Hablan los hechos

Referendo Kurdo

Durante la primera semana del presente mes de octubre, el mundo estuvo expectante ante el referendo que se celebró en la región autonómica de Cataluña, España, en lo que puede catalogarse como el más reciente capítulo de una aspiración independentista con debatibles orígenes y arraigo histórico, a la vez de ser una lucha cuyos resultados no se anticipan beneficiosos para ninguna de las partes, en especial la que lo promueve.

No obstante, apenas una semana antes, al norte de Medio Oriente se estuvo celebrando otro referendo con similar intención, pero con la diferencia de que el mismo busca sentar las bases para la formación de un Estado que no solo afectaría la composición geográfica de su actual ubicación en Irak, sino que de alcanzar plenamente su dimensión, comprometería sensiblemente las fronteras de Turquía, Siria e Irán. Dicho Estado pasaría a llamarse Kurdistán.

Los orígenes del pueblo kurdo datan del siglo X a.C., singularidad que los hace poseedores de una cultura milenaria a la par con los antiguos imperios Persa y Asirio (Irán e Irak en la actualidad), con los cuales coexistió. Dichas características de este pueblo de unos 30 millones de personas aproximadamente, lo hacen poseedor de rasgos identitarios bien definidos propios de una nación, los cuales han sido conservados más allá del advenimiento del Islam en Medio Oriente.

A pesar de que nunca han podido formar un Estado propio, a diferencia de lo que sucede con los kurdos en Turquía, Siria e Irán, en el territorio iraquí estos poseen cierta autonomía desde finales de la Guerra del Golfo en 1991, cuando tras la retirada del ejército de Sadam Hussein lograron sentar las bases para la creación de sus propias fuerzas armadas, Parlamento, gobierno e incluso moneda. A esto se agrega que por intervención de las Naciones Unidas, estos han estado recibiendo en torno a un 17% de los ingresos por concepto de la explotación de petróleo en la región que habitan.

De hecho, tras la invasión estadounidense en el 2003 a Irak, los kurdos recibieron promesas de que se iniciarían negociaciones para establecer unas fronteras permanentes que podrían, eventualmente, dar paso a su independencia, lo que parecía cierto puesto que la Constitución del 2005 en Irak reconoce a Kurdistán iraquí como “territorio autónomo dotado de prerrogativas importantes”. Desde entonces al presidente kurdo, Massud Barzani, se le reconoce su autoridad soberana en diferentes naciones, al tiempo que la capital del territorio kurdo, Erbil, acoge a numerosos consulados.

No obstante, las relaciones comenzarían a tensarse poco después, cuando los kurdos buscaron anexarse la zona de Kirkuk, provincia iraquí que posee alrededor del 30% de los yacimientos de Irak, a la vez que dicha integración comprendía la posibilidad de enfrentamientos intracomunitarios, debido a la población mixta que habita este territorio.

Las fricciones posteriores se verían interrumpidas tras la irrupción del Estado Islámico, dando paso a una guerra en la cual las fuerzas kurdas, mejor conocidos como Peshmergas, famosos por su protagonismo en la captura de Sadam Hussein, han jugado un papel estelar.

A pesar de la lucha mutua contra un enemigo en común, al cual en los últimos dos años han logrado hacer retroceder, las relaciones entre Bagdad y Erbil se han visto envueltas en un evidente letargo, desencadenando el descontento público de Barzani. De ahí que haciendo un uso de un recurso simbólico, a propósito del término de su mandato tras las elecciones del próximo 1ro de noviembre, el mandatario kurdo haya convocado un referendo independentista para el pasado 25 de septiembre, con la intención de que esto sea la punta de lanza de la creación de un Estado que cuente con reconocimiento de las Naciones Unidas.

En lo que llegó a ser catalogada como la primera posibilidad real de lograr su anhelada soberanía, desde que fracasaran dichos aprestos en las negociaciones tras bastidores durante la Primera Guerra Mundial, los kurdos fueron convocados bajo la pregunta “¿Quiere que la región del Kurdistán y las áreas kurdas fuera de la administración de la región se conviertan en un Estado independiente?”.

Dado que la mayoría de la población bajo el territorio autónomo kurdo responde a esta etnia, se preveía un resultado favorable a esta causa, lo que en efecto fue confirmado en las urnas con 92% de aprobación, correspondiente a 2,861,000 votantes a favor de un total de 3,300,000 que ejercieron el derecho al voto en las zonas de Duhok, Erbil, Halabja y Sulaymaniya y Kirkuk. A pesar de ello, el que hayan participado un 72.61% del electorado, no contribuyó a que la consulta popular fuera vinculante, además de que no existe un mecanismo legal para poder ejecutar dicha separación al estilo del “Brexit”.

Contrario a un apoyo internacional, la ONU, por ejemplo, ha insistido en que un proceso de independencia de Kurdistán no haría más que “apartar la atención de otros asuntos relevantes como la necesidad de derrotar al Estado Islámico”, mientras que dicho proceso fue duramente criticado por los gobiernos vecinos y por Bagdad.

De manera concreta, el gobierno iraquí se mostró firme en defender la unidad del país, a la vez que autorizó el envío de tropas a zonas bajo el dominio de las fuerzas kurdas, incluyendo Kirkuk, que está bajo el control de los Peshmergas desde el 2014, además del cierre del espacio aéreo. Por su parte, Irán mostró su decisión de clausurar el paso fronterizo, mientras el gobierno turco aprovechó para advertir a las autoridades kurdas que de persistir en sus planes independentistas, bloquearía todo flujo comercial con el Kurdistán iraquí, incluyendo el petróleo que es la principal fuente de ingresos de esta región.

Lo que para muchos resultó extraño, fue el apoyo entusiasta con que contó el referendo kurdo de parte de Israel, sin embargo dicho proceder muestra una coherencia histórica dada la estrecha relación que guardan ambos pueblos desde el siglo VIII a.C., con un pasado común que sobrevivió a la creación del Estado judío en 1948, donde actualmente viven unos 200,000 kurdos.

A pesar del furor inicial, el ejecutivo kurdo ha sido consciente de que no cuenta con el apoyo internacional que esperaba, destacándose la desautorización de Estados Unidos, a quien consideraban un aliado fundamental en el proceso. A su vez, la situación económica del Kurdistán iraquí está comprometida debido al colapso fiscal y falta de apoyo de Bagdad desde el 2014, lo que les hace depender casi exclusivamente del petróleo.

En definitiva, debido a la insostenibilidad de una independencia, el referendo ha sido catalogado como una aspiración muy propia de Barzani, para aprovechar la cierta popularidad internacional ganada a raíz de su protagonismo en la lucha contra el ISIS, evitando así que las aspiraciones kurdas queden nuevamente relegadas tras una posible solución del conflicto. Cierto o no, el tiempo se encargará de valorar la trascendencia de esta consulta popular.

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