Opinión

Cincuenta y cuatro años después (V)

Esta es la quinta columna que al cumplirse un nuevo Aniversario del Levantamiento Militar Constitucionalista de Abril de 1965, decidimos recordar, teniendo como punto de partida ese episodio de tanta transcendencia en la vida de nuestro pueblo; y tener una idea después de aquel esfuerzo, sacrificio y expresión de valentía que ofreció esta comunidad enclavada en la isla de Santo Domingo, a la que originalmente Cristóbal Colón llamó “La Española”. El autor ha relatado, desde cuándo procede la preocupación en nosotros por el deterioro, al parecer indetenible, de la educación en nuestro país; e hicimos del conocimiento público aquella inolvidable conversación sostenida con Rafael Trujillo Molina, cuando su desaparición física estaba sentenciada ya, porque muy joven, con apenas veinticuatro años de edad, y ejerciendo la profesión de abogado, saludamos los divorcios por “incompatibilidad de caracteres”, que pronunció el Juez Presidente de la Cámara Civil y Comercial del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional, José Antonio Tellado, desconociendo con esa responsable decisión la vigencia de “El Concordato”, que había firmado Trujillo con El Estado del Vaticano, en 1954.

No creemos que queden en nuestro país nadie, hombre o mujer, que puedan decirnos quien era Trujillo. Sin que sea un acto de engreimiento, arrogancia o alabanza personal, nuestra obra biográfica titulada: “Trujillo: Monarca sin Corona”, que entrará próximamente en su quinta edición, inspirada por nuestro padre Euclides Gutiérrez Abreu, deja establecido al criterio de muchas personas y de quienes la han elogiado, que el retrato biográfico que hicimos de este personaje esta ajustado a una rigurosa y honesta seriedad histórica. Por esas razones hemos querido dejar constancia de que aquello que advertimos a Trujillo, cuando nos distinguió al recibirnos allá, en su casa de Najayo, a la orilla del mar, en el transcurso de los años transcurridos se ha convertido en una dolorosa, vergonzosa y apabullante realidad.

El pueblo dominicano se ha convertido, dolorosamente tenemos que admitirlo, en una sociedad de ignorantes que provienen de todas sus capas sociales: desde la baja pequeña burguesía pobre, y muy pobre, como la definió Juan Bosch, atravesando por la pequeña burguesía urbana, en sus diferentes sectores y subiendo a la alta pequeña burguesía, profesional, técnica, comercial, magisterial, artística; para terminar allá en una burguesía comercial, agrícola, empresarial e industrial, que está separada a una distancia extraordinaria de lo que es en la realidad la nación dominicana. El desconocimiento absoluto, preocupante, de la historia de nuestro pueblo no permite cimentar y desarrollar un autentico, coherente, militante, aguerrido, sentimiento patriótico; y de esa situación incuestionable se están aprovechando de manera irrespetuosa, agresiva, mentirosa, los enemigos de la República, que nació a la vida pública fundada bajo la inspiración den Juan Pablo Duarte y sus compañeros de la sociedad “La Trinitaria”.

¡Alerta, en guardia, sin miedo, sin temor a nada, ni un paso atrás!, hagamos en el territorio nacional, lo que debemos hacer para preservar la integridad de esta nación, que ha sido respetada y admirada por el mundo entero, por la coherencia y lo justo de sus luchas frente a fuerzas extranjeras militares y a las maniobras de sabotaje, difamación, y mentiras que se ha puesto en ejecución para convertir a la isla de Santo Domingo, en un estado binacional, que borrará de la historia de Hispanoamérica y del mundo esta extraordinaria nación, “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

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