Opinión

Eterna amistad: Bosch y Fidel

Desde aquel reencuentro de Juan Bosch y Fidel Castro a principios de enero de 1975, en la Casa de Protocolo I, en La Habana, al filo de la medianoche, hasta casi el final de sus días, se mantuvo esa entrañable relación entre estos titanes de la política y las luchas de América Latina y el Caribe, así como de los pueblos del Tercer Mundo.

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En 1981, don Juan fue invitado al 1er. Congreso de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, celebrado en La Habana. Casa de las Américas era la institución anfitriona, aunque para las grandes convocatorias el anfitrión especial siempre fue Fidel Castro, el Comandante en Jefe. También era co-anfitrión de ese evento el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). En la ocasión se dieron cita intelectuales y artistas de todo el mundo. Entre otros, figuraban Juan Bosch, Gabriel García Márquez, Oswaldo Guayasamín y Miguel Otero Silva.

Esa asociación de intelectuales y artistas de varios continentes surge como respuesta a la política estadounidense de enfrentar los nuevos gobiernos de corte progresista y de izquierda, así como los movimientos guerrilleros que crecían en América Latina, especialmente en América Central, a finales de las décadas de 1970 y 1980. La presencia del presidente Omar Torrijos y su lucha por la recuperación del Canal de Panamá, el triunfo del sandinismo en Nicaragua en julio de 1979 y el afianzamiento de los movimientos insurreccionales en El Salvador y Guatemala eran motivo de preocupación para el gobierno norteamericano.

Muy pronto se hicieron sentir las acciones de los “contras” nicaragüenses y el cada vez mayor incremento de asistencia masiva a los militares de El Salvador que enfrentaban al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

El 2do. Encuentro de Intelectuales por la Soberanía se realizó también en La Habana, a principios de diciembre de 1985. Este fue la continuación del mencionado 1er. Encuentro de 1981, con un carácter más amplio, con la asistencia de más de 300 intelectuales, artistas y científicos de diversas ramas de las ciencias, provenientes de América Latina y de otros lugares del mundo.

El discurso inaugural lo pronunció Gabriel García Márquez. “Siempre me he preguntado, — cuestionaba el Nobel colombiano–, para qué sirven los encuentros de intelectuales”, y añadía que habíamos llegado a un punto en que no era inverosímil que un intelectual complaciente podría nacer dentro de un congreso y seguir crecimiento y madurando en otros congresos sucesivos sin más pausas que las necesarias para trasladare del uno al otro, hasta morir de una buena vejez en su congreso final.

Sin embargo, observaron los organizadores –Casa de las Américas y el ICAIC–, que tanto el giro de la intervención de García Márquez como el propio curso de un encuentro que daba continuidad a una tradición sostenida por la Casa…. lograrían otorgarle sentido a lo temas en debate y las discusiones generadas en torno suyo, en un continente en el que lograr reunir y propiciar el conocimiento mutuo entre intelectuales que, como regla, trabajan de espaldas unos a otros (divididos por fronteras geográficas, disciplinarias y linguísticas) es ya, en sí mismo, una conquista.

Como en ese momento había gran interés por la situación política dominicana, don Juan ofreció una conferencia de prensa para los periodistas dominicanos y extranjeros. Una de las preguntas fue si su idea era hacer de su país una república socialista, en los años 1960-63. Fragmento de su respuesta:

“En la República Dominicana no se podía establecer el socialismo en el año 1963. En Cuba fue relativamente fácil hacerlo, porque Cuba tenía un desarrollo económico importante, social, y por tanto político, de los más altos en América y de los países de habla española. Por ejemplo, Cuba tuvo ferrocarril en el año 1837, antes que Estados Unidos, México, España, Chile y Argentina, y aquí (en Cuba) había un partido comunista, que cuando participaba en las elecciones sacaba 150,000 votos, era un partido de la clase obrera, en su dirección había algunos pequeños burgueses. Su presidente, un amigo a quien yo recuerdo con mucho sentimiento, Juan Marinello, procedía de la burguesía cubana, pero la masa del partido era obrera. (…)”.

“Es decir, (mi) país que tiene un enorme atraso económico y, por tanto, social y político, a tal extremo que lo que la República Dominicana importó en el año 1938 era exactamente la misma cantidad que figura en las estadísticas de importación cubana en el año 1793, es decir, 145 años antes; (…)”.

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