Opinión

Puerto Rico y el santanismo

La escalada de desprecio de Donald Trump hacia América Latina parece incontenible. Sus embestidas de campaña contra el pueblo mexicano convirtieron su talante antilatinoamericano en proverbial, lo que de presidente continuó en medio de una incontinencia digital que tiene como canal a Twitter, medio que sofoca constantemente al atiborrarlo de sus ocurrencias impolíticas, que van desde palabras descompuestas hasta declaraciones con vaho a polvo nuclear, quizás sin darse cuenta que la Presidencia del todavía país más poderoso del planeta no es un juguetito para divertir a párvulos.

He visto líderes latinoamericanos, algunos con responsabilidades presidenciales, tomarse a chiste las ofensivas ocurrencias que deberían lastimar el honor y la dignidad de ellos como encarnación de los pueblos que en teoría representan; sí, en teoría, porque en la práctica responden a intereses contrarios a los de los ciudadanos que les votaron o siguen, intereses que, precisamente, se acunan en las ideas que hay detrás de las fraseologías descompuestas de Trump, que en dedos o bocas de otros disponen del barniz diplomático que recurre a la anestesia para descuartizarnos sin dolor.

Puerto Rico se convirtió esta semana en escenario para continuar exhibiendo su actitud de desprecio hacia nosotros. Presionado por los reclamos de ayuda del Gobernador de la isla y una comunidad internacional que reaccionó con ánimo solidario frente a la devastación provocada por el huracán María, el mandatario estadounidense, como cabeza de la metrópolis criticado por no ser diligente para ayudar a la colonia, se vio forzado a poner su anatomía en Borinquén sin desperdiciar el tiempo que aprovechó para reclamar a las autoridades isleñas que derrochan los recursos del presupuesto estadounidense. La alcaldesa de San Juan le ripostó con la dignidad que otros de países más grandes no se atreven, porque decidieron lamer las botas pateadoras.

El magnate presidente, combinación que potencializa la arrogancia que encuentra como vía de expresión el desprecio a los demás, graficó el sentimiento que anida en su interior con una acción que le sirvió para relajarse: lanzó toallas de papel higiénico a una multitud que presumo acudió a aquel encuentro esperanzada en ser testigo de acciones solidarias encaminadas a aliviar la situación de precariedades y apuros que padecen los hermanos puertorriqueños a raíz de los destrozos causados por el huracán que han dejado sin energía eléctrica a toda la isla y comunidades incomunicadas, sin agua potable y en algunos casos sin casas ni alimentos.

Esta historia ha venido a resucitar el debate de la independencia de Puerto Rico, y a encerrarla en la dicotomía de una dignidad asociada a la libertad que permite la definición del destino, o vivir bajo el amparo del que decide por ti sobre la base de garantizar el pan, aunque este no sea el producto del trabajo, sudor y cansancio. El miedo al futuro acerca a muchos a las ideas de Pedro Santana, jefe militar de la independencia Dominicana que, agobiado por la crisis económica, las constantes amenazas de las invasiones haitianas y el peligro de que Estados Unidos insistieran hasta quedarse con la bahía de Samaná, perdió la fe en el país y lo entregó a España.

El pueblo dominicano no se arredró, como no se da por vencido Puerto Rico, y restauró la República para seguirla defendiendo hasta el sol de hoy sin que el hambre nos haya disuelto como pueblo.

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