Opinión

Corrupción y administración

Cuando una persona, sea este funcionario de cualquier nivel o simple servidor público, en el ejercicio de sus funciones, obtiene beneficios para su provecho particular, en detrimento de los fondos públicos, entiéndase del dinero perteneciente al Estado dominicano, estamos ante la presencia de un funcionario cuyo comportamiento es irritable, ofensivo e inapropiado; en otras palabras, estamos observando, simple y llanamente, a un corrupto.

Eso es correcto. Y nuestro deber, como dominicano sin importar las banderías políticas, es repudiar todo acto de corrupción; sin importar quién o quiénes lo realicen. Ello así, porque la corrupción le hace mucho daño a la democracia, desacredita al sistema de partidos y pone sobre la mesa, a la vista de todos, la poca falta de voluntad política que suele mostrar nuestra clase política dominada o dominante.

Más todavía, ella representa un obstáculo para llevar la pobreza al nivel que se debe; para desarrollar y hacer crecer nuestro país como se merece; para invertir mucho más en salud, educación, desarrollo vial, climático, bienestar social, deporte, cultura, etc.

Mientras el fenómeno de la corrupción continúe haciendo sus diabluras, causando estragos en nuestra sociedad y no caiga sobre dicho fenómeno todo el peso de la ley, la ciudadanía, con todo su derecho, continuará teniendo la percepción de que la mayoría de los funcionarios son puros corruptos y que nuestro país está atrapado en el fango de la jodida corrupción.

Es cierto, hay corruptos y corruptores, pero éstos representan una minoría dentro de la administración pública. Y, en honor a la verdad, el gobierno de Danilo Medina está enfrentando la corrupción. Sólo que no es fácil, no es fácil; recordemos que yerba mala no muere de la noche a la mañana.

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