposible establecer una marca ideológica para este periodo de gobierno.

Las medidas económicas que tomó la dictadura de Hereaux, marcaría el camino político de la República y tendrían principal influencia en lo que ocurriría en los primeros años del siglo XX.

Hereaux estableció un régimen personalista, entreguista y corrupto, que impidió el desarrollo de la inversión nacional y por lo tanto de la burguesía y el capitalismo, más bien, dedicó su gobierno a obtener empréstitos internacionales gravosos y a largo plazo, comprometiendo la soberanía nacional e impidiendo el desarrollo de los segmentos de clase que hubieran permitido el desarrollo del país.

Antes que eso, a raíz del magnicidio ejecutado por Jacobo de Lara, Ramón Cáceres y Horacio Vasquez, entre otros, el país se encontraba con un bajo desarrollo institucional y enormes dificultades económicas que provocarían un periodo de inestabilidad política que terminaría con la invasión de los Estados Unidos al territorio dominicano.

Los caudillos de principios de siglo

Nunca en nuestra historia republicana ha existido un periodo de mayor inestabilidad política que el ocurrido a la caída de Lilís en la ciudad de Moca.

El vacío de poder, en un país fragmentado, incomunicado y atrasado en cuanto a la construcción de estructuras que dieran sostén a un gobierno organizado, provocó una secuencia de presidentes que se sucedían dependiendo del número de combatientes que tenían sus ejércitos personales.

Una serie de gobiernos provisionales, constitucionales y, sobretodo, personales, fue que vivió la República en los primeros años del nuevo siglo.

Los primeros enfrentados fueron Wenceslao Alvarez, quien sucedió a Lilís, y diversos levantamientos militares, llamados eufemísticamente revoluciones, que se efectuaron en la línea noroeste.

Las elecciones que se efectuaron de forma indirecta dieron como resultado la presidencia de Juan Isidro Jiménez, quien fue enfrentado por su vicepresidente Horacio Vasquez, quien lo acusó de traidor.

Vasquez, se rebela militarmente contra el presidente en ejercicio y encabeza sus tropas para invadir la capital de la República, lo que provoca el huída de Jiménez y al intentar el primero organizar elecciones se produce entonces un golpe de estado de parte de Alejandro Woss y Gil.

Así sucesivamente se fueron cambiando los gobiernos dependiendo de la capacidad militar de los caudillos regionales, mientras el pago de la deuda en manos de los acreedores europeos y posteriormente norteamericanos, provocaba grandes presiones económicas sobre los diferentes gobiernos que se sucedían al frente de la República.

Las consecuencias del caudillismo

El personalismo, caudillismo e irresponsabilidad de la clase política de principios de siglo condujo al país a establecer acuerdos de pago con los tenedores de los bonos emitidos, sobretodo en la dictadura de Lilís, como la Convención Dominico Americana de 1907, los cuáles no pudieron ser cumplidos por la inestabilidad política del país y provocó que bajo el argumento cobrar la deuda los Estados Unidos invadieran el territorio nacional con la excusa de servir de garantes del pago de la deuda externa dominicana.

A partir de la invasión y con los invasores en nuestro territorio, se produjeron cambios importantes en la política dominicana al multiplicarse de modo importante las vías de comunicación en gran parte del territorio nacional, especialmente ente la ciudad de Santo Domingo, donde se encontraba la sede del gobierno y la región del cibao, donde se desarrollaba una importante economía agrícola con la consecuente creación de una clase de propietarios que comenzaron a delinear lo que sería posteriormente la génesis del capitalismo agrario en nuestro país.

También en 1924, al salir las tropas norteamericanas, dejaron constituido un ejército profesional, inexistente hasta ese entonces, sobre el cual se construyó el eje del poder político que gobernaría el país durante los próximos 30 años.

Lo cierto es, que desde el punto de vista ideológico, el último gobierno de Horacio Vasquez, estigmatizado por la maniobra de continuidad que hicieron sus seguidores con la justificación constitucional llamada ¨la continuación¨que abrió las puertas al descrédito de la clase política y a la solución de régimen de fuerza encabezado por el General Rafael Trujillo.

La semana próxima analizaremos el régimen de 30 años de Trujillo, desde el punto de vista ideológico, y su semejanza con los regímenes fascistas que se pusieron de moda en gran parte de Europa y algunos países de latinoamérica.

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