Hablan los hechos

Esclavitud y tráfico de personas ¿Un mal actual?

Abordar el tema de la esclavitud en nuestros días, puede transportarnos casi de manera inconsciente a épocas remotas donde, en la mayoría de los casos, nos limitamos exclusivamente al análisis pasado de un mal tan antiguo como el devenir mismo de la humanidad. De hecho, suele pensarse en la esclavitud como algo propio del desarrollo de las primeras tribus, culturas y civilizaciones, como también suele asociársele al periodo de colonización europea en nuestro continente, con el consiguiente establecimiento de un enorme sistema de tráfico y explotación de mano de obra africana.

Sin embargo, ¿representa la esclavitud una problemática del pasado, o será que ha logrado prolongarse hasta la actualidad, en cierta forma desapercibida, ante un mundo que en teoría es más consciente de sus derechos? Veamos.

En los últimos años, meses y semanas, los medios internacionales de manera esporádica han vertido publicaciones sobre casos de trata de personas y nuevas formas de esclavitud, que por su poca cobertura, muchas veces nos resultan distantes y de poco impacto. Para citar unos ejemplos, podríamos destacar el de la joven modelo británica de 21 años, la cual semanas atrás fue secuestrada en Milán, Italia, por un hombre que procuraba subastarla en la “Deep web” (redes profundas); también está el caso de una niña rescatada en el 2011 por una azafata, que logró notar que algo no andaba bien entre la pequeña y un adulto que la acompañaba, quien resultó ser un traficante; por otra parte, en el 2008 se destapó el escándalo en Bélgica de 8 princesas de Emiratos Árabes Unidos, quienes viajaron a la nación europea con 20 sirvientas que mantenían en condición de esclavitud; en Nepal también hubo un caso notorio, donde 13 miembros del circo Katmandú fueron víctimas de trata de niñas, y vendidos a otros circos en la India; por último, y quizás el más conocido, aunque ignorado, sea el tema del creciente número de peloteros cubanos, que son traficados a Estados Unidos en operaciones dudosas que hoy ponen en alerta al béisbol de Grandes Ligas.

Entrando en materia, lo apropiado es comenzar por aclarar que la esclavitud nunca ha dejado de existir, de hecho, según la última edición de índice global de esclavitud, en el mundo existen aproximadamente unos 40 millones de personas bajo cierta condición de esclavitud en nuestros días. Solo en el continente asiático, la cantidad de personas que padecen esta clase de explotación o sometimiento, pasó de 23,6 millones en el 2014 a 30.4 en el 2016.

Por otra parte está el trabajo forzado, la cual si bien la Organización Internacional del Trabajo no considera como una forma de esclavitud, según datos de la misma entidad, esta ronda los 21 millones de personas en todo el mundo. Para OIT, la división entre trabajo forzado y explotación laboral es muy difusa, pero aun así se distinguen, siendo el trabajo forzado la situación donde se limita a una persona de su movilidad laboral, se le amenaza, retiene documentos o salarios. Dada la necesidad de buscar un equilibrio en el aspecto conceptual, tenemos también que según establece la ONU, la esclavitud comprende “la trata de personas, la explotación sexual, las peores formas de trabajo infantil, el matrimonio forzado y el reclutamiento forzoso de niños para utilizarlos en conflictos armados.” Por otra parte contamos con la definición de Walk Free Foundation, quienes en su publicación del 2016 del Índice Global de Esclavitud, definieron la esclavitud como “toda situación de explotación a la que una persona no puede sustraerse o negarse, debido a amenazas, coerción, abuso de poder, violencia, o engaño”. Esta última definición podríamos considerarla la más acorde con las variables de la esclavitud moderna. En cuanto al tráfico de personas, un mal tan común como la esclavitud, este es definido por el Departamento de Estado de Estados Unidos, como: “el transporte ilegal y facilitación de entrada fraudulenta de una persona a fronteras internacionales”.

Hecha la aclaración, nos permitimos describir algunas formas de esclavitud moderna y tráfico de personas, donde, por un lado tenemos que los sectores con mayor proliferación de trabajo en condiciones de esclavitud son: pesca, construcción, agricultura, minería, manufactura, trabajo doméstico, entre otros.

En cuanto al tráfico, que va enlazado al tema de esclavitud, están: las adopciones ilegales, niños de guerra, matrimonios forzados, turismo sexual, tráfico de órganos, la mendicidad de niños, acceso carnal involuntario, forzar a niños a trabajar, etc.

A los fines de brindar una panorámica del alcance global de la esclavitud moderna, podemos citar algunos escenarios como el de Europa, donde hace unos cuatro años una comisión del Parlamento Europeo determinó que en el viejo continente existe hasta 1 millón de personas que padecen algún tipo de esclavitud (especialmente explotación sexual), siendo éste un negocio que reporta aproximadamente 25,000 millones de euros. Si nos vamos más al Este, en Uzbekistán (Asia Central), más de 1 millón de personas, incluyendo niños, son obligados a trabajar en la cosecha de algodón, a cambio de una comida. En Medio Oriente, en especial en las monarquías existentes, la OIT ha denunciado casos de explotación de domesticas sometidas a condiciones abusivas de trabajo, muchas de ellas procedentes de África o naciones asiáticas como Sri Lanka y Filipinas. Lo propio sucede en la India y Pakistán, donde familias enteras terminan ejerciendo algún tipo de trabajo forzoso a los fines de saldar deudas contraídas.

En el caso de África se da una situación peculiar, pues además de tener altos niveles de “niños soldados”, allí también persisten antiguas formas de esclavitud, en las cuales en países como Mauritania, Malí, Chad o Níger unas tribus someten a otras, y venden a hombres, mujeres y niños como esclavos. Estas prácticas fueron aprovechadas en su momento primero por portugueses, para luego extenderse a otras potencias europeas como españoles, ingleses, holandeses, franceses y belgas (donde estos últimos marcaron para siempre la historia del Congo, bajo el reinado de Leopoldo II de Bélgica).

En el caso de Latinoamérica, se estima que existen unas 2,1 millones de personas bajo algún tipo de esclavitud, con casos especiales en la región andina, en Brasil y México. También está el caso de Haití, donde UNICEF estima que existen unos 225,000 niños que sirven de criados domésticos, a los que se unen los niños que son inducidos a la mendicidad en las calles.

Dado los datos aportados, es evidente que en la actualidad existen más personas víctimas de esclavitud que en ningún otro momento de la historia, lo que sin dudas resulta alarmante. Para sostener esto, solo bastaría contrastar los cerca de 40 millones actuales con los 12,5 millones de esclavos, que según registros históricos, fueron traídos a América desde el siglo XVI hasta principios del XIX (el tráfico de esclavos fue prohibido en 1808).

Aun así, dada la generación de consciencia, es posible ir drenando los ingresos de las mafias que se benefician de esta práctica (la OIT estima que el tráfico de personas y la esclavitud reportan más de 40,000 millones al año), boicoteando todo producto que provenga del trabajo forzado, sea este proveniente de la industria textil, pesca, tecnología, u otro renglón.

Debido al gran número de personas aun padeciendo estas condiciones, puede que resulte poco los 120 millones de dólares que se invierten anualmente en programas dirigidos a combatirlo. Hará falta un compromiso más certero entre gobiernos y organizaciones supranacionales, pero lo que a pesar de la magnitud del reto, en los próximos 15 o 30 años podríamos estar cerca de eliminar para siempre este mal.

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