Opinión

Thor: Ragnarok o el lado humano de la divinidad

La vida de aquellos superdotados -los llamados Dioses-, que se supone rigen a los frágiles seres humanos -y quienes por los poderes que poseen se colocan en lo más alto de la pirámide-, tiene muchas coincidencias con sus supuestos inferiores en cuanto a temperamento y forma de actuar. Lo que dicen los textos religiosos es que estamos hechos a su imagen y semejanza.

La mitología retrata a los dioses como vengativos y soberbios en algunas ocasiones y magnánimos o bondadosos en otras. Las contiendas y deseos de estos seres no se limitan a sus moradas celestiales, tomando a la tierra y sus habitantes como participantes, con derecho a voz, pero no a decidir por sí mismos.

Marvel nos presenta en esta ocasión, Thor: Ragnarok. Película en la cual el poderoso dios ha perdido su martillo y está prisionero en el planeta Saakar, enfrentándose en una contienda de gladiadores con su compañero Hulk. El Dios del Trueno tiene poco tiempo para evitar el Ragnarok y la destrucción de Asgard, por parte de la Diosa de la Muerte, Hela, su hermana.

Taika Waititi dirige y se apoya en los guionistas Eric Pearson, Craig Kyle y Christopher Yost, quienes se hacen cargo de este personaje basado en la historia creada por Stan Lee, Jack Kirby y Larry Lieber. Como todo dios que se respete, Thor tiene unos conflictos familiares bastante intensos que lo llevan a enfrentar situaciones en donde su poder es puesto a prueba.

Los personajes de esta película son desempeñados por Chris Hemsworth, Tom Hiddleston, Cate Blanchett, Mark Ruffalo, Idris Elba, Tessa Thompson, Benedict Cumberbatch, Karl Urban, Jeff Goldblum y Anthony Hopkins, entre otros. Un elenco de mucho peso para una obra que concita tantas expectativas en los fans del universo Marvel.

Los deberes de un dios

El director Waititi apuesta por una dosis de humor ligero no exenta de riesgos para balancear una historia que de otro modo se hubiese tornado oscura y depresiva. El conflicto entre Thor (Chris Hemsworth ) y Hela (Cate Blanchett), cubre tantos puntos sensibles que si se aplicaba el tono grave que muchos han echado de menos, las audiencias quizás no estarían respondiendo como lo han hecho.

El rebajar la oscuridad, no solo de Hela sino de Loki (Tom Hiddleston), le aporta fluidez a la historia, aunque parezca que se pierde el tono grave que toda obra de dioses debe llevar. Loki va y viene haciendo gala de ese oportunismo que es su marca de fábrica, pero extrañamos sus acciones menos simpáticas.

A muchos también les ha chocado ese tono “ochentoso” -y no solo en la música-, que impera en el planeta regenteado por El Gran Maestro (Jeff Goldblum) en donde cae Thor, siendo hecho prisionero por la Valquiria (Tessa Thompson). El dios caído se enfrenta a Hulk (Mark Ruffalo) en una lucha de gladiadores para deleite de los espectadores y el pánico de Loki.

Thor: Ragnarok es una radiografía de la lucha por el poder y lo que hay que hacer para acceder a él. El accionar del cuarteto Odin, Thor, Loki y Hela, puede parecerse a la versión ficcionada de las luchas intestinas de cualquier grupo por hacerse con el control de gobiernos o empresas. Heimdall (Idris Elba), La Valquiria o Skurge (Karl Urban), son los instrumentos sacrificables para mantenerse al mando, aquellos que se amparan en la obediencia debida para sobrevivir.

Entre las ambiciones de Hela y el esfuerzo de Thor por detenerla, está la población Asgardiana, amenazada con perecer en una hecatombe cósmica. Esto vuelve a recordarnos la historia de aquellos gobernantes que han sacrificado a sus pueblos en la persecución de sus ambiciones y de los otros que se han sacrificado a sí mismos para defenderlos.

Alguien pierde y alguien gana

El español Javier Aguirresarobe dirige la fotografía de esta película, haciendo gala de una sintonía con la buena iluminación, los encuadres y los movimientos de cámara entre austeros y ligeros, muy compenetrado -como debe ser-, con los requerimientos estéticos del director y de la historia.

Las actuaciones van desde la muy correcta de Chris Hemsworth, la destacada de Karl Urban como Skurge, las no muy convincentes de Mark Ruffalo o Tom Hiddleston, la fuera de tono de Cate Blanchett, el desperdicio de un Idris Elba como Heimdall, en un papel de poquísima participación e importancia, o la de un Jeff Goldblum que borda una interpretación interesante como El Gran Maestro.

Un punto a notar es el cambio de opinión de algunos personajes que no nos luce del todo convincente -y no es que no se pueda-, pero el proceso es demasiado accidentado o la explicación dramática no es muy sólida. Estos vaivenes podemos aplicárselos a La Valquiria o en menor grado a Loki, solo para citar dos casos.

Las opiniones de los espectadores han estado divididas, desde los que han asumido el humor de la película con gran satisfacción, hasta los que han salido no muy contentos de las salas. Aunque, si vemos los números de las taquillas, podemos darnos cuenta de que aquellos que están contentos son la gran mayoría.

El pecado original de la película es querer jugar, como el equilibrista, con demasiado cosas al mismo tiempo. A lo largo de ella podemos encontrar unos cuantos bajones de ritmo, sobre todo en las transiciones de las escenas de acción a las más tranquilas y viceversa.

Thor: Ragnarok es la historia de un conflicto entre dioses que pone en peligro a una civilización y que ha sido diseñada por Taika Waititi, con un humor que no es el usual en este tipo de producciones. Y aunque se le pueden señalar algunos desbalances, el filme cumple con entregarnos una entretenida batalla por la supervivencia.

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