Hablan los hechos

El retorno a la economía armamentista

Con el lanzamiento del mayor artefacto no nuclear, por parte de EE.UU sobre instalaciones terroristas en Afganistán, del explosivo conocido como “la madre de todas las bombas”, el anuncio de Rusia de que ha fabricado la bomba de vacío más potente del mundo, equiparable al de una bomba nuclear, denominada por los científicos como el “padre de todas las bombas” y la advertencia amenazante de Corea del Norte de que esta lista para explotar una serie de nuevos misiles, el mundo está ante la presencia de un retorno a la economía armamentista. Las evidencias empíricas demuestran que el armamentismo ha sido un mal consejero ya que el incremento desproporcionado de los gastos en material bélico, destruyen las finanzas de los Estados involucrados.

Las evidencias empíricas demuestran que el armamentismo ha sido un mal consejero ya que el incremento desproporcionado de los gastos en material bélico, destruyen las finanzas de los Estados involucrados.

Es importante resaltar que cuando se habla de economía armamentista, o de guerra, se hace referencia a las potenciales convulsiones de violencias, derivados de los conflictos armados, en el cual se prioriza la producción de material bélicos, sin importar las consecuencias del uso de los mismos. Es así como se considera los bienes bélicos igual como los demás que sustentan el funcionamiento de las actividades económicas indispensables para un país, sin importar que esto pueda desincentivar el consumo y la producción de alimentos.

Peor aún, las grandes potencias económicas en la actualidad están colocando en primer plano de su agenda los gastos en armamentismo frente al gasto social, descuidando la salud, la educación, la cooperación internacional y el combate a la pobreza. En adición, sabemos que los resultados de la guerra han sido desastrosos para los países involucrados ya que las guerras se pagan con sangre e impuestos, al tiempo que al gran número de muertos y mutilados hay que añadirle la destrucción de muchas ciudades y pueblos donde se desarrollan.

Llama poderosamente la atención que en la actualidad la economía mundial se enfrenta a una incierta recuperación económica que tiene en el nivel de desempleo, los déficits fiscales y el nivel de la deuda pública las principales amenazas para su materialización, el cual genera incertidumbre sobre el futuro inmediato. Sin embargo, en ese contexto, los crecientes gastos en armamentos refuerzan la tendencia al estancamiento de la economía en la misma medida en que las condiciones que los llevaron a jugar un papel anti cíclico a corto plazo han desaparecido casi completamente, situación en la que aparecen las amenazas y ejecución de estallidos de bombas de alto poder destructiva.

Las grandes potencias económicas en la actualidad están colocando en primer plano de su agenda los gastos en armamentismo frente al gasto social, descuidando la salud, la educación, la cooperación internacional y el combate a la pobreza.

En términos de su incidencia en la economía, los gastos militares han representado una fuerte erogación para los principales contendientes desde la guerra fría, tanto para EE.UU, como para la Unión Soviética. En efecto, la tendencia al crecimiento del gasto militar total en el mundo alcanzó 1 millón de millones 531 mil millones de dólares en el 2009 medido a precios constantes del 2008, lo que representaba un gasto de 224 dólares por habitante del planeta y el 2,7% del PIB mundial, cifras que expresan un incremento del 49% en relación al año 2000, pero en términos per cápita aumentaron un 88,2%.

Por igual, los gastos militares del 2009 en más de un 82% se concentraron en 15 países y en 5 de ellos, EE. UU, China, Gran Bretaña, Francia y Rusia, se gastaron la temible suma de 937 mil millones de dólares, el 61,2% del total mundial. En términos de gasto en dólares por habitante, las mayores erogaciones se producen en Estados Unidos con US$ 2,100, Arabia Saudita, 1,603 y Francia 1,026.

Contrario a lo que pudiera suponerse, la producción de armamento nuclear no se detuvo con el fin del enfrentamiento entre las dos superpotencias. De tal modo que, en el 2009, existían 22,600 cabezas nucleares en los arsenales del mundo y entre ellas Estados Unidos poseía 9,600 y Rusia 12,000 encabezando la lista que incluye a Gran Bretaña, Francia, China, India, Pakistán, Israel y la Republica Democrática de Corea.

Una retrospectiva de la historia reciente nos recuerda que en la etapa de la guerra fría, los EE.UU invirtieron en gastos militares alrededor de 10 billones de dólares a precios constantes de 1992. Pero luego de concluida la etapa de la guerra fría, en 1990, los gastos militares de EE.UU medidos a precios constantes, alcanzaron 461,2 mil millones de dólares, un 5,2% del PIB y 10 años después se habían reducido a 361,3 mil millones un 3% del PIB.

En relación a las grandes potencias, se calcula que estos destinaron la astronómica suma de US$1,676 billones de dólares que fue el total del gasto militar de los países del mundo en el 2015, esto es, 2,3% del PIB mundial

En relación a las grandes potencias, se calcula que estos destinaron la astronómica suma de US$1,676 billones de dólares que fue el total del gasto militar de los países del mundo en el 2015, esto es, 2,3% del PIB mundial, según reveló el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, SIPRI. Por tanto, el gasto militar mundial volvió a repuntar para el año 2015, hasta aproximarse a los 1,7 billones de dólares, lo que supone un aumento del 1 por ciento en términos reales desde 2014, lo que permite llegar a la conclusión que el mundo está retornando a la economía armamentista, o una nueva modalidad de hacer la guerra fría.

Tal afirmación encuentra mayor sustentación si se observa que entre los países con mayor gasto armamentista, China aumentó sus partidas en un 7,4%, hasta los 215.000 millones de dólares, Arabia Saudí las incrementó en un 5,7%, hasta los 87.200 millones de dólares, situándose como el tercer país con mayor gasto, y Rusia incrementó el gasto militar en un 7,5 por ciento, hasta los 66.400 millones de dólares. En adición, EE.UU y Rusia controlan el 59% de la producción y las ventas de armas en el mundo y superan al resto de países en armamento nuclear.

En definitiva el razonamiento económico permite concluir que los gastos de defensa, de acuerdo a las evidencias disponibles, en términos de costo oportunidad, tienen un impacto negativo sobre la tasa de crecimiento económico, reduciendo el ahorro interno y la inversión, así como el déficit fiscal, contrae el gasto social y crea presiones hacia el déficit en la balanza comercial y de la balanza de pagos.

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