Medio Ambiente

Cierra década con marcadas incidencias del cambio climático

Por Cira Rodríguez César*

Cuando el 31 de diciembre cierre el 2019 también terminará una década marcada por registros de calor excepcionales, el retroceso de los hielos, subidas del nivel del mar sin precedentes a nivel mundial, y cambios exacerbados por las emisiones de gases de efecto invernadero fruto de la actividad humana.
Casi con toda certeza los expertos señalan que las temperaturas medias de la década (2010-2019) serán las más elevadas desde que se tiene constancia, y todo apunta a que 2019 será el segundo o tercer año más cálido en los registros.
Tales datos son confirmados por dos informes publicados en la recién 25 Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP25, los cuales plantean que en la misma medida que aumenta la temperatura media de la tierra, con catastróficos resultados para la vida en el planeta, incluida la salud, los seres humanos siguen sin adoptar soluciones eficaces para detener o mitigar sus efectos.
Uno de los textos, la Declaración sobre el estado del clima mundial 2019, de la Organización Meteorológica Mundial, destaca que las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzaron un nuevo máximo histórico de 407,8 partes por millón en 2018, y en 2019 no dejaron de aumentar.
Ese gas permanece en la atmósfera durante siglos, y en los océanos durante períodos todavía más prolongados, de modo que perpetúa el cambio climático.
También se ha constatado que, desde 1993 cuando se empezaron las mediciones satelitales, la subida del nivel del mar se aceleró por la fusión de los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida.
Asimismo, el calor acumulado en las aguas oceánicas ha alcanzado niveles sin precedentes con olas de calor marinas generalizadas.
Además, la acidez del agua del mar aumentó un 26 por ciento desde el inicio de la era industrial, lo cual ha resultado en la degradación de ecosistemas marinos de vital importancia.
Otro dato relevante, el valor mínimo de extensión diaria del hielo marino en el Ártico de septiembre de 2019 fue el segundo más bajo desde que se tienen registros satelitales, y en octubre también se establecieron récords de extensión mínima; mientras en la Antártida, las extensiones de hielo registraron valores mínimos sin precedentes en algunos meses del presente año.

Cambio climático a ritmos acelerados

Las predicciones sobre el cambio climático se proyectaban más allá de las generaciones que lo iban a vivir, pero el calentamiento global está llegando más rápido de lo previsto.
Como resultado la temperatura global promedio se estima actualmente en 1,1 grados Celsius, un grado más por encima de los tiempos preindustriales (1850-1900) y las consecuencias ya se aprecian: los fenómenos climáticos extremos y anómalos son más intensos y frecuentes con todas las consecuencias que ello conlleva.
«Las olas de calor y las inundaciones que solían producirse una vez cada 100 años son cada vez más frecuentes. Los efectos de ciclones tropicales de una intensidad devastadora se sienten desde las Bahamas hasta el Japón, pasando por Mozambique, y los incendios forestales arrasan grandes zonas del Ártico y Australia», afirmó el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial, Petteri Taalas.
En su opinión no es nada comparado con lo que puede llegar a ser, por lo que considera que «si no adoptamos medidas urgentes para combatir el cambio climático ahora, todo apunta a un aumento de la temperatura de más de tres grados de aquí a finales de siglo, y sus consecuencias para el bienestar de la humanidad serán todavía más perjudiciales».
De ahí la afirmación de que se está muy lejos de cumplir el objetivo del Acuerdo de París sobre cambio climático de mantener la temperatura media de la tierra por debajo de los dos grados centígrados.

Amenazas para la salud

Precisamente este es uno de los principales acápites recogidos en la mencionada Declaración, por el impacto en ella de los fenómenos meteorológicos y climáticos.
Basta mencionar que las mismas emisiones de gases que producen el efecto invernadero y la contaminación del aire originan la muerte prematura de siete millones de personas al año.
Además, solo en 2018, la cantidad de adultos vulnerables de más 65 años expuestos a olas de calor creció en 220 millones, respecto a la media entre 1986 y 2005.
De ahí que proteger la salud humana de los efectos del cambio climático es más urgente que nunca. No obstante, la propia Organización Mundial de la Salud destaca que solo uno de cada cinco países ha diseñado estrategias para mitigar los efectos de este fenómeno.
En un estudio de más de 100 naciones, esta agencia de la ONU señala que únicamente el 38 por ciento cuenta con recursos para ejecutar parcialmente su estrategia nacional en materia de salud y cambio climático, y menos del 10 por ciento destina recursos suficientes para su plena ejecución.
La doctora María Neira, del Departamento de Salud Pública de la OMS, resaltó la necesidad de que la salud esté mucho más presente en las decisiones y las medidas para luchar contra el cambio climático, porque está teniendo un impacto muy negativo en la salud de las personas.
No se puede olvidar tampoco sus efectos en el acceso a la alimentación, las migraciones, y sobre los ecosistemas y la vida marina.
Todo ello se traduce en el reciente incremento del hambre en el mundo y en una de las causas principales de crisis graves. Tras una década de reducción constante, el hambre experimenta un repunte con más de 820 millones de personas sufriendo ese flagelo.
En 26 de los 33 países afectados por crisis alimentarias en 2018, la variabilidad del clima y los fenómenos meteorológicos extremos fueron -junto con las perturbaciones económicas y las situaciones de conflicto- aspectos que agravaron la coyuntura imperante y causa de serias situaciones.
Entre enero y junio de 2019, se registraron más de 10 millones de nuevos desplazamientos internos, siete millones fueron provocados por sucesos climáticos peligrosos, como el ciclón Idai en el sureste de África, el Fani en Asia meridional, el huracán Dorian en el Caribe y las inundaciones en la República Islámica del Irán, Filipinas y Etiopía.
Tales episodios generaron entre la población apremiantes necesidades humanitarias y de protección, por lo que es cada vez menos comprensible que la recién COP25 concluyera sin entendimientos ni resultados concretos, y si con muchas decepciones.

*De Prensa Latina

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