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Peloteros ​nuestros ​lo dan todo en el terreno​: Juegan por la raza y el orgullo

El corazón de la dominicanidad vibra hoy al compás de un conjunto de 28 hombres que son una representación legítima de lo mejor de la juventud de nuestro pueblo.

Está claro que la dominicanidad es más que una nacionalidad, más que un gentilicio. Es un sentimiento, es una identidad forjada por la identificación con un terruño y con la forma de ser de nuestra gente.

Es significativo que el Clásico Mundial de Béisbol partiera desde su inicio del propio interés de los peloteros por jugar en defensa de su Bandera y no por intereses pecuniarios.

Fue un acierto de las Grandes Ligas, entidad que lo organiza, y es por ello, que a medida que el Clásico Mundial de Béisbol se consolida y se expande, se convierte asimismo en un asunto de “orgullo”.

Por eso no procede atacar a los peloteros que deciden no jugar el Clásico, ya que el patriotismo, el compromiso con lo nuestro, no puede ser impuesto.

Los valores deben ser sembrados en la familia, en la sociedad, en la escuela.

​E​se​ es el tipo de formación que reflejan Starling Marte y Gregory Polanco, este último hijo de un oficial de la Policía dominicana.

Igual muchachos como Jonathan Villar, Hansel Robles, Alberto Rosario, Fernando Abad, Alex Colomé, Edison Volquez, Carlos Martínez, con un entusiasmó solo comparable a cuando jugaban en sus ligas amateurs de origen.

Héctor Neris, Wellington Castillo, Willy Peralta, Jumbo Díaz, Enny Romero, César Valdez, Samuel Deduno, Jeurys Familia, Carlos Santana, están también ahí con todos sus grandes talentos.

Y lo del sanjuanero Jean Segura​, proverbial es su aptitud, a pesar de su anhelo de integrar el Equipo Nacional fue dejado fuera en un primer momento para su decepción, pero respondió sin vacilación al llamado de Moisés Alou, el gerente general, ante la salida de Hanley Ramírez.

También es significativo el gesto de ​atletas como Manny Machado, tal vez el player más cotizado de todo el Clásico Mundial; de Delín Betances y de Mel Rojas. Todos nacidos en territorio estadounidense, pero que no dudaron en sacar la cara por la Bandera Tricolor.

Insisto, la dominicanidad es un sentimiento. Ellos, como la prometedora estrella de la NBA, Karl Anthony Town, camino a ser un superastro, son de los muchachos neoyorquinos que uno encuentra en los restaurants de Manhattan, que comen arroz y habichuelas como cualquier dominicano.

Mención especial también para el antesalista Adrián Beltré, premier de su posición y futuro miembro del Salón de la Fama de Cooperstown, quien está allí con su actitud ejemplar.

Beltré, al igual que el inmenso Pedro Martínez, saben manejarse como Superestrellas dentro y fuera del terreno.

La formación que despliega Beltré es de tal envergadura, que resulta difícil escucharle hablar sobre sí mismo y de sus metas individuales.

Robinson Canó, José Bautista y Nelson Cruz, tres ciudadanos de excepción, con niveles de formación muy por encima del promedio.

Ellos desarrollan proyectos educativos, tanto en Estados Unidos como en el país, para impulsar la formación profesional de jóvenes faltos de oportunidades.

Fernando Rodney y José Reyes, con su alegría contagiosa y apego innegable a la causa, sí que exaltan la dominicanidad.

Junto a la güira y la tambora que repican los fanáticos, Rodney elevó a los altares al humilde plátano, en tanto símbolo de nuestra idiosincrasia.

Definitivamente, una eventual celebración vendrá amenizada por el ritmo merenguero y matizada por el sabor y el aroma del mangú con salami.

Nada qué decir del dirigente Tony Peña, más que poner de manifiesto su condición patriótica a toda prueba, lo mismo que su indiscutible liderazgo entre la plantilla.

Tony Peña adelanta que a pesar de la calidad del conjunto, les ha inculcado a sus pupilos que “somos el peor equipo” de todo el Clásico, para motivar su actitud competitiva.

Sin embargo, el dirigente Peña resalta que esos muchachos “están todos dispuestos a dejar el pellejo en el terreno de juego”.

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