Opinión

El sufragio femenino

El 1942 es un año que quedará por siempre marcado en la historia de la lucha de la mujer dominicana por los espacios que nos corresponden. Aún ensombrecido por la dictadura, como todo lo de la época, el esfuerzo loable de la Acción Feminista Dominicana pasó a la historia como un momento cumbre del feminismo dominicano, como ideología de lucha por los derechos de igualdad de la mujer.

Su inspiración provenía del pensamiento hostoniano, que marcaría por siempre la enseñanza dominicana y que luego estaría muy presente en el pensamiento boschista. Hostos impulsó una idea sencilla pero poderosa: las mujeres somos esenciales para la vida en sociedad. Al asumir esta idea, se impulsa la igualdad en todas sus dimensiones, especialmente en la dimensión política.

Aunque nuestro país comenzó esta lucha relativamente tarde, sus resultados se evidenciaron mucho antes que en otras sociedades más avanzadas y modernas. La lucha fue ardua y larga, y los resultados se alcanzaron solamente después de inmensos sacrificios.

Por eso es justo reconocer, a 75 años del primer voto formal de la mujer, el valor y la gallardía de las casi 100 mil mujeres dominicanas, quiénes en aquel mayo del 1942 abrieron una de las puertas más importantes para la equidad de género.

Es justo reconocer la lucha de las fundadoras de la Acción Feminista Dominicana, especialmente Abigaíl Mejía, Delia Weber, Celeste Woss y Gil, Livia Veloz, Carmen González de Peynado, Patria Mella del Monte, Petronila Angélica Gómez, Ercilia Pepín, Isabel Amechezurra Vda. Pellerano, Milady Félix Miranda, María Patín Pichardo, Amada Nivar de Pittaluga, Consuelo Montalvo de Frías, entre otras valerosas mujeres dominicanas, sigue siendo hoy gran inspiración para quienes defendemos el lugar de la mujer en la sociedad dominicana.

Hoy nos cuestionamos sobre el lugar que ocupa la mujer dominicana en la democracia. Una pregunta válida, porque si antes luchamos para que nuestra voz tenga valor en lo electoral, hoy luchamos para que nuestra voz tenga valor en el ejercicio de la administración pública.

La gestión pública necesita de la mujer, necesita del cerebro femenino, si queremos vivir en una sociedad más justa, donde la desigualdad no sea la regla y que, por el contrario, todos los ciudadanos y ciudadanas disfruten de bienestar y una vida digna.

La verdadera igualdad política de la mujer consiste en que no existan obstáculos ni estratagemas políticas que impidan la participación de la mujer en la política, en igualdad de condiciones del hombre.

El momento actual es vital para esa lucha, porque la discusión de la legislación electoral y de partidos es la oportunidad para defender ese principio por el que tanto se ha luchado, y asegurar para esta generación y las que siguen, que la mujer participe de la política en las condiciones adecuadas.

El sufragio femenino es la zapata, la participación en la política es el resto del edificio que construimos para que la política sea distinta, sea más justa, más sensible, como somos las mujeres.

Más allá de las diferencias partidarias e ideológicas, se requiere trabajar por y para la participación de la mujer en la política, para que continuemos escalando en los espacios de la administración pública, siempre con el norte puesto en hacer del Gobierno, del Estado y de la Administración, un espacio que responda a las necesidades de la gente, a sus deseos y sueños.

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