Opinión

De Johnson a Trump: “Impeachment” y RD

Al “impeachment” o juicio político aprobado en diciembre pasado por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, contra el presidente Donald Trump, se suma la tensión mundial provocada por el asesinato del general Qassem Soleimani y sus compañeros, en una de las regiones más complejas del planeta, por los intereses económicos, políticos, sociales y religiosos que allí convergen: el Medio Oriente.

Todavía con la sangre caliente de las víctimas de los drones estadounidenses, la respuesta iraní tuvo como blanco dos de las bases militares de Estados Unidos en Irak: Al Asad e Irbil.

Asimismo, en Washington, en medio la turbulencia tras la aprobación del juicio político al presidente Trump, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, y el senador Berni Sanders, aspirante a la nominación demócrata para las elecciones presidenciales de noviembre próximo, entre otros, han denunciado la escalada peligrosa de violencia que provocará la acción contra el comandante de las Fuerzas de Quds del Cuerpo de Guardines de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán.

(También Trump aspira a la reelección, y sobre la sangre del aeropuerto de Bagdad y la burbuja en el Capitolio de Washington, vuela el fantasma electoral).

Con relación al “impeachment”, “El líder de la mayoría del Senado (estadounidense), Mitch McConnell, dijo ayer (…), que iniciará el juicio político del presidente Trump bajo sus términos, sin ningún acuerdo en cuanto a si llamar a testigos, cuando la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, envíe los cargos de obstrucción de la justicia al Senado”.

Y para dejar clara la distancia entre las dos Cámaras y las posiciones frente a ese proceso, el senador MacConnell advirtió:

“No habrá discusión con la Cámara de Representantes sobre el procedimiento del Senado. No cederemos nuestra autoridad para este juicio político. Se acabó el turno de los demócratas de la Cámara de Representantes.” (Hoy, 9-1-20).

Como señalamos en la primera entrega de esta miniserie, entre los tres gobernantes norteamericanos que han sido sometidos a “impeachment” (Trump, Bill Clinton y Andrew Johnson -1865-1869-), este último intentó arrendar o comprar la bahía de Samaná y se propuso, también, anexar la isla de Santo Domingo (Haití y la República Dominicana) a los Estados Unidos.

Desde la singular situación que se dio en los Estados Unidos, durante el gobierno de Johnson, es un buen ejemplo de que aún quedaban sin resolver algunos de los problemas que provocaron la Guerra Civil. Para los miembros del Congreso, mayoritariamente republicano, Johnson favorecía, en la práctica, a los vencidos en la guerra, sobre todo en lo concerniente a la política interna.

En efecto, Abraham Lincoln lo había llevado como vicepresidente porque representaba a los sudistas, lo que en función de neutralizar al adversario impactó en su momento. Ahora se había convertido en un insoluble problema: a pesar de coincidir con él en la tradicional política exterior del país, los republicanos ortodoxos no se decidían apoyarlo con sus votos en el Congreso. De ahí que las Cámaras lo sometieran a un “impeachment”, del que pudo librarse por falta de un voto para alcanzar la mayoría requerida.Johnson nunca logró la paz con el Congreso, aunque el tono de sus discursos fuera cada vez más expansionista y sus apelaciones a la comprensión más urgentes. Así se expresaba el 9 de diciembre de 1868:
“Una política nacional comprensiva parece sancionar la adquisición e incorporación a nuestra Unión Federal de varias comunidades adyacentes, continentales e insulares, con tanta rapidez como sea compatible con el empleo de medios pacíficos y legales, sin violación de la justicia, la fe o el honor de los Estados Unidos. La posesión o el control extranjero de esas comunidades ha perjudicado el crecimiento y ha menoscabado la influencia de esta nación”.

Luego de señalar que “la revolución crónica o la anarquía” en esos países eran perjudiciales para los Estados Unidos, tal como lo repitieron muchos de los que le precedieron y le siguieron en el cargo para justificar sus intervenciones extranjeras, Johnson explicó que “Cada uno de ellos, incorporado a los Estados Unidos, sería una nueva fuente de fuerza y de poder”.

A pesar de sus proclamas, nunca contó con la confianza de los republicanos ortodoxos. Ni siquiera por mantener a William Seward en la Secretaría de Estado, que había sido el líder más descollante del Partido Republicano. Ese Seward que por su evidente deseo de aumentar posesiones insulares para los Estados Unidos estimuló a Gideon Welles, secretario de Marina, a opinar de él que se había vuelto “casi un monomaníaco en cuanto a la adquisición de territorios”.

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