Editorial

Rechazo a los infundíos al Padre de la Patria

El gobierno y la comunidad dominicana residente en Nueva York han ofrecido una respuesta oportuna y temprana a los intentos de eliminar o trasladar la estatua del patricio Juan Pablo Duarte, ubicada en una plaza en el bajo Manhattan en la llamada babel de hierro.

A mediados de la pasada semana un medio de prensa newyorkino divulgó una nota en que se informa que la estatua pudiera estar incluida en una lista de otros monumentos cuya permanencia evalúa una comisión creada por el alcalde de la ciudad norteamericana, porque supuestamente los personajes o hechos que ellas evocan pudieran estar relacionados con el racismo y segregación.

Rápidamente el gobierno dominicano, vía Cancilleria, respondió al calificar de “agresión aberrante la solicitud de grupos fanatizados residentes en Nueva York para que esa ciudad remueva de algunas plazas públicas estatuas y bustos de Juan Pablo Duarte”.

En la nota oficial se hizo saber de la designación de una comisión de alto nivel que haría la diligencia pertinente para evitar que se excluya la citada estatua de la lista de monumentos, placas y otros emblemas que podrían ser removidos.

La citada comisión está integrada por el embajador permanente de República Dominicana ante la ONU, Frank Cortorreal; el vicecanciller para el exterior Carlos Gabriel García y el cónsul dominicano en New York, Carlos Castillo, quienes ya se entrevistaron con el alcalde a quien enviaron un documento con la petición oficial dominicana para que la estatua del Patricio no se mueva del lugar que ocupa.

Es el espacio dispuesto por la gran urbe para reconocer los aportes de la comunidad dominicana al impulso de Nueva York y es el lugar en que nuestros ciudadanos acuden a reverenciar al padre de la Patria.

El embajador dominicano en Estados Unidos, José Tomás Pérez, respaldó la denuncia de la cancillería destacando que Juan Pablo Duarte se opuso siempre a que se atropellara a quienes mancillaron el país en veintidós largos años.

Duarte, definido por el Profesor Juan Bosch como un hombre de fe, creyó firmemente en la independencia del país de toda nación extranjero a cuya causa dedicó sus esfuerzos y hasta la vida, pero nunca albergó sentimientos racistas ni discriminatorios.

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