Opinión

De Johnson a Trump: “Impeachment” y RD

El “impeachment” o juicio político al que ha sido cometido el presidente Donald Trump, el pasado 19 de diciembre, por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, coloca al gobernante y al país en una dinámica compleja en un año electoral, al tiempo que nos recuerda que el primer presidente de ese país que enfrentó ese procedimiento constitucional a mediados del siglo XIX, Andrew Johnson, intentó arrendar o comprar la bahía de Samaná y se propuso, además, anexar la isla de Santo Domingo (Haití y la República Dominicana) al mapa estadounidense.

El segundo caso de “impeachment” en la historia de esa nación, correspondió al presidente Bill Clinton en 1998, en su segundo mandato, acusado de perjurio y obstrucción a la justicia por ocultar la relación sexual de 1973 con la becaria de la Casa Blanca Mónica Lewinsky. Salió absuelto. Por su parte, el presidente Richard Nixon fue candidato a juicio político, pero dimitió antes del inicio del proceso en agosto de 1974 cuando los legisladores del Partido Demócrata preparaban el sometimiento. Todo comenzó el 17 de junio de 1972 con el apresamiento de cinco personas en el allanamiento del complejo Watergate del Partido Demócrata, al encontrar el FBI conexión entre los ladrones y el dinero negro que utilizó el Comité para la Reelección del Presidente.

Este enjuiciamiento se basa en el segundo de los siete artículos de la Constitución que establece que un presidente, vicepresidente o cualquier cargo público civil “sea sometido a un ´impeachment´ por casos de traición, soborno, altos delitos o faltas”. Han sido muchos funcionarios los sometido a la acción de la justicia, cuando violan la ley, ya sean altos cargos o que ocupen funciones en estados o en otras demarcaciones administrativas del país.
Aunque las acciones de los presidentes estadounidenses o del poder de ese país, que es lo que efectivamente funciona allá, en el curso de la historia inciden de manera determinante en nuestro país, el caso del presidente Johnson es de mayor proyección, pues se propuso planes que tendrían consecuencias en el destino de la nación dominicana. En este sentido, se agregan otro Johnson, el Lyndon B.

Johnson de la segunda intervención militar norteamericana del siglo XX, el Woodrow Wilson de la ocupación de 1916-24, y el Ulises Grant del proyecto de anexión a Estados Unidos (1868-1871).
El expansionismo posterior a la guerra de Secesión se diferenciaba del que se realizó desde Jackson a Bu- chanan, por las fuerzas que lo impulsaban. El Sur había centrado su política exterior en obtener territorios para favorecerse con la extensión de la esclavitud en esos lugares. El expansionismo del Norte era coherente con el ideal de grandeza de la nación norteamericana en beneficio fundamentalmente de su clase gobernante.

William H. Seward, secretario de Estado del gobierno de Lincoln y luego del de Andrew Johnson, se convirtió en el abanderado de la nueva etapa. Sus planes los centró en la adquisición de territorios del Caribe: en el área continental y en las islas; la compra de Alaska y la anexión de Canadá; en fin, a “procurar -como señaló un historiador de su país-, anexar territorios a derecha e izquierda”. Por ello llegó a expresar: “Dadme30 años de vida, y os daré la posesión del continente americano y del mundo entero”.

Los planes de Seward en el Caribe partían espe- cialmente de razones políticas y militares. Recordaba los tiempos de la guerra de independencia, en que las bahías y puertos de las islas caribeñas fueron impor- tantes bases de los ingleses contra el comercio de las colonias sublevadas; lo mismo ocurrió en la guerra con Gran Bretaña (1812-1814); y la más reciente y amarga experiencia la tuvieron en el curso de la Guerra Civil: el bloqueo del Sur era roto frecuentemente por embar- caciones procedentes del Caribe, ya que en sus aguas los Estados Unidos no contaban con base naval que le permitiera controlar a sus enemigos.

Aunque en las zonas del Pacífico ocurría algo similar, la situación se resolvería con la compra de Alaska a Rusia. Al recomendar al Congreso la ratificación de un tratado celebrado con el rey de Dinamarca para la compra de la isla de Saint Thomas, el presidente Johnson expresaba que estaba de acuerdo con “los estadistas de nuestros primeros tiempos, decía, en que las Indias Occidentales gravitan hacia los Estados continentales”.

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