Opinión

Duarte y Santana

La batalla del 19 de marzo, desde el punto de vista militar, en donde tropas dominicanas, lideradas por el general Pedro Santana, se enfrentaron a sangre y fuego con las tropas comandadas por el presidente haitiano Charles Hérard, constituye uno de los acontecimientos más importante que registra nuestra historia en su larga lucha por la liberación nacional.

Que eso no está en discusión. Sólo que después del triunfo, inexplicablemente, Santana se retiró con su tropa a Baní. Entonces la Junta Central Gubernativa envió al patricio Juan Pablo Duarte para que ambos coordinaran y ejecutaran un plan que impidiese el reagrupamiento y el avance de los haitianos. Pero sucedió que Santana, de manera radical, se negó atacar a los haitianos en compañía de Duarte. Sucesos posteriores se encargarían de explicar tan sorpresiva conducta de Santana.

Ahora bien, desde una perspectiva puramente política, días después del victorioso triunfo, dos inequívocas intenciones quedaron evidenciadas: la primera, hacia donde realmente el general Pedro Santana y la mayoría de los miembros de la Junta deseaban conducir los destinos de nuestra naciente República; y la segunda, dato que posiblemente en aquel entonces no fue de fácil apreciación por los historiadores, fue el inicio de una lucha entre los liberales (trinitarios) y los conservadores (afrancesados). Es decir, entre la naciente pequeña burguesía dominicana y los hateros que ya estaban en camino de desaparición.

Punto este que termina echando por el suelo la tesis de las supuestas contradicciones personales que existían entre Duarte y Santana. En realidad, nunca hubo tal cosa, las contradicciones siempre fueron de carácter política; nada más.

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