Opinión

Capitalismo inclusivo

Desde que estalló la crisis financiera internacional –que luego devino en económica- hemos puesto bajo cuestionamiento los cimientos mismos del capitalismo como lo conocemos. ¿Se puede hablar de un capitalismo inclusivo sustentado en la distribución equitativa de los ingresos?

¿Podemos aspirar a una sociedad capitalista que contemple la equidad intergeneracional? En la época en que vivimos resulta vital cuestionarnos sobre el uso indiscriminado de los recursos naturales que hoy sustenta el crecimiento económico mundial, poniendo en riegos los recursos necesarios para las generaciones futuras.

El problema que se plantean economistas, sociólogos y otros expertos es que existe una creciente exclusividad en el capitalismo, un culto al individualismo, a la satisfacción de intereses personales. Se ha roto el contrato social, lo que ha traído como consecuencia que a lo interno de cada país ha crecido la desigualdad social.

Mark Carney, Gobernador del Banco de Inglaterra, afirmaba el año pasado que “incluso la igualdad de oportunidades ha disminuido, lo que ha resultado en mayores brechas económicas y culturales”.

Carney ha puesto como ejemplo el declive de la movilidad social en los Estados Unidos y el hecho de que los programas de bienestar social no son sostenibles hacia el futuro inmediato, para ilustrar retos actuales que en crisis pasadas no se habían presentado.

El cuestionamiento es amplio y toca cada aspecto de la vida en sociedad. Desde el acceso a los servicios básicos como comida, agua, transporte y demás, hasta la gobernanza del sistema financiero, el crecimiento demográfico y el valor de los intangibles en el desarrollo económico.

Las fisuras que quedaron expuestas luego de la reciente crisis amenazan con destruir todo el progreso que hemos creado, lo que nos plantea el reto de crear un sistema capitalista más sostenible e inclusivo.

¿Cuál es el futuro del capitalismo? ¿Cómo mejorar este sistema? Como resalta un documento de Henry Jackson Initiative, un think tank sobre el tema, las sociedades capitalistas “son más sanas, ricas y tienen más libertad que todas las generaciones pasadas. Sus ciudadanos viven más, ganan más y son más educados que sus antecesores”.

Es el consenso mundial que no existe otro sistema económico que responda con igual eficiencia a las aspiraciones individuales y colectivas de los seres humanos, que el capitalismo. Entonces, para que sea mejor, lo que se impone es trabajar sobre sus fallas y perfeccionar sus atributos.

Abordar la tarea de construir capital social, combatir la pobreza y crear sociedades cohesionadas, requiere profundizar sobre la interdependencia que impera en el capitalismo actual, atender las reformas a los sistemas laborales y de seguridad social, reevaluar la relación entre educación y mercado laboral y prestar la debida atención a los recursos naturales.

Y no es que no nos hayamos hecho estos cuestionamientos antes. Cuando la crisis del petróleo del 1973, que marcó el fin de 30 años de bonanza económica, nos hicimos la pregunta. Igual ante la crisis de los tigres asiáticos y con la burbuja de internet.

Sin embargo, en la actualidad, asistimos a un esfuerzo global por “restaurar el capitalismo como motor de la prosperidad compartida”, concepto que el Banco Mundial ha adoptado para resaltar la necesidad de invertir en “oportunidades y beneficios” que propicien “más inclusión en el crecimiento económico y más integridad en el sistema financiero”, en el entendido de que un mercado más eficaz e inclusivo genera un futuro más promisorio para todos.

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