Opinión

Un pld para el siglo XXI

Toda entidad de la Naturaleza y de la sociedad pasa por distintas etapas durante su vida, iniciando con el nacimiento, seguido de la etapa del desarrollo, luego le sigue la etapa productiva y, a esta le continua la renovación y finalmente la muerte o desaparición. La renovación suele ser un proceso de cambios y mejoras a la que debe ver sometida toda entidad para garantizar extender su vida útil.

Este mismo razonamiento le es aplicable al Partido de la Liberación Dominica, cuyo nacimiento se produjo en el año 1973 y desde este momento hasta el año 2000 pudiera ser considerado como la fase de su crecimiento y desarrollo; durante los años 2004 al 2020 tiene lugar la etapa productiva, con cuatro periodos de gobiernos ininterrumpidos y fecundos; sin embargo, ya exhibe importantes áreas de mejora que convocan hacia una renovación profunda.

Esta formidable organización política creada por el profesor Juan Bosch, con una mística y unos métodos de trabajo propio de un partido de cuadros, con una disciplina sólo equiparable con el Ejército Nacional y la Iglesia Católica, tenía como propósito continuar la obra del patricio Juan Pablo Duarte y Gregorio Luperón de liberar la nación dominicana de toda forma de dominio extranjero, así como también del atraso económico, social, cultural, político y demás taras sociales.

Por espacio de unos 23 años el partido se mantuvo escrupulosamente apegado a su disciplina, su mística, los métodos de trabajo y los principios de un partido de Liberación Nacional, propio del contexto histórico de guerra fría que vivía la humanidad con el enfrentamiento entre Oriente y occidente, protagonizada por Estados Unidos de Norteamérica (EE. UU.) y la otrora Unión Soviética (URSS). Todo comenzó a cambiar en el Partido de la Liberación Dominicana a partir del año 2000 en su sexto congreso ordinario “profesor Juan Bosch”, cuando se decide modificar la estructura de cuadros, abolir la formación política, masificar su padrón de miembros, dando apertura para que se inscribiera todo el ciudadano dominicano que así lo quisiera, hasta alcanzar un padrón que hoy registra a más de dos millones de miembros.

Mientras el Profesor Juan Bosch construía el PLD con esa visión revolucionaria y de liberación nacional, el mundo se tambaleaba a sus espaldas en un proceso de cambio radical en el ámbito de la economía, de la política y la sociedad, impulsado por la crisis económica y fiscal generada por la crisis del petróleo de la década del 1970. Esta crisis provocó una gran recesión económica, inflación, pérdida de empleos, crisis fiscal, aumento sin precedentes de la deuda pública, etc., cuyo impacto trajo consigo el fin a la guerra fría y, con esta el cuestionamiento y puesta en entredicho el Estado de bienestar en los países capitalistas, por un lado, mientras que del otro frente de guerra fría representado por la URSS, el régimen también se venía abajo, con la “caída del Muro de Berlín”.

El cuestionamiento al Estado burgués como gestor de la cosa pública en los países capitalista vino acompañado con una fórmula de matrícula anglo-norteamericana, que en el orden económico se conoce como “Neoliberalismo”, mientras que en el ámbito de la administración pública se le denomina “Gerencialismo”. Se trata de un modelo que cuestiona el papel del Estado como administrador de la cosa pública, es decir, al modelo burocrático o weberiano, al tiempo que recomienda la reducción de sus capacidades administrativas a simple regulador de los intereses económicos, sociales y políticos de la sociedad, así como la implementación en la administración pública de procedimientos extraídos del sector privado.

Este modelo económico y político vino emparejado de un conjunto de medidas antipopulares, como la privatización de las empresas del Estado, el despido masivo de servidores público, aumento del desempleo, mayor inflación de los bienes y servicios de uso masivos, etc., las cuales generaron el rechazo de la sociedad y el cuestionamiento a los gobernantes de turno en todo el mundo, especialmente en el contexto latinoamericano. En ese escenario nacional e internacional se estrena el primer gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, presidido por el Dr. Leonel Fernández Reina y actual presidente del partido de la Liberación Dominicana (PLD).

El 1ro de enero del año 2001 marca el inicio del Siglo XXI y consigo el fin a la crisis económica y social de finales del siglo XX y, se inicia una época en la humanidad caracterizada con un exponencial desarrollo de las tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), a la que se le ha dado en llamar de distintas maneras, unos la denominan la “cuarta revolución industrial”, otros les llaman “revolución informática”, “globalización”, en fin. Esta revolución tecnológica está impactando en todos los ámbitos de la humanidad: en lo económico, en lo social, en lo político y en lo cultural, a partir del desarrollo del internet y su aplicación en todo el quehacer humano.

Los aspectos de la sociedad en los que más impacta esta revolución de las Tecnología de la Comunicación y la Información (TIC), es justamente en la economía, la política, la cultura y en la gestión del propio Estado. El impacto de las TICs en la economía está provocando un desarrollo acelerado de las fuerzas productivas a niveles nunca antes vista, que se traduce en un aumento importante de la productividad; en la política el impacto de las TICs está generando un cambio en el sistema democrático, trasformando la democracia representativa y vertical en una democracia participativa y horizontal, de igual manera esta revolución tecnológica está forjando una cultura de la participación ciudadana en los asuntos de las políticas públicas, desde la formulación, planificación, implementación, evaluación y control, modificando incluso los métodos tradicionales de reclamos de los derechos sociales.

