Opinión

Tic Tac petrolero

Como quiera que sea existe una verdad incuestionable: Siendo la economía petrolera un motor vital para el impulso de las actividades productivas, comerciales y financieras a escala planetaria, el comportamiento de los mercados energéticos internacionales ejerce notoria influencia en el ritmo de la economía mundial.

Cuando un país depende en grado significativo de la economía petrolera podríamos estar en presencia de un Estado cuya suerte presupuestal se encuentre conectada a los vaivenes de los precios internacionales del crudo.

La lógica de la economía en la relación oferta/demanda de un bien o servicio determinado hace suponer que cuando un país depende mucho de las exportaciones de producto para la captación de las divisas necesarias para pagar importaciones o poder efectuar los pagos (egresos) de partidas presupuestales llega a experimentar fuertes presiones fiscales sobre las políticas públicas del Gobierno durante una coyuntura de precios bajos del producto exportable, situación que tiende a perjudicar el balance de las cuentas nacionales.

La volatilidad (vaivenes) en los precios del petróleo (así como de cualquier otra materia prima o commoditie) suele crear brechas fiscales que impactan adversamente en los ingresos del Estado, limitando así la capacidad financiera del sector público para impulsar programas de inversiones en infraestructuras para mejorar la capacidad productiva de la economía, así como incrementar el gasto social para mejor la calidad de vida de la población.

Lo dicho precedentemente se podría apreciar mejor si llegase a registrarse, por ejemplo, una disminución en el ritmo de crecimiento de la economía. Entonces la demanda del petróleo por parte de los consumidores marchará a pasito lento impactando en el ritmo del crecimiento económico y en la creación de empleos. Es obvio que ocurriría lo contrario en caso de crecer más la economía interna y de su entorno externo, incrementándose más la demanda de productos energéticos.

Lo que queremos precisar de forma categórica es lo siguiente: existe una estrecha vinculación entre el desempeño de la economía y el comportamiento de los precios del petróleo, aunque conviene cuidarse mucho de caer en conclusiones irrefutables que dejen de tomar en cuenta la gravitación de factores geopolíticos y hasta medioambientales en el comportamiento de los ciclos de la economía que se manifiesta en las fases de auge, estancamiento, recesión, crisis…

Cuando los precios del petróleo iniciaron su caída fuerte a mediados del 2014 economistas del Fondo Monetario Internacional (FMI), tales como Maurice Obstfeld, Gian Maria Milesi-Ferretti y Rabah Arezki, mostraron su desconcierto ante una economía mundial que no daba signos sostenidos de recuperación: “Creíamos que estas disminuciones de precios serían beneficiosas para la economía mundial, dado que si bien obviamente resultarían nocivas para los exportadores, reportarían ventajas a los importadores, con lo cual se contrarrestaría ese efecto con creces”.

Es obvio que las variaciones de precios no sólo del petróleo, sino de otras materias primas, impactan (para bien o para mal) en los costos de producción de todos los bienes y servicios que sean demandados por los consumidores, modificando los precios de éstos al ser adquiridos en el mercado.

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