Opinión

Duarte y la ética

Juan Pablo Duarte, nuestro padre de la patria, siempre mantuvo un comportamiento ético inmaculado. Vivió convencido de que a la actividad política debía llegarse para servir y nunca jamás para servirse.

Antes de que se cumpliera el primer mes de nuestra independencia nacional, hablamos del 22 de marzo, Duarte dio muestra de pulcritud, honestidad y transparencia, cuando, al ser encomendado por la Junta Central Gubernativa, en su condición de general de brigada, para que viajara a Baní y se pusiera en contacto con el general Pedro Santana a los fines de planificar y combatir al ejército haitiano que en esos momentos se encontraba en Azua.

El caso fue que Santana se negó a atacar a los haitianos. Duarte solicitó permiso para actuar solo pero la Junta se lo negó, obligándolo a volver a la ciudad de Santo Domingo. Como era obvio, Duarte regresó acompañado de sus tropas. Y lo primero que hizo fue entregarles a las autoridades $827.00 pesos que sobraron de los $1,000.00 que había recibido, puesto que tan solo gastó #173.00 pesos.

Ese respeto por los fondos públicos ha quedado registrado en nuestra historia como la primera rendición de cuentas, cuidadosamente detallada, realizada por un ciudadano dominicano.

Lamentablemente, en lugar de continuar esa conducta ética y transparente de Duarte, lo que han hecho algunos servidores públicos (entiéndase funcionarios bajos, medianos y altos), ha sido la fomentación del desorden y la corrupción dentro de la administración pública.

Lo correcto sería imitar siempre a Duarte. Defender nuestro patrimonio. Rechazar la corrupción administrativa. Y levantar por siempre la bandera de la ética y la transparencia.

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