Editorial

Las enseñanzas del huracán Irma

Que no se contaran victimas al finalizar el paso al norte de la costa atlántica del más poderoso huracán de la historia de la región, permite concluir que República Dominicana ha aprendido la lección.

Solo con ligeras excepciones, en general la ciudadanía asumió un comportamiento cívico adoptando previsiones antes del fenómeno; resguardándose y recibiendo las orientaciones de las autoridades al momento del desplazamiento del huracán Irma próximo a nuestras costas.

Se ha dicho que somos bendecidos, afirmación que no rechazamos, aunque si afirmamos que se ha avanzado en las labores preventivas, en la mitigación del desastre y en el nivel de consciencia ciudadana.

Resuena en nuestros oídos la autoridad con que una oficial de la Defensa Civil en el norte del país, conminaba a los moradores de un sector en peligro a que abandonara el lugar. Recojan. Decía con voz de mando, mandato que finalmente se obedeció, como se apreció en un reporte de la televisión.

Repulsa colectiva recibieron aquellos quienes tratando de restar validez a las acciones que tomaban las autoridades, llegaron a afirmar que el huracán era un invento del gobierno para despejar otros temas del debate público.

Que en los últimos 20 años hayan tocado nuestras costas y territorio unos 25 huracanes y tormentas de dimensiones diferentes, confirman que estamos en la ruta de esos fenómenos, que por lo general se produce entre los meses de junio a noviembre, con el calentamiento de las aguas.

Poco a poco se ha ido entendiendo, lo explica el comportamiento asumido por la ciudadanía en lo que mucho tiene que ver los órganos estatales responsables, el gobierno, que respondiendo las directrices del presidente Danilo Medina, supo tomar las precauciones de lugar para evitar daños mayores.

Al poner énfasis en la peligrosidad del huracán Irma y adoptando las acciones preventivas correspondientes, las autoridades demostraron que es el mejor de los métodos para enfrentar esas emergencias, pese a las críticas maliciosas.

Los esfuerzos ahora deben dirigirse a ayudar a los afectados por las lluvias, inundaciones o crecidas de afluentes, e implementar acciones para prevenir las enfermedades propias de estos eventos.

Se entiende que los fenómenos como las tormentas o los huracanes revelan nuestras debilidades sociales, una deuda, que pese a los logros y conquistas que nos ha dado el impulso de nuestra economía, se mantiene presente.

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