Hablan los hechos

El poder de decisión de los peledeístas es clave para la democracia dominicana

El Partido de la Liberación Dominicana tiene la responsabilidad de cuidar su vida institucional por ser el principal sostén del sistema partidista en la democracia de este país.

Obviamente, la importancia de los partidos políticos es primordial, ya que indudablemente, sin su presencia no hay democracia real.

República Dominicana atravesó la dictadura de más de 30 años de Rafael Leonídas Trujillo; el ensayo democrático encabezado por nuestro líder histórico, Juan Bosch, en 1963, abortado por la reacción nacional y el poder foráneo y la Guerra de Abril de 1965.

Posteriormente, vino el traumático periodo de 12 años de Joaquín Balaguer, caracterizado por violencia y convulsiones sociales; la parálisis económica tras las gestiones del Partido Revolucionario Dominicano, entre 1978 y 82, y el regreso de Balaguer, por otros 10 años.

Para financiar su intenso programa de inversiones, Balaguer utilizó la mayor parte del Presupuesto, lo que conllevó una dura crisis económica expresada en desabastecimiento e inflación a principios de los años 90.

Como paso necesario al solventar y sofocar esa crisis, el régimen de Balaguer introdujo un programa de reformas económicas severas, que constriñeron la calidad de vida de la mayoría de ciudadanos.

Es así como en 1996 el PLD, con Leonel Fernández de candidato presidencial, llega por primera vez al gobierno.

Dada la falta de experiencia del entonces muy joven jefe del Estado, y de la organización que le sustentaba, las apuestas eran de que la gestión sería un fracaso y que probablemente colapsaríamos antes de cumplir el periodo de cuatro años.

Sin embargo, el primer gobierno del PLD dejó como resultado logros cuantiosos en los órdenes de Inversión, con la construcción de imponentes obras viales, hospitales, escuelas y de toda índole; Gasto Social con un salto descomunal en la Educación, Salud y ayudas a sectores desvalidos.

Igualmente, la primera gestión PLD impulso la transformación institucional del país, mediante la reforma del sector público, expresada en la modernización de servicios como Pasaportes y Licencia de Conducir; se adecentaron los salarios de los servidores públicos y las dependencias estatales se hicieron más cómodas y eficientes.

En el campo internacional, en menos de cuatro años, la República Dominicana salió de su aislamiento y el gobierno de Leonel Fernández abrió nuevos caminos a nuestra diplomacia que a partir de entonces hace sentir nuestra presencia como nación en el ámbito de los organismos multilaterales.

Son muchos los logros a enumerar en todas las vertientes, pero sin duda, desde la primera gestión peledeista, se estampó el sello que caracteriza el accionar del PLD, su marca desde el Estado: Estabilidad macroeconómica, combinada con crecimiento y baja inflación.

La estabilidad

Como si de advertir a los dominicanos que el peligro siempre asecha, en el año 2000, la composición del espectro político prevaleciente todavía en esa época, permitió el ascenso al poder de un candidato díscolo e incapacitado para gobernar, Hipólito Mejía con su PPH.

Nótese, que la sabiduría y perspicacia política del pueblo dominicano es tal, que nunca le ha concedió la mayoría absoluta de sus simpatías a ese sector político avieso e inicuo, ya que aunque la actitud desprendida del PLD y su candidato de entonces, Danilo Medina, propició una salida al impasse, lo cierto es que los adversarios no alcanzaron el 50 por ciento más uno de los votos requeridos.

Desde el gobierno, la hoy oposición fue la antítesis de la exitosa primera gestión del PLD, por ejemplo, en lugar de garantizar las libertades y la participación democrática, la atropellaron, y no dudaron en ejercer presiones y persecuciones contra sectores en conflicto, entre ellos, comunicadores.

Desde apresar a productores agrícolas humildes, incluso, trasladándolos en helicópteros, hasta amenazar, ultrajar y restringir la labor de periodistas de todo el país, por el simple hecho de cumplir su función de informar y orientar.

