Hablan los hechos

El PLD, única garantía de desarrolllo económico, político y social

“Hay hombres que luchan un día y son buenos: Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles” Bertolt Brecht.

De tanto repetirse, la frase del célebre dramaturgo alemán, creador del “teatro épico o dialectico”, ha devenido en casi un cliché en los ámbitos revolucionarios, pero no deja de ser una verdad indiscutible.

Por ejemplo, el Partido de la Liberación Dominicana, creado por Juan Bosch como respuesta dialéctica al atraso del sistema político dominicano, cuya construcción responde a la suma del trabajo de miles de hombres y mujeres que han militado en sus filas desde su fundación en 1973.

El PLD, es la organización política más exitosa en la etapa contemporánea de nuestra historia, tanto desde el punto de vista de las transformaciones que ha propiciado en la sociedad dominicana, como en el objetivo de alcanzar y mantener el poder mediante procesos democráticos.

No obstante que en sus más de 43 años de trayectoria, el PLD acumula los esfuerzos de cada uno de sus militantes, los méritos mayores corresponden a quienes han persistido y perseverado en levantar sus principios y estandarte, aun en los tiempos difíciles.

Las desviaciones, vicios, deserciones y traiciones a la sagrada causa del partido, así como los errores tácticos, algunas veces costosos, otras provechosos, como experiencia tras ser corregido el rumbo sobre la base de que la actividad política es un producto de la sociedad, y sus manifestaciones son acorde con aquello que la produce.

La lucha por el ascenso social

Juan Bosch, fundador, ideólogo y líder histórico de nuestro partido, analizaba para marzo de 1991, el afán imperante entre una gran cantidad de militantes y dirigentes en ser elegidos como parte de los 55 puestos que para entonces integrarían el Comité Central, máximo organismo de dirección.

Resultaba que a pesar del colosal fraude electoral contra el PLD, que impidió el ascenso de nuestro partido al mando del gobierno, obtuvimos en las elecciones de 1990, 12 senadores, 44 diputaciones, 34 sindicaturas y un alto número de regidurías.

Tal posicionamiento, conllevaba una cantidad significativa de empleos, y los miembros del partido notaban que los mejores puestos y salarios beneficiaban a los que ocupaban posiciones más altas en los organismos.

Fue por ello que para integrar el Quinto Comité Central del PLD, se presentaron 479 aspirantes para los 55 puestos disponibles, y ante la lucha interna desatada, Juan Bosch, en la clausura del Congreso, en Santiago de los Caballeros, presentó de viva voz, no por escrito, su renuncia a la presidencia del partido.

Tras esa acción, efectuada el 10 de marzo de 1991, Bosch generó una gran reacción de todos los organismos del PLD, tanto a nivel nacional como en las distintas seccionales, cuyos dirigentes pedían su retorno y la renuncia a su vez de los miembros del Comité Central elegidos democráticamente en el Congreso clausurado.

En un discurso el 20 de marzo de 1991, Don Juan reconoció que buscar ascenso social y económico no es un delito ni un invento de las personas, sino una necesidad producto del orden social que presenta como modelo de éxito a aquel que ha llegado más alto económicamente.

Mientras que en el orden partidario, se destacan los que ocupan las posiciones más elevadas, en el caso del PLD, el Comité Central, señalaba Bosch.

Sin embargo, al retirar su renuncia, ante el reclamo de las bases, Juan Bosch lo condicionó a que cada uno de los peledeístas se comprometiera con él a rescatar y hacer cumplir los principios de la organización.

Resaltaba el compañero Bosch que tales principios hacían del PLD la más extraordinaria entidad política conocida en toda la historia del país y ese gesto aseguró la unidad interna y a la postre resultó fundamental para que cinco años después alcanzáramos por primera vez el control del gobierno mediante el triunfo en las elecciones de 1996.

Conservadurismo y partidos

Durante décadas, Juan Bosch, el gran educador político en la sociedad dominicana, explicaba sobre la carencia de una clase dominante en la realidad económica, social y política del país.

Es decir, que el Capitalismo Tardío en República Dominicana, es producto del atraso de España, colonizador de nuestra tierra, una nación donde la etapa feudal persistió, mientras se desarrollaba la Revolución industrial en los países más adelantados de Europa.

Asimismo, en el orden político estructural, las fuerzas conservadoras no han desarrollado un proyecto político verdaderamente articulado y estructurado en la sociedad dominicana.

Tanto el Partido Dominicano, andamiaje político del tirano Rafael Leónidas Trujillo, como el Partido Reformista, del heredero de las fuerzas que le sustentaban, Joaquín Balaguer, estaban estructurados en el aparato del Estado.

Es por ello, que esas estructuras políticas no pudieron sostenerse más allá de la existencia de sus jefes políticos, como reales opciones de poder.

Ante la realidad de que domina un escenario sin contraposición, un partido de extracción liberal como el PLD, tiene el reto de prevalecer como favor de cambio y no ser un ariete de las corrientes ultraconservadoras flotantes.

Empresarios políticos, Políticos empresarios

América Latina, incluyendo la República Dominicana, ha visto surgir como productos electorales a sujetos perfilados como empresarios que incursionan en la política en tanto “gerentes eficientes”.

Bajo esa premisa, un empresario se convierte en político “porque sabe administrar” y por tanto podría llevar ese éxito a la gestión del Estado.

Sin embargo, no ha sido en el caso de naciones con tanto foco como Brasil y Argentina, mientras que Guillermo Lasso, responsable del corral financiero y la quiebra de numerosos bancos durante el gobierno de Jamil Mahuad en Ecuador, 1994, saca la cabeza como candidato presidencial.

Y es que una característica muy común entre algunos empresario que actúan en política es su indolencia y falta de sensibilidad hacia los grupos sociales carenciados.

Se recuerda la funesta participación de Lasso como ministro de Economía de Mahuad en Ecuador, cuando congeló ahorros de los ecuatorianos por mil 840 millones de dólares bajo la promesa de devolverlos al año en certificados de depósitos reprogramados.

Resultó que los ahorristas vendieron esos certificados a los pocos bancos solventes que quedaban por la mitad de su valor y luego éstos cobraron el cien por ciento sin retribuir nada a la economía real de ese país.

Con relación a los políticos que a su vez se transforman en empresarios, observamos que asumen el mismo comportamiento que los hombres y mujeres de negocios que vienen a la política.

Un ejemplo, que se replica en todos nuestros países, es el del peruano Alejandro Toledo, quien como gobernante se plegó a todas las directrices y fórmulas de los organismos financieros internacionales.

La democracia asegura la unidad y equidad

Solo una organización con la estructura, la mística y los métodos de trabajo boschistas puede asegurar a su militancia la posibilidad de un amplio desarrollo político con todo lo que ello implica en una sociedad como la nuestra.

Para un joven de ascendencia humilde de un barrio, o de una comunidad del interior, sería poco mas que imposible descollar únicamente sobre la base de su talento y compromiso partidario, fuera del PLD.

Los ejemplos abundan en las filas moradas, pero bastaría con mencionar a Leonel Fernández y a Danilo Medina. Nadie los imaginaría en el solio presidencial proveniente de Villa Juana y Arroyo Cano. Hay quienes no se lo perdonan.

El ex y el actual presidente de la República son el resultado de la democracia interna, del centralismo democrático y la unificación de criterios en que se basa la toma de decisiones en la organización de líderes formado por Bosch.

Para completar la obra de los fundadores de la nación, los peledeístas estamos obligados a enaltecer su legado: servir al partido para servir al pueblo.

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