Opinión

Modelos pedagógicos, Docentes y Sociedad III

Los profesores que gustan del modelo conductista, trabajan para desarrollar actividades con el fin de socializar a las personas en el aula, con el objeto de que respondan a los propósitos esenciales de las políticas educativas. Esto ocurre en muchos casos, sin que el propio docente se percate de que está trabajando sobre objetivos esenciales del status quo. Los profesores que asumen el modelo cognitivo, trabajan todo lo relacionado al conocimiento, tanto en la parte mecánica de la administración de su práctica profesional, como en su parte dinámica.

El cognitivismo es el amasijo de informaciones acumuladas por los individuos, las que se encuentran disponibles gracias a los procesos de aprendizaje vividos a través de la experiencia. Se sabe que la corriente de la psicología que se encarga del ámbito de la cognición, es la psicología cognitiva. Esta rama de la psicología, analiza los procedimientos de la mente que tienen que ver con el conocimiento y lo hace, con la finalidad expresa de estudiar los mecanismos involucrados en la creación de conocimiento. Y se desarrolla, desde aquellos conocimientos denominados simples, hasta los más complejos, en la cadena de desarrollo de los individuos. Por ende, el desarrollo cognitivo se enfoca en los procedimientos intelectuales y puntualiza en las conductas que emanan de los procesos en que se adquieren y desarrollan los conocimientos. En este desarrollo es importante el empeño de los individuos por entender lo que sucede a su alrededor, produciéndose como una consecuencia del interés de los entes sociales por entender la realidad que le circunda, y éstos lo hacen, para buscar un mejor desempeño en la sociedad a la que han de servir durante su vida productiva. Es por esa razón, que se considera como un proceso de cambio consciente y vinculado a la capacidad natural, la que poseemos los seres humanos y utilizamos en nuestra praxis, para adaptarnos a nuestra realidad e integrarnos al ambiente. Ese ambiente se expresa, en el espacio donde nos encontramos desarrollando procesos.

La modalidad más frecuente de analizar los datos y de emplear los recursos cognitivos, es conocido como estilo cognitivo. Cabe destacar que esto no está vinculado a la inteligencia ni al coeficiente intelectual, sino que es un factor propio de la personalidad. Otro concepto relacionado, es el de prejuicio cognitivo, una distorsión que afecta al modo en que una persona capta lo real. A nivel general, se habla de distorsiones cognitivas cuando se advierten errores o fallos en el procesamiento de la información. La terapia cognitiva o terapia cognitiva-conductual, por último, es una forma de intervención de la psicoterapia que se centra en la reestructuración cognitiva, ya que considera que las distorsiones mencionadas anteriormente producen consecuencias negativas sobre las conductas y las emociones. Por qué es importante para un directivo, docente o técnico curricular lo que acabamos de decir, porque para Jean Piaget, La Gestal y sus creadores alemanes, así como para Eduard C. Tolman, sustentadores del modelo que estamos comentando; el razonamiento es una consecuencia del proceso en que la información arriba al sistema cognitivo, la que es procesada, causando reacciones diversas en los individuos.

El modelo humanista, Según algunos autores, nace para construir nueva imagen al mundo, en el momento en que se termina la Edad Media. El pensamiento humanistas, entonces interpreta las nuevas aspiraciones del género humano. Este pensamiento es impulsado por la decadencia de la filosofía escolástica, en donde la vida religiosa y la visión de una vida eterna son colocadas fuera del contexto científico, centrada en los procesos de construcción perenne de una cultura mística.

El humanismo vino a sustituir esa visión del mundo con la reflexión filosófica abundante en productos racionales, en la que primaba la idea del hombre como ser humano, verdadero e integral. Así, a partir del Renacimiento se instaura un nuevo pensamiento pedagógico, centrado en ideas y doctrinas de elevado sentido humanista, definiendo desde ese momento el carácter y el valor de la educación.

Ese carácter y valor de la educación, adquiere las cualidades de liberalismo, realismo e integridad. El liberalismo se coloca en la actitud de reconocer el valor de la persona del educando, y la califica, como la parte más significativa en su propia formación, es decir, que puede tomar la decisión de crecer y desarrollarse -autoformación- y compara a la formación, con la autenticidad del hombre, colocando formación y autenticidad individual en un mismo nivel. Esto significó un verdadero paso de avance. Un solo ejemplo bastaría para observar el nuevo paradigma, el hecho de que los castigos corporales fueran condenados por la escuela y la sociedad.

En cambio el realismo reconoció la naturaleza del educando, como punto de partida para su educación, enfatizando el ambiente donde se desenvuelve el individuo. El realismo también puntualizó acerca de la integridad, refriéndose a la amplitud de la educación y a la consideración del educando, no solamente como un ser que debe desarrollarse y crecer como persona, con derecho a cultivar las destrezas y habilidades enfatizadas en lo que tenga capacidad; observándolo como un Ser con Alma para cultivar, viendo en la persona, un verdadero conjunto de potencialidades, para ser cultivadas y desarrolladas en crecimiento particular para beneficio colectivo. En ese mismo orden, el paradigma interaccionista de administración se ve como una construcción analítica y praxiológica, que ha sido adoptada en la educación, desde la práctica de la gerencia empresarial en sentido general. La administración interaccionista, conocida también como la administración del conflicto, se origina en las teorías críticas de la tradición libertaria del conflicto en las ciencias sociales y en la pedagogía. Se manifiestan como los primeros intentos de formular perspectivas alternativas de organización y gestión educativa. Estos episodios estuvieron protagonizados por teóricos radicales de la tradición del conflicto en las ciencias sociales aplicadas, y vienen de procesos ligados al cuestionamiento de los fundamentos y supuestos positivistas, así como funcionalistas de la administración tradicional.

Los teóricos radicales conciben la administración interaccionista como antítesis de la administración funcionalista, enraizada en el consenso positivista. Se dedican a la argumentación sobre las perspectivas tradicionales de gestión, vistas como incapaces de ofrecer explicaciones suficientes y adecuadas sobre los fenómenos del poder, de la ideología, del cambio y de las contradicciones que caracterizan el sistema educativo en el contexto de la sociedad contemporánea.

Estos elementos sugieren un concepto político de sociedad y calidad de vida, según el cual los actores sociales se preocupan con los fenómenos del poder y del cambio, la emancipación humana y la transformación social. Los fundamentos iniciales de la administración interaccionista se hallan Es en la en la economía política de Marx donde se hallan las raíces fundamentales de la administración interaccionista. También la encontramos en el existencialismo de Kierkegaard y Sartre, entre otros. La administración interaccionista del conflicto, ubica su énfasis en la concientización y la interpretación crítica de la realidad, la busque de la emancipación humana y en la transformación estructural y cultural de la escuela y la sociedad.

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