Opinión

Voces de la calle, retrato de lo autentico

El X Festival Internacional de Cine Global 2017 presentó, dentro de su programación, un conjunto de películas dominicanas hechas recientemente, entre las cuales se destaca la opera prima del director Hans García, Voces de la Calle, la cual ha sorprendido gratamente a cuantos hemos tenido la oportunidad de visionarla.

¿Volver al tema de la música urbana y para qué? En este caso, la pantalla grande aún está en deuda con este tema. Los anteriores abordajes se habían quedado a medio camino entre los elogios a una forma de ver la música y el regodeo en las dificultades existenciales de esos ambientes.

El director parte del conocimiento de los terrenos barriales y de los ritmos que allí se consumen para adentrarse en las entrañas de lo vital-rítmico, sin detenerse en lo ya conocido, sin perderse en las crónicas rojas o en las historias de redención teñidas de fucsia. Hay que admitir su valentía para no caer en la tentación de los cantos de sirena del facilismo.

Voces de la Calle narra la historia de tres amigos residentes en un barrio marginado de la capital dominicana que sueñan con triunfar en la música urbana. Lucho, Víctor y Carlos se dan cuenta que para lograr sus metas no bastan el talento y las buenas intenciones. Lucho sigue un camino hasta conseguir el dinero necesario que los dirigirá hacia sus metas pero que los pondrá en peligro, tanto a ellos como al proyecto.

Hans García echa mano a un grupo de actores y figuras de esas sonoridades urbanas, logrando un maridaje dramático en los 90 minutos de duración del filme, que pasan volando merced a la fluidez con que se desenvuelve el relato. El pulso del director es clave para colocar cada elemento en su sitio, como hace con Henssy Pichardo y Pericles Mejía, en pequeños roles, por ejemplo.

De tiros, barrios y bits

Hacer del barrio un protagonista y no solo un espacio en el que conviven estos aspirantes a artistas, es una idea correcta que dota al filme de un tono documental que lo hace respirar realismo por los cuatro costados. A veces se tiende a estilizar tanto nuestras ciudades, haciéndolas parecer escenografías, que privamos al espectador de reconocer y reconocerse en los espacios urbanos.

Vladimir Acevedo construye un Lucho a imagen y semejanza de tantos jóvenes habitantes de los barrios marginados, con sus luces y sombras, moldeado por una realidad complicada que lo atosiga constantemente, colocándole trampas devoradoras. Acevedo logra mantener a flote su interpretación y al personaje.

Axel Mansilla y Deyvy De León, en los roles de Víctor y Carlos, retratan al muchacho inocente y al luchador. Ambos buscan construir sus sueños, pero se mueven entre un asfalto que quema y callejones que los amenazan. Viven entre narcos y estrecheces, con la música como único medio para salir del cerco social que les impone la sociedad.

Vicente Suriel, en el papel del narco Villalobos, logra dar una lección de cómo proyectar y dar realismo a la imagen del despiadado traficante y verdugo que ejecuta su labor de capataz sin la más mínima concesión a los sentimientos. Este es el verdadero hallazgo actoral de Voces de la Calle.

Sorprende la conocida Melymel en el rol de Angie, una “Mala” buscavidas y sin escrúpulos que ejerce su función de pareja del narco mayor sin el menor asomo de apego a él o a nadie. Ella solo es fiel a sus placeres, como el sexo, las cosas materiales y la llamada “buena vida”, que resulta que no es tal.

El manejo que hace Hans de este grupo de intérpretes de la música urbana, como El Alfa, Shelow Shaq, Musicólogo y otros, nos habla muy bien de sus habilidades directorales. Lograr sacar a estos artistas, -triunfadores en la vida real-, de su zona de confort, colocándolos en el campo de la actuación con todo el rigor y disciplina que esto implica y sin que se salgan de control, una proeza que muchos realizadores no han podido lograr.

Y la voz se hizo imagen

Uno de los puntos luminosos de esta película es la fotografía de Jaime Gómez, quien sin efectismos disecciona los ambientes y personajes con los escuadres precisos. Jaime pinta con luz, se mueve y posiciona en cada ángulo posible para concretar así lo que entendemos que es una de las mejores direcciones de fotografía de los últimos tiempos.

La sabiduría sónica de Franklin Hernández ya es legendaria y logra en Voces de la Calle un trabajo sin huecos, algo muy necesario para una película basada en lo musical, con un oído atento a esa identidad barrial y popular que deja con pocos espacios de silencio y mucha baraúnda permanente, santo y seña de identidad de la cultura dominicana.

El fluir narrativo se logra por la interacción de una mano firme en la dirección de Hans García, quien timonea Voces de la Calle con un guion sin cabos sueltos de Emilio Pérez. La edición fluida de Rocío Gattinoni y la música de Carlos Alberto Rivas -el Maestro-, se unen muy orgánicamente a lo anterior y esto se nota en el resultado final.

Hans logra que la película sea algo más que una sucesión de números musicales o que se convierta en un mal remedo de telenovela rosa con la consabida carga lacrimógena. Esta obra es el retrato de una realidad, sin retocar de las formas de vida de las clases sociales bajas y de las aspiraciones de sus sectores más jóvenes.

Voces de la Calle se sumerge en los ambientes barriales, en la música urbana, el narcotráfico y en los sueños de progreso de tres individuos, mostrándole a los espectadores la otra cara, esa que a los noticieros sensacionalistas no les interesa. El realizador Hans García ha cruzado por esas realidades, las ha ficcionado y dotado de voz para llamarnos la atencion.

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