Opinión

Almagro nos engañó

Luis Almagro es un político uruguayo que pertenece o pertenecía (él que aclare) al Frente Amplio y fue canciller en el gobierno del presidente Mujica.

Su cercanía al presidente Mujica y su propuesta de renovar la OEA y de adaptarla a la nueva realidad, fueron decisivas para que 33 de los 34 países miembros de esta entidad le eligieran, en marzo del 2015, como su nuevo Secretario General.

Tras su elección Almagro dijo lo siguiente “No me interesa ser el administrador de la crisis de la OEA, sino el facilitador de su renovación”, es decir, que el propio Almagro estaba consciente de que la entidad estaba en crisis y que su credibilidad estaba por el suelo.

Hoy, a escasos días de que su elección cumpliera dos años, vemos como la OEA está en una situación peor que como el político uruguayo la encontró.

Y decimos esto porque Almagro, al parecer, solo ha tenido tiempo y fuerzas para fastidiar y minar el diálogo entre el gobierno legítimo de Venezuela (electo por un 50.61% de los venezolanos) y la oposición. Tanto así, que mientras UNASUR y el Vaticano hacían esfuerzos porque las partes llegaran a un entendimiento, éste, con declaraciones malsanas, intentaba neutralizar o destruir los avances a los cuales llegaba esta comisión.

Muchos hemos extrañado una declaración o una intervención del Almagro en contra de la situación de Brasil o en defensa al derecho de la protesta pacífica en Argentina, el cual, ha intentado ser cercenado con la encarcelación de la activista social y diputada del Parlasur, Milagros Sala.

Pero también, hubiésemos querido ver un acompañamiento protagónico de Almagro y su OEA, en la crisis política que hasta hace poco vivía Haití o exigiendo a la comunidad internacional ayuda para los ciudadanos de este país que, en la mayoría de los casos, no tienen cubierta las necesidades básicas y por tanto, se les vulneran sus derechos como seres humanos.

En fin, a dos años de su elección, luego de prometernos y decirnos que era “…un convencido de que el tiempo de una OEA discursiva, burocrática, alejada de las preocupaciones de los pueblos, anclada en los paradigmas del pasado, está definitivamente dando un paso a una OEA del siglo XXI”, tenemos derecho a sentirnos engañados y a pensar que lamentablemente, como dijera el presidente de la COPPPAL en días pasados, la OEA es un órgano que cumplió su ciclo histórico, por lo cual Almagro y lo que él representa es un residuo del pasado.

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