Hablan los hechos

¿A quiénes beneficiaría la reforma tributaria de Trump?

El congreso de EE.UU. acaba de aprobar una reforma tributaria consistente en una rebaja impositiva promovida por Trump, el cual al concretarse implicaría la mayor desde la de 1986 del ex presidente Ronald Reagan. Literalmente esta reforma supone una significativa bajada de impuestos de los últimos 30 años pero también un aumento importante del déficit presupuestario.

Los planes de la reforma tributaria aprobada por el Congreso de los EE.UU. en principio puede significar menos impuestos sobre el segmento más rico de los asalariados, y menos impuestos sobre los beneficios de las grandes corporaciones multinacionales.

Los planes de la reforma tributaria aprobada por el Congreso de los EE.UU. en principio puede significar menos impuestos sobre el segmento más rico de los asalariados, y menos impuestos sobre los beneficios de las grandes corporaciones multinacionales, aunque esto, por sí solo, no impulsará la inversión o el crecimiento como se ha pretendido hacer creer. En tal sentido se argumenta que reducir los impuestos a las grandes empresas atraería capital extranjero a EE.UU., lo cual aumentaría la inversión, que a su vez aumentaría la productividad, y esta productividad se reflejaría finalmente en una subida de salarios.

Al respecto, el laureado economista norteamericano y premio nobel de economía Joseph Stiglitz interpreta que “en realidad, hay múltiples razones para no creer mucho esta explicación, desde el hecho de que buena parte de la renta empresarial que gravamos representa beneficios monopolistas hasta el puro tamaño de la economía estadounidense, que no puede atraer una gran cantidad de capital extranjero sin hacer que suban los tipos de interés en todo el mundo”. Criterios estos que se profundizan si se considera el hecho de que la tasa oficial de impuestos federales de EE.UU. sobre las ganancias corporativas es de 35 % y cuando se adicionan los impuestos estatales, la tasa se eleva al 39 %.

Pero es que en sentido general, los recortes de impuestos reducirán los ingresos tributarios al gobierno federal en U$S 160,000 millones, o el 0,8 % del PIB.

En la reforma tributaria que Trump ha impulsado, sus pretensiones apuntan a reducir la tasa federal al 20 %. Sin embargo, resulta que una vez que se tienen en cuenta varias exenciones y subsidios, más la provisión para transferir las pérdidas en un año y deducir las utilidades en otro año, la carga tributaria efectiva sobre la corporación estadounidense promedia un 27 %, lo que sitúa la tasa estadounidense cerca del promedio global.

En adición, hay que resaltar que la reforma planteada del impuesto sobre la renta, recortes, también ayudarán a los más ricos. Las tasas de impuestos individuales serán de 12 %, 25 % y 35 %, y el plan recomienda un recargo adicional para los más ricos, aunque no establece los niveles de ingresos a los que se aplicarán las tasas, por lo que no queda claro cuánto del recorte de impuestos se destinará a una familia promedio.

En la reforma tributaria impulsada por la casa blanca, habrá un recorte en los impuestos sobre las ganancias de capital. En los hechos, esto se traduce en que un reducido número de personas serian los mayores beneficiados, en particular, aquellas parejas que tienen fincas mayores de U$S 10,8 millones, pues ha salido a relucir que el propio Trump será beneficiado, en virtud de que su patrimonio neto estimado en U$S 3.000 millones, le significaría ahorrar U$S 564 millones anual.

La afanosa reforma tributaria que promueve Trump implica un aumento del déficit presupuestario de EE.UU. por el orden de 1,5 billones de dólares en la próxima década.

Pero es que en sentido general, los recortes de impuestos reducirán los ingresos tributarios al gobierno federal en U$S 160,000 millones, o el 0,8 % del PIB. En otras palabras, eso reducirá a la mitad la contribución del impuesto de sociedades al gobierno, que buscará lograr que el resto de los contribuyentes naturales, o personas fisicas, sean quienes paguen esa brecha.

A la luz de la razón, la afanosa reforma tributaria que promueve Trump implica un aumento del déficit presupuestario de EE.UU. por el orden de 1,5 billones de dólares en la próxima década que él considera fundamental para revitalizar la actividad económica y acelerar el crecimiento anual del país por encima del 3%. El epicentro de la reforma tributaria de ese pais es una reducción impositiva a las empresas del 35% al 20%, en contraposición con los beneficios a la ciudadanía ya que se estima que tan solo el 44% de los estadounidenses verán una reducción anual de más de 500 dólares.

En los hechos, esto se traduce en que un reducido número de personas serian los mayores beneficiados, en particular, aquellas parejas que tienen fincas mayores de U$S 10,8 millones.

Las evidencias empíricas establecen que en la medida en que este tipo de reforma tributaria lograría sus objetivos y tener algo de sentido, sería a muy largo plazo. Pues en el corto plazo, atraer dinero extranjero mediante una reducción del impuesto de sociedades fortalecería el dólar, lo que implicaría que se ralentizaría el ritmo de inversión extranjera porque haría parecer caros los activos estadounidenses.

Pero resulta que el fortalecimiento del dólar supondría también un gran aumento de los déficits comerciales, una consecuencia de las rebajas de impuestos. Por tanto, Stiglitz entiende que “siendo realista, los beneficios proporcionados por la rebaja del impuesto de sociedades irían a parar en su gran mayoría a los beneficios netos y no a los salarios, sobre todo los primeros años, y probablemente durante una década o más, y esto, a su vez, significa que los principales beneficiarios serían los accionistas, no los trabajadores”.

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