Hablan los hechos

¿Hacia dónde va America Latina?

Desde la óptica de un contexto mundial, es apreciable el avance de las instituciones políticas de America Latina si lo comparamos con otras regiones de economía emergente, aunque muy incompleto al relacionarlo con los países de economía desarrollada. Es destacable, tambien, que tales avances en la región se ha producido en el marco eN que se ha superado los regímenes dictatoriales para abrazar los esquemas democráticos, desde inicio de la década de los 90s del siglo XX.

La adopción y legitimación de la democracia en America Latina es lo que ha permitido múltiples reformas de las instituciones democráticas de manera continua y es lo que ha permitido alcanzar un crecimiento económico sostenible e impulsar programas y políticas sociales orientadas a mitigar el flagelo de la pobreza.

La adopción y legitimación de la democracia en America Latina es lo que ha permitido múltiples reformas de las instituciones democráticas de manera continua y es lo que ha permitido alcanzar un crecimiento económico sostenible e impulsar programas y políticas sociales orientadas a mitigar el flagelo de la pobreza. Y es que desde que la democracia se generalizó, las sociedades latinoamericanas les han brindado apoyo a la misma, aunque en los últimos tiempos se muestra insatisfacción por el retroceso en la democracia social y la democracia económica en algunos países.

Pero resulta que las necesidades básicas insatisfechas en la región se expresan en que la pobreza se ha expandido a niveles tales que en la actualidad afecta a más de 175 millones de personas en América Latina, al tiempo que ha aumentado el número de los desplazados de sus zonas originarias. Tal situación es lo que ha convertido América Latina en una de las regiones más pobres y desiguales del mundo, a pesar de haber logrado una década de progreso al amparo del crecimiento económico.

Aunque la lucha contra la pobreza alcanzó sus mayores éxitos a principios del siglo XXI, cuando tras décadas de inestabilidad e incertidumbre, tanto política como económica, la situación de la población vulnerable mejoró sustancialmente. Sin embargo, la pobreza y desigualdad son dos variables que han golpeado históricamente a los países que la forman y su combate actual ha sido insuficiente para eliminar la misma provocando, hasta cierto punto, un estancamiento en la reducción de la misma.

Las necesidades básicas insatisfechas en la región se expresan en que la pobreza se ha expandido a niveles tales que en la actualidad afecta a más de 175 millones de personas en América Latina.

En ese contexto, la espiral de pobreza y desigualdad en América Latina se ha retroalimentado y ha incidido sobre la calidad de vida de la población. Las evidencias empíricas han demostrado que la concentración de la riqueza y de la tierra en manos de los terratenientes ha perdurado hasta la actualidad y hoy en día es más compleja, puesto que la desigualdad resultante no se reduce únicamente a la propiedad o la riqueza, sino que afecta al tambien el bienestar de las personas sin que haya voluntad para solucionar esa realidad predominante.

En cierto modo, el largo recorrido de la pobreza en América Latina no es sino el resultado de unos sistemas políticos, sociales y económicos que no estuvieron a la altura de las circunstancias que se venían produciendo en el entorno económico y social a nivel internacional. Es así como la adopción del paradigma económico neoliberal implicó un férreo control político que frenaba la ola reformadora que amenazaba el dominio de las élites tradicionales en la región.

En tal sentido, en lo que a la pobreza se refiere, esta se redujo modestamente durante los años noventa hasta afectar al 43,8% de la población, mientras que la pobreza extrema se redujo a un 18,6%. Pero fue entrada la primera década del siglo XXI cuando se produjo una verdadera caída de los niveles de pobreza y extrema pobreza, que se situaron hacia el año 2015 en el 28% y el 12%, respectivamente.

Es así como el desafío al que se enfrentan las sociedades latinoamericanas requiere una respuesta contundente, en la que la cooperación para el desarrollo puede jugar un papel fundamental junto al trabajo de los Gobiernos. La consolidación de una estrategia integral para erradicar la pobreza y la desigualdad para evitar que la tendencia se revierta y que la región se adentre en una nueva década perdida ya que la crisis económica, la inestabilidad política y la rivalidad social, amenazan con que el peor escenario llegue a presentarse y hacer a la región vulnerable.

El largo recorrido de la pobreza en América Latina no es sino el resultado de unos sistemas políticos, sociales y económicos que no estuvieron a la altura de las circunstancias que se venían produciendo en el entorno económico y social a nivel internacional.

En adición, la estructura básica de los regímenes políticos latinoamericanos ha cambiado de manera muy lenta en la mayoría de los países y que en algunos de ellos se han impulsado interrupción del orden constitucional y extensión del periodo presidencial, lo que en la práctica se traduce en una fragilidad de la democracia. La frecuencia con que han venido produciéndose estos fenómenos es un reflejo de que las reglas de la competencia politica de la región aun son muy débiles y que la democracia aun busca su adecuación en America latina.

El fomento y fortalecimiento de la democracia en América Latina es fundamental para lograr la solidez institucional, la reducción de la pobreza y el crecimiento económico con inclusión social. Si partimos de la teoría de que todos los Estados son iguales, como queda establecido en las normas internacionales, entonces, la clave de America Latina es fortalecer el esquema democrático para alcanzar los objetivos de crecimiento económico y mitigación de la pobreza sobre la base del respeto a la constitución de cada pais y con ello evitar caer en una situación de Estado fallido.

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