En lo que respecta a la administración del Estado, el impacto de las TICs se expresa en un cambio de paradigma, de un modelo burocrático-gerencial, populista, clientelista, opaco, rentista, patrimonialista, privatizador, neoliberal y de más, a un modelo neo-burocrático o Neo-weberiano en el que se conjugan lo mejor del modelo burocrático con lo mejor del Gerencialismo, destacándose la cultura de la calidad, la eficiencia, la eficacia, la transparencia, la meritocracia, la profesionalización, el monitoreo, la participación ciudadana, la gobernanza, el uso de las Tics, etc.

Siendo los Partidos políticos los instrumentos de la sociedad creados para gobernar y dirigir el Estado, es imperativo que estos instruyan a su militancia para gobernar el país, en base al conocimiento de los nuevos avances que el siglo XXI ha traído en el orden tecnológico, económico, político e institucional, o lo que es lo mismo, prepararse para la implementación de la democracia participativa y la gestión pública neo-weberiana o neo-burocrática, que son los nuevos paradigmas establecidos mundialmente como garantes de alcanzar el Desarrollo Sostenible de las sociedad en democracia.

El espíritu de la neo-burocracia y la democracia participativa en la Republica Dominicana se halla diseminada formalmente a través de un conjunto de normativas, tales como, la Ley 41-08 de función Pública, la Constitución del 2010, la Estrategia Nacional de Desarrollo (Ley 1-12), la ley Orgánica de Administración Pública (247-12), la Ley 107-13 sobre los deberes y derechos ciudadanos, entre otras, y en las cartas emitidas por el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD), de las cuales el país es signatario, como son; la Carta Iberoamericana de Función Pública (Santo Domingo, 2003); el Código Iberoamericano de Buen Gobierno (Montevideo 2006), Carta Iberoamericana de Gobierno Electrónico (Chile, 2007); Carta Iberoamericana de Calidad en la Gestión Pública 2008; Carta Iberoamericana de Participación Ciudadana en la Gestión Pública (Portugal, 2009); Carta iberoamericana de Gobierno Abierto (Colombia, 2016). A pesar de que todas estas normativas se han creado e implementado en los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), este como tal es el gran desconocedor de estos mecanismos propios de la democracia participativa y el nuevo paradigma de la administración del estado, la neo-burocracia.

El PLD fue creado con el objetivo de dar respuesta desde el gobierno a problemas sociales, económicos y políticos de la época de la guerra fría, en un país capitalista y tercermundista como el nuestro, y administrar un Estado en el que prevalecía el paradigma burocrático o weberiano; sin embargo, al llegar al gobierno en el 1996 los funcionarios que asumen el poder no tenían del todo claro que hacer en esa materia, de ahí que el gobierno se ve compelido a ceñirse a la agenda impulsada por los organismo internacionales y, es así como el primer gobierno del PLD cae ingenuamente en los brazos del Neoliberalismo y el Gerencialismo.

Siendo, así las cosas, el Partido de la Liberación Dominicana tiene el desafío de cara al Siglo XXI, de asumir como marco ideológico y estratégico la Democracia Participativa y la Neo-burocracia, estableciéndola como base doctrinaria, para poder legitimarse en la conciencia nacional y, estar a tono con las recomendaciones de los organismo multilaterales de cooperación que tienen como propósito garantizar el Desarrollo Sostenible en democracia de los países de “capitalismo tardío”, como lo denominara el profesor Juan Bosch. Otro desafío del PLD del siglo XXI consiste en someterse a una transformación profunda que lo lleve a redefinir su estructura orgánica y la condición de miembro, de conformidad a la nueva ley electoral y la ley de partidos y organizaciones políticas que se discute en el Congreso Nacional.

De aprobarse la nueva ley de partidos y organizaciones políticas y, con ella las primarias o elecciones internas de los partidos con el padrón de la Junta Central Electoral, habría que redefinir la categoría de miembros del partido, pudiéndose, incluso, volver a ser un partido de organismos y cuadros dirigentes, de generales como le llamara el profesor Juan Bosch en la etapa fundacional de la organización, ya que no sería necesaria la masificación de su padrón. Esto garantizaría que se pueda hacer carrera política a lo interno de la organización en base a un programa de formación y otras prácticas políticas claramente establecidas; sobre todo, renovando el liderazgo de forma democrática en cada congreso del partido en base a los méritos alcanzado de acuerdo con los perfiles establecidos en dicha carrera política.

La experiencia vivida por el PLD en las elecciones del año 1990 es el ejemplo más elocuente para justificar que no es necesario contar con un padrón millonario para ganar unas elecciones, sino, verdaderos cuadros dirigentes con influencia y respeto en la sociedad. Siendo unos seis (6) mil miembros aproximadamente en el Partido de la Liberación Dominicana de entonces, fuimos capaces de conquistar y movilizar la voluntad popular alrededor del partido y su líder de siempre el Profesor Juan Bosch, y ganar de forma abrumadora las elecciones de ese año a pesar del fraude que impidió que nuestro candidato gobernara la nación dominicana.

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