Opinión

Gomas quemadas, actos terroristas, conteo manual y unos mismos resultados

“La desesperación infunde valor al cobarde”- Thomas Fuller (1610-1661), clérigo y escritor británico.

El PRM y el conjunto de grupos que se hacen llamar partidos, han estado expresando sus dudas sobre la pulcritud y legalidad del proceso electoral. Somos de la opinión de que, no importa la dimensión, si son grandes o pequeños, si se trata de un ciudadano o de una familia, todos tienen el derecho de hacer sus reclamaciones y presentar ante las autoridades competentes evidencias sobre los pretendidos agujeros negros de las recién finalizadas elecciones.

En efecto, en el régimen constitucional de derechos civiles y políticos se establece que “toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, ideas y opiniones, por cualquier medio, sin que pueda establecerse censura previa”. Además, “…tiene derecho a la réplica y rectificación cuando se sienta lesionada por informaciones difundidas. Este derecho se ejercerá de conformidad con la ley”. Por tanto, si este derecho se ejerce de acuerdo con la ley, sin lesionar la paz pública o el orden público, respetando las decisiones emanadas libérrimamente de la soberanía popular, que reside en el pueblo dominicano, no hay problemas mayores.

Lamentablemente, esto no es lo que está pasando en el caso de las quejas, lloriqueos, críticas y pretensiones del PRM y los grupos que le acompañan en su peligrosa aventura. Lo peor, en sus presunciones aparecen apoyados coyunturalmente por formaciones de claras inclinaciones terroristas, a las cuales no les tiembla el pulso para lanzar bombas en lugares concurridos u hogares dormidos, disparar y enfrentar a los agentes del orden y hasta incendiar establecimientos públicos. Creíamos que escenas en las que hombres armados tirotean y lanzan bombas a la residencia del presidente de una junta municipal electoral o al vehículo de un senador de la República, estaban superadas por la fuerza de la madurez política, la razón, el respeto a la vida y el entendimiento de que las fronteras del sosiego familiar son inviolables.

La historia “revolucionaria” de estos grupos y sus supuestos afanes de reivindicaciones sociales, se reducen, en la mayoría de los casos, al aprovechamiento, para su propio provecho y protagonismo, de coyunturas políticas complicadas, estando conscientes de que, por las vías democráticas, son lisiados impedidos de avanzar hacia la aprobación popular masiva. Consecuentemente, los antecedentes del grupo de Hubieres y del llamado Frente Amplio de Lucha Popular (FALPO) añaden un ingrediente a los reclamos de los grupos opositores peligroso, desafiante, orientado a generar fisuras e inestabilidad en el orden democrático.

En este sentido, se evidencia la clara intención del PRM y sus eventuales aliados electorales y “extra-electorales”, de subvertir el orden establecido, atentar contra la paz pública y las propiedades, así como pretender aviesamente, yendo más allá de los límites que podrían ser considerados razonables, que el magno ejercicio democrático ya concluido de las elecciones en los tres niveles consabidos, sea repetido en su totalidad como una forma de prevenir y/o anular las “maniobras y actos fraudulentos” y otras presumidas irregularidades que atribuyen unilateralmente al partido de gobierno. El día 19 de mayo también avanzaron la solicitud a la Junta de que el conteo manual, en los tres niveles de elección, se acompañe de veedores de la sociedad civil y los medios de comunicación, “a fin de asegurar su credibilidad y mayor transparencia”. A pesar de que se les complace en casi todos sus requerimientos razonables, siguen en su peligroso empeño de alterar la paz pública y dañar la imagen del país a nivel internacional.

Uno de las conductas más repudiables por ser irreflexiva es la presencia del líder del PRD viejo o PRM en las juntas donde se verifican las mayores contradicciones y disputas, con el malsano interés de exacerbar los ánimos, provocar a las autoridades e inducir estrés adicional a los responsables de los escrutinios, todo lo cual puede terminar-y de hecho está terminando-en lamentables hechos de sangre que nadie en este país desea.
En efecto, una vez conocida la aplastante supremacía electoral del PLD y del Bloque Progresista, que resultó ser “una muerte muy claramente anunciada” por todas las encuestas serias que trabajan en el país, en una actitud netamente irresponsable, el flamante candidato presidencial del PRM sale diariamente a respaldar a sus candidatos en distintas demarcaciones, animándolos a utilizar cualquier medio con tal de hacer prevalecer “sus razones”.
En Pedro Brand, donde se verifica un alto grado de tensión inducida, llegó al colmo de acusar al presidente de la JCE, Roberto Rosario, de ser parcial en su calidad “de dirigente político del PLD”.

Nadie niega, ni siquiera la propia Junta, que unos tres días antes de las elecciones y en el curso de las mismas, se registraron serios inconvenientes con la instalación de los equipos electrónicos de conteo y que la demanda de última hora del conteo manual de parte de la oposición agudizó los tropiezos y dificultades del proceso. No obstante, de ahí a afirmar de manera categórica que los resultados publicados son irreales porque no se corresponden con las falsas expectativas de la oposición, y que son el producto de un fraude electoral de grandes dimensiones, maquinaciones electrónicas y compras de cédulas, es tratar de hacer extensivos los supuestos efectos de casos particulares de irregularidades, propiciadas en gran medida y activamente por la misma oposición, a casi el 62% de los votos válidos emitidos a favor del candidato presidencial del PLD (más de 2.8 millones de electores) y a cientos de miles de votos depositados a favor de sus candidatos en el nivel congresual y municipal.

