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EE.UU. – China: ¿Es posible un nuevo rumbo?

El reciente encuentro entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump y su homólogo de China, Xi Jinping, concluyó con expresiones de buena voluntad y el compromiso de analizar próximamente el importante intercambio comercial.

La cita no tuvo muchos acuerdos o grandes anuncios, pero eso no debe resultar sorprendente si se tiene en cuenta que antes de la reunión celebrada los días 6 y 7 de abril en Florida, la administración norteamericana adelantó que el propósito de los líderes era conocerse mejor y se crearan las bases de un nuevo rumbo en las relaciones bilaterales.

Así lo señaló la secretaria adjunta de Estado para Asuntos de Asia Oriental, Susan Thornton, quien en una conferencia con medios extranjeros en la que participó Orbe subrayó que el hecho de celebrar la cumbre en la residencia Mar-a-Lago contribuiría a abordar asuntos serios en un ambiente más informal.

Durante la reunión en la llamada la Casa Blanca de Invierno, ambas partes expresaron sus intenciones de mejorar la alianza entre sus respectivos países.

“Llegamos a muchos entendimientos comunes, el más importante es profundizar nuestra amistad y construir una especie de confianza”, manifestó Xi en declaraciones a la prensa junto a su par anfitrión.

A juicio del jefe de Estado visitante, los dos se esforzarán en asumir la gran responsabilidad de promover el desarrollo de las relaciones chino-estadounidenses y crear prosperidad para sus pueblos.

Por su parte, Trump manifestó que durante el encuentro se trataron asuntos vitales enfocados en los intereses de Estados Unidos y llamó a fortalecer las alianzas internacionales y a asegurar que estos compromisos produzcan resultados reales para beneficio de todos.

El desenlace más notable del encuentro, más allá del anuncio de que el mandatario estadounidense visitará China este año, radica en que las partes convinieron un plan de 100 días para abordar sus diferencias en temas económicos, lo que fue calificado por el secretario norteamericano de Comercio, Wilbur Ross, como un cambio muy grande en el ritmo de las discusiones.

De acuerdo con el titular, por medio de ese mecanismo se buscará el impulso a las exportaciones estadounidenses y la reducción del déficit comercial de Washington con Beijing, criticado reiteradamente por Trump desde su etapa como candidato presidencial republicano.

Aunque la esperada reunión entre los líderes de las mayores economías del mundo tenía todos los ingredientes para convertirse en la noticia de la semana e, incluso, del mes, al término de la primera jornada se conoció que el ocupante de la Casa Blanca autorizó atacar con misiles una base aérea siria.

Ese hecho, que fue rechazado por China, dirigió la atención hacia lo sucedido en la nación árabe y llevó a varios medios a considerar que el encuentro bilateral había sido eclipsado, pero no impidió que las partes consideraran la reunión positiva y fructífera.

Al día siguiente, en su plataforma habitual de Twitter, el mandatario estadounidense manifestó que fue un gran honor recibir como invitados al mandatario chino y su esposa, Peng Liyuan, y que a raíz del diálogo se formó una tremenda voluntad y amistad.

Sin embargo, los interlocutores también reconocieron las diferencias existentes entre ambas naciones, que aún tienen muchos asuntos por resolver. Quizás por eso Trump afirmó que, en el caso del futuro del comercio, “solo el tiempo dirá”.

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