Hablan los hechos

Bachelet y las elecciones chilenas

Dos semanas han transcurrido, desde que domingo 19 de noviembre en Chile se celebrara la primera vuelta de unas elecciones impredecibles, en las que las encuestas daban cómoda ventaja al candidato de derecha y exmandatario, Sebastián Piñera, mientras las previsiones sobre los niveles de abstención crecían, combinándose con la entrada en escena de nuevos actores políticos y un reformado reglamento electoral.

No obstante, previo a pasar balance a los resultados de estos comicios, resulta preciso ponderar lo que ha sido el devenir del segundo y último mandato de Michelle Bachelet, considerada la “mujer más poderosa de América Latina” según la revista Forbes, a la vez que en su currículo ostenta el haber sido la primera mujer en ser presidenta de Chile (2006-2010) y la primera directora de ONU Mujeres (2010-2013). A lo anterior se agrega su influencia regional, palpable en escenarios como la UNASUR; acompañamiento de las conversaciones de paz en Colombia; y la Comisión para el mantenimiento de la paz en Haití.

De hecho, al término de su primer mandato, el cual estuvo cargado de reivindicaciones de carácter social, Bachelet logró obtener una aprobación del 80% de los chilenos, ponderación positiva que se correspondía con su valoración internacional. Sin embargo, habiendo llegado al ocaso de su segundo periodo de gobierno el panorama presenta notables contrastes, debido a que las encuestas a lo interno del país le confieren apenas un 25-30% de aprobación.

A pesar de ello, a nivel regional el actual gobierno de Bachelet es visto como un referente de transformación, voluntad y determinación, ubicándose como la tercera mandataria mejor valorada de Latinoamérica (69%), detrás de Juan Manuel Santos y Mauricio Macri. Los datos proporcionados por la encuestadora Ipsos resultan interesantes, y traen a colación la cita bíblica de Lucas 4:24, donde Jesús exclamó: “ningún profeta es aceptado en su propia tierra”, esto así, debido especialmente a que al igual que Bachelet, Santos actualmente tiene una alta tasa de rechazo entre sus conciudadanos, a pesar de haber impulsado procesos transformadores en la sociedad colombiana.

Volviendo a Chile, desde el análisis internacional el actual gobierno es visto como un modelo de proyecto a largo plazo, con ambiciosas reformas que lo ubican entre los más importantes desde el restablecimiento de la democracia en 1990, pero cuyas medidas han tocado fibras sensibles e intereses de una clase dominante prominentemente conservadora. Esta especie de choque ideológico se hizo evidente con la puesta en marcha de un programa de reformas, que tenía por finalidad sacudir a la sociedad chilena de un sistema heredado de la dictadura de Pinochet, dando paso a una necesaria modernización e instauración del estado de bienestar. Las iniciativas gubernamentales puestas en marcha incluyeron el aspecto político, educativo, económico, social, tributario, y electoral. Entre estos destacarían: el aumento de impuestos a las grandes empresas y eliminación de exención impositiva sobre ingresos totales a empresarios; aprobación del aborto en tres casos especiales; eliminación del sistema electoral binominal, que afectaba las aspiraciones de partidos pequeños; y la aprobación del acceso gratuito a colegios y universidades, eliminando el elitismo y exclusión.

Paradójicamente, al tiempo que se iban poniendo en marcha estas reformas de carácter reivindicativo, la economía de esta nación suramericana sufrió una desaceleración (a razón de un 2% anual), lo que para muchos chilenos tuvo que ver con los efectos colaterales de las medidas de Bachelet, pero que en verdad respondían a factores externos como por ejemplo la caída de los precios del cobre, principal fuente de ingreso de este país. También el actual gobierno se vio perjudicado por la percepción de altos niveles de corrupción, siendo uno de los casos más notorios el que involucraba en tráfico de influencia a su hijo y nuera. No obstante, es probable que el mayor de los inconvenientes en cuanto a la falta de consenso sobre las bondades de las reformas implementadas, estuviera en la falta de comunicación y retroalimentación desde el gobierno, a la vez que los resultados de muchas de estas iniciativas solo se percibirán con el tiempo.

Es en este contexto que los chilenos se abocaron a elegir un nuevo mandatario, en unas elecciones que partían con un récord de ocho candidatos presidenciales, donde, la disputa real se dio entre el expresidente Sebastián Piñera de la formación centroderecha “Chile Vamos”, y el oficialista Alejandro Güillier, quien encabeza al centroizquierda “Nueva Mayoría”.

Según los resultados preliminares, a pesar de que se pronosticaba que Piñera obtendría un 44% de los votos, el exmandatario y empresario chileno obtuvo un 36.64%, mientras Güillier sólo alcanzó a obtener un 22.70%. Este resultado, que por demás dejaba las puertas abiertas a una inevitable segunda vuelta el próximo 17 de diciembre, reflejaba la entrada en escena de una tercera e inesperada figura llamada Beatriz Sánchez del Frente Amplio, quien a pesar de haber sido proyectada en las encuestas con un 10%, logró obtener un 20.27% que le coloca en posición de negociar e incidir en la segunda vuelta.

Además del fallo en las estimaciones sobre los resultados de Piñera y Sánchez, otra de las fallas estuvo en las previsiones sobre el nivel de abstención, el cual rondó un 54%, es decir, más de la mitad de los chilenos habilitados para ejercer el voto no lo hicieron. En términos numéricos, podríamos indicar que de 14.3 millones de electores en territorio chileno sólo ejercieron el sufragio unos 6.6 millones, mientras que de 39,137 en el exterior sólo votaron 22,990 (modalidad que se inauguró para estas elecciones).

Además de las presidenciales, las elecciones también abarcaron a diputados, parte del Senado y consejeros regionales, aplicándose por primera vez un tope de candidaturas por género, donde ni hombres ni mujeres pudieran superar el 60% de las candidaturas, teniendo como resultada un record de candidatas que alcanzó el 39.5% del total.

Resulta interesante el escenario que se perfila de cara a la segunda vuelta electoral, la cual enfrentará nueva vez a Sebastián Piñera y Alejandro Güillier, pero que ahora tendrá como pieza clave las negociaciones que puedan surgir con el Frente Amplio de Beatriz Sánchez. Estaremos analizando más adelante las incidencias al respecto, mientras se anticipa que pueden ser las elecciones más reñidas desde el proceso que enfrentó a Joaquín Lavín y Ricardo Lagos en el 2000.

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