Concomitantemente, la nación asistía azorada a un desparpajo en la función pública, donde el propio jefe del Estado era una especie de bufón, o visitante impenitente e incómodo en lugares de trabajo donde no le esperaban, mientras incumplía su labor de gabinete y operativa en la cosa pública.

Empero, la hecatombe sobrevino cuando el afán continuista de aquel nefasto mandatario le llevó a emprender un proyecto de reelección que metió sus manos de lleno en el sector financiero y sin ninguna justificación obtuvo alforjas llenas de “contribución para la campaña”.

De esta manera, se logró viabilizar una “reforma constitucional a la medida” para sobrellevar el proyecto reeleccionista, pero el costo para el país fue inmenso e inmediato.

La quiebra sucesiva de tres grandes entidades bancarias, la pérdida del ahorro colectivo y la devaluación inmisericorde de la moneda nacional, que llevaron de bruces a la pobreza absoluta a un millón y medio de ciudadanos.

La manera poco ortodoxa en que se enfrentó la crisis, provocó un déficit cuasi fiscal que comprometió las finanzas nacionales por los próximos años, por lo que la mayor parte del Presupuesto tuvo que ser dedicado al pago de deudas internas e internacionales.

Golpe de confianza

Entre inicio de 2004, y los albores de mayo de ese año, la presencia dominante en las encuestas del candidato del PLD, Leonel Fernández, gravitó de tal manera en la conciencia del país, en particular, entre los inversionistas y sectores productivos, que el peso experimentó una mejoría excepcional, al recuperar gran parte de su valor frente al dólar y demás divisas.

Tanto así, que la seguridad de un triunfo electoral del PLD y de Fernández, y su posterior concreción en primera vuelta de los comicios de mayo de 2004, llevaron al peso a elevar su cotización frente al dólar a 25 por uno, desde el 60 por uno en que se había hundido.

A partir de entonces, el PLD se ha consolidado en el gobierno, con triunfos electorales contundentes y consecutivos, sobre la base de su buen desempeño en los distintos estamentos: Municipal, Congresual y Ejecutivo, en particular en este último.

En esa escala ascendente, el PLD ha obtenido del pueblo el respaldo necesario para reelegir en primera vuelta, tanto al Presidente Leonel Fernández, en 2008, como al actual mandatario, Danilo Medina, quien repitió en 2016.

Actualmente, está pendiente la escogencia por parte de los miembros del PLD del candidato presidencial para 2020, así como las ofertas para los niveles Congresual y Municipal (programada ésta para febrero de 2019), y nuestra organización se proyecta desde ya como la segura ganadora.

PLD y sistema de partidos

La Democracia se concibe como la competencia política con miras al ejercicio del poder, y esa es una premisa a tener en cuenta en todo momento, ya que para que exista realmente es imprescindible concebirla dentro de un clima en donde tengan cabida los partidos políticos y en igualdad oportunidades de luchar por alcanzar la dirección del Estado.

Por ello es tan significativo que el Partido de la Liberación Dominicana se mantenga presente tras 44 años de historia, cada día con mayor representación en la sociedad quisqueyana, en tanto referente de estabilidad y desarrollo constante como organización política.

Resulta indispensable que las personas no solo puedan pronunciarse y expresarse en términos de sus consideraciones y preferencias, sino asociarse en propósitos comunes y tomar decisiones colectivas en función de sector político determinado.

El pluralismo es un factor de la democracia, y la posibilidad de contar con partidos que reflejen y canalicen las distintas visiones sobre la sociedad y hacer valer su legítimo derecho a buscar el poder, es uno de sus requerimientos.

Las ideas son relevantes en el objetivo de estructurar planes y planteárselos al electorado, previa discusión y aprobación de los organismos internos.

Un partido progresista, como el PLD, está compelido a permitir a la expresión activa de sus miembros y dirigentes en toda situación planteada que comprometa el rumbo de la nación.

Asociar las ideas con una determinada alternativa a presentar ante la consideración del país en general, es precisamente la justificación de agrupar a una diversidad de personas en torno a un partido político.

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