Opinión

Política y Educación (I)

Mi maestro político, Juan Bosch, cuya estatura moral y transparente ha sido reconocida y aceptada por todos, solía decir que “en el ejercicio de la política nos damos con toda clase de gente, y más en un país como el nuestro, donde la política es un potrero sin puertas en el cual puede entrar todo el que quiera y muy especialmente todo el que tenga hambre de figureo, de dinero o de poder”.

Hoy día esa expresión de don Juan parecería estar cayendo de manera furiosa, como si fuera un rayo fulminante, sobre la clase política dominicana. Por supuesto, con sus excepciones, como siempre, puesto que no todos lo que pertenecen a esa clase son culpables.

Y mire usted qué cosa: muchos pensamos que nuestra clase política, prefiriendo hacerse los ignorantes cuando son inteligentes, se resiste a aceptar que la educación política es la fuente principal para que toda organización pueda crecer en calidad y, a la vez, impregnarle a su militancia aquellos valores imprescindibles para el desarrollo y sostenimiento del bien común.

Duele decirlo, pero lamentablemente nuestro sistema político viene siendo amenazado de manera indiscriminada; cosa perceptible desde hace décadas. Y sucede que los promotores de dicha amenaza son precisamente los actores políticos, sí, ellos, quienes conforman la clase política dominicana; quienes, desafortunadamente, insisten en no observar este proceso en desarrollo.

Uno no logra entender por qué dichos actores prefieren mantenerse indiferentes ante tan grave situación para el futuro de nuestra sociedad. Créanme que no me satisface hablar mucho sobre este tema, al fin y al cabo, yo también soy político, aunque siempre he tratado, con disciplina y humildad, ya sea dentro de la administración pública o del litoral político, reflejar todo lo enseñado en esa escuela de educación política que era el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en los tiempos de Juan Bosch.

últimas Noticias

Noticias Relacionadas