Hicieron creer a sus seguidores que había un empate y que una segunda vuelta era inevitable. Quienes esperaban, por tanto, un empleo o alguna retribución o premio por su esfuerzo, hoy se sienten engañados, irritados y dispuestos “a tomar las armas”, ignorando que solo en las cabezas de sus altos dirigentes cupo la posibilidad de un triunfo. Este fue un fraude moral, un engaño, una estafa infame a los electores, una evidente falta de escrúpulos de quienes está acostumbrados a negociar con la política.

Parece irónico que esta descabellada actitud sea respaldada por pequeños “partidos” de la oposición cuya votación individual en el nivel presidencial, en ningún caso, alcanzó un 2%. Y es que, sin pretensiones de justificar fallos y desvíos en el proceso electoral, habituales en todos los eventos de este tipo conocidos desde el año 1962, cualquier formación política que de aproximadamente 6.8 millones de votantes hábiles inscritos en el padrón electoral logre una votación de 15 o 18 mil votos, debería estar haciéndose serias preguntas enmarcadas en otros contornos que no sea el del ya reiterativo “fraude electoral”. Especialmente, si se trata de partidos que tienen en la vida pública diez, veinte y hasta casi cuarenta años de actividad, sobreviviendo a la sombra de los grandes o dominantes. Muchos de ellos no podrían explicar sus sorprendentes victorias en el nivel municipal, sin hablar de fraude, de compra de votos al mejor postor.

Un caso particular es el de la Alianza País. En uno de sus recientes acostumbrados discursos, donde la corrupción, la malignidad del Gobierno, el parcialismo y la falta de la legitimidad de las autoridades electas y en funciones son un denominador común, su presidente felicita “a la ciudadanía que el pasado 15 de mayo, ejerció un voto de conciencia, concurriendo masivamente a sus colegios electorales, venciendo obstáculos y serias dificultades”. Para el señor candidato de este grupo, por un lado, la legitimidad consiste en 1.8% de los votos válidos emitidos en el nivel presidencial a su favor (resultado de una asistencia masiva, “venciendo obstáculos y dificultades”), lo que él llama “un voto de conciencia”; por otro, la ilegitimidad radica en los votos inconscientes de 2.8 millones de ciudadanos que representan aproximadamente 62% del total de votos presentados, además de más de 50% -en muchos casos más de 60%-alcanzado en la mayoría de los ayuntamientos y en el nivel congresual.

Si estos resultados no están en concordancia con el ordenamiento jurídico, es decir, son ilegítimos, entonces lo que procede es impugnarlos, hacer uso del derecho, y no estar incitando en las sombras a la realización de actos terroristas (lanzar bombas a una familia en plena madrugada eso es lo que es; tirotear el vehículo de un senador, donde pudo estar su familia, eso es lo que es; incendiar una Junta eso es lo que es; matar a cinco o seis militantes peledeístas o provocar incidentes para que personas inocentes mueran o resulten heridas, eso es lo que es), hacer presencia en las juntas para provocar actos violentos y trágicos y adoptar ridículas poses como defensores de todas las virtudes democráticas rodeados de panteras.

Abinader, lamentable líder, quien demostrara fehacientemente durante toda la campaña su incapacidad para articular un discurso coherente que resultara atractivo a los electores, tiene así un final lamentable: la de un provocador consumado o sedicioso sin causa que, ¡gracias a Dios!, no logró ni siquiera aproximarse a la posibilidad de dirigir los destinos de la República. Su actitud sigue siendo, en definitiva, la misma que durante la campaña, esto es, denostar al contrario, minimizarlo, elevar sus defectos al rango de llagas incurables y repetir y repetir que él representa la panacea de todas las calamidades, eso sí, acompañado de un séquito que protagonizó tres de los peores desastres de la historia republicana reciente (1978-86 y 2000-2004).

A este señor y a sus aliados, incluyendo la periferia que lo apoya sin legitimidad-urnas, se les aprobó el conteo manual en los tres niveles y ahora, en última instancia, bajo el humo del fuego de gomas abrasadas, establecimientos electorales quemados y gritos de familias llorando sus muertos innecesarios, también se les complace en reiniciar el conteo en presencia de su gente de confianza. Está claro que ya han introducido otro factor de lentitud en la entrega de los resultados finales que no cambiarán el balance que conocemos. Quizás su última alternativa, al darse cuenta que la voluntad del pueblo será la misma con su modalidad de conteo acompañado, sea solicitar contar los votos en soledad, ¡sin testigos de la Junta parcializada y sin los delegados de quienes le adversan! El fantasma de una victoria imposible, que atrapó las mentes de muchos de sus seguidores, seguirá torturándolos hasta el 2020.

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