Hablan los hechos

Extremismo reduce oposición

La radicalización de las expresiones políticas de oposición es una tendencia que se da de un tiempo a esta parte en algunos países, específicamente, en naciones de América Latina.

Venezuela es el ejemplo más fehaciente de este laborantismo, ya que más que intentar que la reorientación del rumbo, lo que busca la oposición estructurada es la caída del régimen que encabeza Nicolás Maduro.

Recién al término de un desfile militar en la comunidad de San Félix, Estado Bolívar, el presidente Maduro fue agredido con tomates, huevos, cascaras de plátanos y otros objetos por opositores enardecidos, mientras que otra gran parte de las masas le vitoreaba y respaldaba.

Paradójicamente, cuando los líderes y formaciones opositores se van a los extremos, quien por lo regular se beneficia es el gobierno de la nación donde se produce este fenómeno.

Claro que nos referimos a países donde rige y predomina un sistema democrático, no a dictaduras o monarquías, ni estados en situaciones de guerra civil o conflicto armado.

En un esquema semejante, de opresión y libertades conculcadas, es muy factible que incluso un hecho fortuito, desencadene la rebelión de las masas y el cambio social, sobre todo en esta era de las nuevas tecnologías y redes sociales.

Recordemos que la chispa de la llamada “Primavera Arabe” se encendió después de que el vendedor ambulante Mohammad Buazizi se quemara a lo bonzo enfrente del parlamento tunecino.

La difusión de esta acción y su impacto en Tunez, pero que se extendió a los ámbitos regional y mundial, se produjo gracias a que un primo del suicida grabó y compartió las imágenes en las redes sociales.

Radicalización opositora beneficia gobierno

El uruguayo Daniel Eskibel, creador del portal Maquiavelo & Freud, observa que algunos políticos llegan a creer que mientras más radicales sean las posiciones que asuman le harán más daño al gobierno que combaten.

Sin embargo, casi nunca es así, por el contrario, ese tipo de actitudes suele beneficiar a los gobiernos elegidos democráticamente.

Eskibel señala que dentro de esos estados de derecho, determinados opositores maximalizan sus actitudes: cuestionan al gobierno en todos los terrenos y temas, rechazan cada una de sus acciones, critican todas sus palabras y repudian a la totalidad de sus dependencias.

Sus niveles de confrontación los endurecen al máximo, la tensión política crece con acusaciones cada vez más fuertes, sobre la base de conceptos extremadamente duros y con lenguaje muy agresivo.

¿Pero, por qué esa radicalización opositora puede beneficiar al gobierno?

Muy simple: porque reduce marcadamente el mercado opositor, lo hace mucho más pequeño al aislar a quienes promueven un lenguaje agresivo y una actitud sediciosa.

Resulta, que el círculo de quienes piensan y actúan de manera radical e irreflexiva es bastante estrecho, por lo que al promover ese discurso la oposición se condena a no crecer y su influencia se queda en esos grupúsculos.

De esta manera, la oposición coloca una barrera entre sí misma y un amplio sector del público, con el que ciertamente puede coincidir en varios puntos, pero no en todos.

Para Eskibel, los sectores radicalizados de oposición se pierden al no ponderar que núcleos de la población puede que cuestionen al gobierno en algunos temas importantes, pero en otros no.

Igualmente, es factible que segmentos de la sociedad estén descontentos con determinadas áreas del gobierno, pero no necesariamente con todas.

Lo mismo pasa en cuanto a algunas decisiones y medidas, pero que en cambio hay otras que apoyan.

La realidad es que la mayoría de la población no admite que se le obligue a vivir en constante tensión política, y aún en los casos de quienes están en desacuerdo con el gobierno, casi nunca se identifican con políticos que se muestren agresivos y virulentos.

No necesariamente, aquel que rechaza una o varias políticas públicas debe ser considerado un “indignado”, dice Eskibel.

Pero más aún, el maximalismo radical de la oposición suele empujar a los grandes segmentos de la sociedad a respaldar a su gobierno, aún en los casos de quienes tengan discrepancias.

Algunos analistas y activos políticos llamaron a ese público “masa silente”, y es el que termina por definir unas elecciones.

Eskibel concluye que en política la regla de oro es aislar al adversario y evitar aislarse uno mismo, no importa quien esté en la oposición y quien el en poder.

Y es que los ciudadanos son inteligentes, y cuando ven a un político muy radicalizado lo ubican como una persona difícil y de la que no conviene ni es prudente identificarse con sus posiciones.

Lucha social u oposición política

La Oposición es parte consustancial de la Democracia, expresión de la controversia en el proceso de formación de la voluntad política y de la adopción de decisiones.

Se entiende que la oposición debe actuar en un marco de respeto y de aceptación de “reglas consensuales” del juego político, es decir que está vinculada a otros fenómenos de la política, como libertades o derechos políticos, pluralismo, alternancia en el poder, conflictos.

El abogado constitucionalista chileno, Mario Fernández Baeza, advierte que los partidos de oposición pueden llegar a copar la organización social que encarna la disconformidad.

“Ocurre, entonces, que el plano social deja de ser autónomo y que se mezcla subordinadamente con el nivel partidario conllevando una mutua desnaturalización de funciones”, concluye el jurisconsulto chileno.

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