Opinión

El APRA, sus 93 años y la integración

Desde los procesos de las independencias formales que vieron luz hace poco más de 200 años, hasta el momento de celebrase los 93 años de fundado el APRA, como fuerza progresista continental que procuraba una verdadera Latinoamérica soberana, se ha venido gestando la creación de una región integrada; aunque nunca como antes contamos con instituciones tan sólidas como el Mercado Común del Sur, Mercosur; la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur; el sistema de Integración Centroamericana, SICA, el más viejo de todos; y la gran cobija regional: la Comunidad de Estados Latinoamericanos, Celac.

Haya de la Torre, con mirada que atravesó las fronteras creadas por las fuerzas conquistadoras y hegemónicas, igual que Simón Bolívar y otros próceres, puso empeño en el inicio de un proceso de integración que afianzara nuestra identidad de nación continental, sin el tutelaje de los autoproclamados hermanos mayores. Hoy, a través de las instituciones mencionadas, su sueño “indoamericano” va avanzando, aun siendo blanco para un tiro fatal, con pasos que construyen la unidad mientras sacamos del camino a los que bajo el concepto del panamericanismo mantuvieron a nuestros pueblos dentro de sus áreas de influencia y dominio.

El APRA peruano, que es una organización madura y con historia de persecución y proscripción, con historia de luchas al lado de las causas justas que benefician a las grandes mayorías, ha de levantar, en su casi centenaria existencia, su impronta progresista para acompañar a los pueblos que conforman nuestra América Latina junto a la Conferencia Permanente de América Latina y el Caribe, Copppal, en aras continuar en el camino hacia la integración.

Continuar el camino hacia una integración comunitaria que afiance nuestra condición de latinoamericanos es lo lógico, porque más que facilitación de comercio, de negocios entre los grandes capitales, debe abarcar lo político y lo cultural, debe ir más allá del abatimiento de fronteras arancelarias para crear una ciudadanía regional que permita que nuestros 600 millones de habitantes, sean 600 millones de productores de riquezas y de individuos instruidos e innovadores, con valores ciudadanos y capacidad de consumir con criterios anclados en responsabilidad.

Es que la integración nos dará la oportunidad de avanzar hacia el desarrollo sostenible desde la latinoamericanidad que niegue el panamericanismo concebido desde la visión del poder de quien o quienes se creen con el derecho divino de diseñar nuestro destino desde su óptica y en contra de nuestros intereses.

El APRA, aquella Alianza Popular Revolucionaria Americana de Haya de La Torre, aquel referente de lucha por la soberanía de nuestros pueblos, es un instrumento de raíces populares, que no puede ser indiferente como no lo es, a los acontecimientos que se producen en nuestra región, que procuran echar al zafacón las ideas de su líder fundador, porque echándolas al cesto para que se tengan como basura, desaparecen el referente que impulsa el avance hacia los verdaderos procesos de independencia de nuestros pueblos.

La construcción de una comunidad regional debe ser el objetivo estratégico para alanzar la autodeterminación de nuestros pueblos que nos permita transitar por el camino de nuestra propia agenda de desarrollo, sobre la que levantaremos el estado de bienestar que satisfaga las necesidades materiales y espirituales de los ciudadanos y ciudadanas.

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