Hablan los hechos

Honduras: Incertidumbre económica y política

En el contexto de la economía Latinoamericana, Honduras es la décimo octava economía de Iberoamérica en términos del PIB cuya dinámica tiene como base primaria la producción de Banano, Café y palma Africana a nivel de toda la región. En esas perspectivas, ese pais es considerado de ingreso medio-bajo que enfrenta los niveles más altos de desigualdad económica de la región y donde han prevalecidos altos niveles de crimen, violencia e inseguridad ciudadana.

Este malestar socioeconómico está explicado en una alta proporción en el hecho de que del total de los 9, 112,867 de personas que conforman su población, cerca del 66 por ciento vive en la pobreza al 2016, y donde en las zonas rurales aproximadamente uno de cada 5 hondureños viven en pobreza extrema, o con menos de US$1.90 al día. En adición, el índice de desarrollo humano exhibido por ese pais muestra que el nivel de vida de sus habitantes tiene una mala calidad de vida, el cual se manifiesta en que al menos unos 128 mil hogares más pobres, retrocediendo 20 años de lucha contra la pobreza.

Los shocks externos y la crisis económica han creado un ambiente favorable para que Honduras se haya convertido en un país de alta vulnerabilidad, generándose así una gran incertidumbre en las expectativas de los ciudadanos.

Los shocks externos y la crisis económica han creado un ambiente favorable para que Honduras se haya convertido en un país de alta vulnerabilidad, generándose así una gran incertidumbre en las expectativas de los ciudadanos. Tal situación tiende a profundizar su malestar por el inocultable deterioro institucional y de la democracia hondureña, fruto del estado de ilegalidad que se ha vivido desde 2009, con la ruptura del orden constitucional, que también perjudica la inversión nacional y extranjera, dado que desaparece la seguridad jurídica, fundamental para un clima de negocios adecuado.

En la actual coyuntura de lo que se trata es de una economía estancada que sobrevive por las remesas de los emigrantes y el narcotráfico. Pero resulta que en medio de esta crisis económica y social, miles de trabajadore/as se van en busca de empleo a EEUU o España y, simultáneamente, convive con una espiral de delincuencia, crimen organizado y homicidios amparados en casi total impunidad y la indiferencia ante los actos de corrupción que infecta a toda la sociedad.

En pleno Siglo XXI la debilidad estructural de la economía Hondureña ha estado muy influenciada por las remesas, convertidas en la principal fuente de ingreso de divisas y que contribuyen a disminuir el déficit comercial y ayuda al pago de la deuda externa, fruto de la migración masiva hacia EEUU, y en que para el año 2016 ascendían a U$S 3,453.20 millones, superando las exportaciones totales. Aunque estas juegan un papel fundamental en el ingreso de las familias compensando el desempleo y los bajos salarios, pero económicamente no contribuyen a fortalecer la economía ya que se invierte en gastos de consumo, en muchos casos importados.

A raíz del golpe de Estado del 2009, en Honduras se agudizó la debilidad institucional que permitió que el régimen quedara con las manos libres para vulnerar la democracia e implementar fuertes ajustes de corte neoliberal.

A raíz del golpe de Estado del 2009, en Honduras se agudizó la debilidad institucional que permitió que el régimen quedara con las manos libres para vulnerar la democracia e implementar fuertes ajustes de corte neoliberal. En efectos, las medidas de politica económica implementadas condujeron a una mayor transferencia de ingresos de los asalariados a favor de las elites, un acelerado proceso privatizador de empresas y servicios públicos que redujo el aparato del Estado, una agresiva política fiscal desfavorable a los sectores mas vulnerables y un acelerado endeudamiento público.

La situación económica de Honduras ha llegado a los límites de maniobrar ante una población que se ha sumido en la desesperanza e incertidumbre de un futuro lleno de dudas y nubarrones agravados por la corrupción en el Estado, debilidad institucional y crisis politica inmanejable. A tal situación se le agrega el excesivo endeudamiento público, cuya composición está distribuida en un 67% en moneda extranjera de la cartera total de deuda y en moneda nacional en un 33% de la cartera total, de la cual, el 74% de las préstamos adquiridos, que componen la cartera total de deuda, se encuentra a tasa fija, mientras que un 26% es a tasa variable, evidenciando un alto riesgo de volatilidad en las tasas de interés.

Se aprecia que Honduras ha caído en una zona de alto riesgo económico y político para la democracia, como resultado de la profundización de la crisis económica y politica que presenta la actual coyuntura de esa nación.

El saldo de la deuda externa de la administración central de Honduras alcanzó un incremento del 12% respecto al cierre de 2016, equivalente a un 31% del PIB. El Saldo insoluto de la deuda externa del gobierno central por tipo de acreedor están distribuidos en un 59 % en manos los organismos Multilaterales, el 27%, en manos de tenedores de Bonos, los acreedores Bilaterales participan con un 9% y el restante 5% se encuentra en manos de Bancos Comerciales y otras instituciones financieras y proveedores.

Es en ese contexto que se aprecia que Honduras ha caído en una zona de alto riesgo económico y político para la democracia, como resultado de la profundización de la crisis económica y politica que presenta la actual coyuntura de esa nación. Pero la situación es mucho peor ya que en el año 2015 la actual administración impuso, mediante mecanismos cuestionados, que la corte constitucional diera apertura, por primera vez, a la reelección presidencial en una democracia que apenas se conoce desde principio de la década de los 90s, luego de regímenes dictatoriales- militares.

La estocada mortal que se ha dado a la democracia Hondureña ha provocado un cuestionamiento y rechazo a unos resultados calificados como de fraudulentos por la precariedad de los mismos.

La estocada mortal que se ha dado a la democracia Hondureña ha provocado un cuestionamiento y rechazo a unos resultados calificados como de fraudulentos por la precariedad de los mismos, expresados en un 42,98% para el actual presidente, Juan Orlando Hernández, frente a un 41,39% de Salvador Nasralla. Estos resultados ponen de manifiesto que los hondureños rechazan la violación a la Constitución, creándose una coyuntura política, post electoral, que no solo afecta a los ciudadanos y a la economía de ese pais, sino que genera intranquilidad en los diversos sectores por el impacto destructivo que esto tiene en la democracia, sometida a una crucifixión.

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