Opinión

Carta abierta a mis compañeros del PLD

Apreciados compañeros y compañeras dirigentes, miembros y simpatizantes del Partido de la Liberación Dominicana. Durante la celebración del VIII Congreso Norge Botello, a mediados del año 2013, señalamos públicamente lo que a nuestro juicio eran las cinco cosas que el PLD nunca debió haber cambiado al asumir, desde el año 2001, el proceso de apertura y transformación de su estructura orgánica.

Estas cinco cosas que nunca debieron haber sido cambiadas son las siguientes: 1) Lo colectivo-orgánico por lo individual-grupal; 2) El centralismo democrático por el centralismo burocrático; 3) La educación política por el clientelismo político; 4) La unificación de criterios por la negociación de intereses; y 5) La autocrítica por la autocomplacencia. Podríamos sostener una larga conversación sobre cada uno de los temas señalados y evaluar el costo-beneficio que durante los últimos años ha significado para el PLD ese proceso de mutación conductual. Sin embargo, por ahora solo queremos referirnos al quinto tema de la lista, porque éste podría ser el origen y la cura de todos los males. Me refiero al cambio de la autocrítica por la autocomplacencia.

El PLD nació, creció y se hizo fuerte bajo un credo político de principios éticos y morales innegociables. Uno de esos principios se fundamentaba precisamente en el método de la crítica y la autocrítica. La conducta individual, lo mismo que la ejecución de toda tarea política, desde la más elemental hasta la más compleja, debía ser sometida al riguroso método de la crítica y la autocrítica.

Aquellos compañeros que se mostraban renuentes o poco dispuestos a reconocer con humildad sus propias faltas, recibían entonces de parte de sus camaradas el aguijoneo de la crítica, objetiva y directa, pero siempre sana y constructiva.

Lo que ha ocurrido en los últimos 15 años es que hemos logrado demasiado éxito en el ejercicio del poder político, mucho poder recibido y refrendado sucesivamente por votación popular, hasta el punto de inducirnos a trastocar el sano método de la autocrítica por el vicio pernicioso de la autocomplacencia.

Nos olvidamos de que todo poder delegado entraña una obligación con el delegatario y que cuanto más poder recibimos del pueblo mayor es la deuda contraída con el pueblo. Nadie puede decir que no hayamos pagado bien.

Nuestra obra de gobierno de casi 20 años ha sido realmente grandiosa y paradigmática; y aún así tuvimos que hablar de “corregir lo que está mal y hacer lo que nunca se ha hecho”; pero en cuanto al PLD, parecería que como partido no tenemos nada que mejorar, nada que cambiar; todo lo hemos hecho muy bien y no aceptamos que nadie nos señale ninguna falta, ninguna falla, ningún error… ¡Oh vanidad! sepulturera de todas las virtudes humanas.

Lo cierto es que cuando el trono del éxito va agotando las reservas de humildad, comienza por considerar innecesaria la autocrítica y termina considerándose inmune a todo género de crítica. Esto es lo que ha ocurrido con el PLD y esto es lo primero que hay que cambiar, porque simple y sencillamente…está mal y es, por demás, fuente de todo mal.

Me permito, con el debido respeto y la mejor intención, hacer un llamado a mis compañeros y compañeras de 20 años y más de militancia en el partido, y también a los más jóvenes, los que tuvieron que beber de una fuente ya contaminada, para que nos armemos de toda la humildad necesaria y podamos reconocer nuestros errores, reprender las inconductas y excesos de los aprovechados y licenciosos; y regresar al camino bueno, el camino que nos enseñó con su conducta como ciudadano y como presidente el maestro y líder histórico de nuestro partido, profesor Juan Bosch; el hombre que siempre nos hará recordar aquel lejano mensaje que debimos haber escrito sobre los muros de la casa nacional: “Mi antiguo maestro hace de la virtud, de la integridad y del valor sus prioridades en la vida cotidiana. Puede conseguirse su amistad, pero no puede ser apartado; es fácil de acercar, pero no puede ser presionado; puede ser asesinado, pero no avergonzado…”.

Fraternalmente, en el nombre de Bosch, Joaquín Gerónimo.

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