Opinión

Rápidos y Furiosos 8, Traición y Velocidad

Las sagas se desarrollan como las supernovas y demás estrellas de esta galaxia y de otras lejanas. Algunas enormes y otras más pequeñas, pero todas tienden a evolucionar, a crecer hasta el gigantismo extremo y luego ir disminuyéndose para desaparecer paulatinamente. Muy similar es lo que pasa en el cine, aunque en este tenemos los reboots o relanzamientos.

Rápidos y Furiosos se construyó sobre las figuras de Paul Walker y Vin Diesel, quienes aportaron seis películas hasta la muerte accidental de Walker, quedando Diesel como atractivo principal desde la séptima hasta llegar a esta versión del culebrón automovilístico adorado por los fans alrededor del mundo.

Los amantes de la acción, la testosterona y los autos de alto cilindraje, volverán a disfrutar de las aventuras del grupo de inadaptados, capitaneados por Dominic Toretto (Vin Diesel), con su particular visión del mundo que ellos deben moderar para ejecutar los encargos de su gobierno.

En Rápidos y Furiosos 8, El Destino de los Furiosos, Dom y Letty (Michelle Rodríguez) están casados y el resto de la banda disfruta de una cierta normalidad en su vida. Una misteriosa mujer llamada Cipher (Charlize Theron) le hace a Toretto una oferta que no puede rechazar, traicionando al grupo y poniéndolo a prueba delante de las autoridades.

El artesano F. Gary Gray dirige sin mayor pretensión que la de hacernos pasar unos momentos entretenidos, envueltos en un vértigo que impida razonar con claridad y verificar la precisión de las acciones que se desarrollan en este Blockbuster. Explosiones, carreras de bólidos y balaceras, será todo lo que usted recibirá a cambio del pago de su taquilla.

Anarquía y furia en la familia Toretto

La persecución para capturar a Dominic Toretto y a la hermosa anarquista que busca envolver al mundo en un caos, apoderándose de letales armamentos, arranca en las calles de La Habana pasando por las de New York y llegando al helado Ártico. Mezcla de persecución y de recuperar al líder del clan para que vuelva al redil, el estado no escatimará recursos al veloz team en estos menesteres.

Toretto vuelve a estar acompañado por Dwayne Johnson -The Rock- como el agente Hobbs, Letty (Michelle Rodríguez), Tyrese Gibson (Roman), Ludacris Bridges (Tej), Jason Stathan (Deckard Shaw), Kurt Russel (Mr. Nobody), Scott Eastwood (Little Nobody), Nathaly Emmanuel (Ramsey), y como la madre de Shaw, la simpar Helen Mirren, entre otros personajes y actores que intentarán entretenernos en la hora y 36 minutos que dura la película.

Si usted es de los que anda buscando profundidad, aspectos filosóficos o algún consejito de auto-ayuda, lo mejor que puede hacer es irse por otros lados, pues ni Gray, ni los guionistas Chris Morgan o Gary Scott Thompson, ni Universal Pictures, se dirigen por esa vía. Pero si disfruta del olor a llantas quemadas, la destrucción sin sentido, la tacañería expresiva de Vin Diesel o The Rock, está bien encaminado y será servido a cuerpo de rey.

Toretto es puesto en una posición incómoda al obligarlo a traicionar a su familia y al gobierno, aunque advierte que es un animal con un pie en el cuello, que no se lo quiten porque tendrán problemas graves. En ese tenor, Dom le sigue el juego a su ama, buscando un escape a la situación.

De todos los personajes, Cipher (Charlize Theron), es el mejor construido, con una lógica relativamente creíble en sus motivaciones y en el manejo del caos creado por ella. Es interesante el dialogo en el que le explica a Toretto el sentimiento de culpa en las relaciones familiares y afectivas, que viene desde la prehistoria, convirtiéndose en lo que los sicoanalistas como Carl Jung llaman el inconsciente colectivo.

La estructura de relaciones en FF8 está construida como una familia siguiendo sus patrones, su complejidad y con la disfuncionalidad que nos provee la modernidad. Los códigos provienen de una copia libre a las normas de la mafia italiana, aunque adaptado al American Way of Business.

Geopolítica y otras yerbas

Si bien es cierto que determinadas situaciones, como el ataque al ministro ruso o la batalla sobre los hielos en el Mar de Barents, no resisten un análisis lógico, el ritmo endiablado del film, con un montaje basado en planos de corta duración y mareantes movimientos de cámara con su correspondiente sonoridades en alto volumen, son elementos que funcionan como sustitutos de la lógica narrativa para el espectador ansioso por escaparse de la realidad.

El guiño a la geopolítica está más presente que nunca y en este momento es un gancho muy atractivo para la gente, con acontecimientos que involucran a países contrarios y aliados problemáticos, véase si nó, Cuba, Rusia o Alemania y lo que sucede en algunas regiones mencionadas en el film.

La química entre personajes como Hobbs y Deckard o Little Nobody, augura una cierta estabilidad en la saga con la exploración de nuevos caminos en las tramas que involucren estos caracteres de ficción. Estas vetas dramáticas son las alternativas para evitar la previsibilidad que aburre al público.

Rápidos y Furiosos 8; El Destino de los Furiosos, es un producto fabricado para entretener. Logra su cometido con creces en aquellos que buscan diversión sin complicarse la existencia, con una película palomitera de altas dosis de violencia, velocidad y destrucción, para sacudir a esos que necesitan emociones fuertes.

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