Opinión

El Valor de las Ideas

A mediado de la década de los años 60, la mayor parte de la juventud dominicana vivía en una especie de pasmo ideológico, combinado con la amargura en que le habían sumergido importantes hechos recientes guiados por los hilos del ostracismo nacional e internacional, y por los acontecimientos movidos por su reacción.

Fue una década ardiente: Se ajustició al dictador que oprimió por más tiempo nuestro país. Se colocó al primer presidente democráticamente electo en más de 30 años. Se sofocaron focos guerrilleros con sus secuelas de muertes escrutables. Se dio el golpe de Estado mas sentido por la sociedad dominicana. El pueblo se levantó en armas en la Revolución de Abril. Se dio la repugnante segunda intervención militar norteamericana. Y otros hechos también marcaron la década.

Aunque el germen de la gallardía histórica del pueblo dominicano nunca se extinguió, fue un tiempo de una penetración cultural nociva, pero en la otra cara de la moneda, también llegó el despertar de la población de aquel letargo político manipulado.

Al calor del fuego de esta década, los hechos suscitados sirvieron para despertar del atraso político en que había sido sumergido el pueblo dominicano, y preñar a la nación de un partido que nacería pocos años después, para encausar el país por el luminoso sendero en que hoy nos encontramos, guiados por aquel hijo del profesor Juan Bosch, el Partido de la Liberación Dominicana, PLD.

La Biblia nos enseña que en el mundo de los seres humanos creados por Dios nada es fortuito, todo responde a un plan que ha de completarse cuando termine el proceso, proceso que en ocasiones resulta ser difícil, traumático. Pero sea cual sea el nombre que demos a las cosas, tienen que ocurrir. Es dialéctica, Ying y Yang, Etc.

La República Dominicana vive un tiempo que ha sido designado al PLD, y que a juzgar por el pensamiento de uno de sus líderes, Leonel Fernández, está llamado a extenderse al año 2044, o más.

No obstante, la reflexión sobre este particular no puede dejar de observar que el hombre es un ser imperfecto, pues el único perfecto es Dios, y desde que apareció el primer ser humano sobre la tierra, ha estado cometiendo errores: unos mas y otros menos.

Hay que convenir que la humanidad ha tenido en la tierra, desde siempre, todo lo que necesita para gozar de una existencia feliz, y siempre ha dependido del mismo hombre el resultado de esa felicidad que tanto buscamos. Pues cuando no es victima de la explotación de su propio semejante, es que motu proprio encausa la vida por donde menos le conviene.

El Partido de la Liberación Dominicana vive momentos de reflexión, y de ello dependerá que pueda completar el ciclo que está llamado a llenar.

Dentro de si mismo está lo que es el futuro del PLD. Ese futuro que está llamado a cumplir, podrá lograrlo en la medida en que cada uno de sus dirigentes maneje su corazón, sus ideas, con el valor con que fueron formados por su líder fundador, el profesor Juan Bosch.

Es el valor de las ideas de Bosch lo que ha de primar en las decisiones del PLD, las ideas de su padre creador, que son las que le han permitido colocarse donde se encuentra.

De cualquier manera que se analice. De cualquier manera que se mire. El valor de las ideas de Juan Bosch son las que hasta ahora han sacado al país de aquel atraso con que atravesó la mitad del Siglo XX.

O seguimos al pié de la letra lo enseñado por el profesor, o nos exponemos a consecuencias definitivamente indeseables para nuestro partido y nuestro pueblo.

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