Opinión

47 años después

El 16 de febrero de 1973 fue ejecutado en las montañas de la Cordillera Central, el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, ex- presidente del gobierno de la República en Armas y jefe militar del Movimiento Constitucionalista que se inició el 24 de abril en horas de la mañana en la ciudad de Santo Domingo, que tenía como misión básica el retorno al gobierno constitucional de la república, presidido por el profesor Juan Bosch, que había sido elegido por una abrumadora mayoría de nuestro pueblo el 20 de diciembre de 1962 y derrocado 7 meses después, en septiembre de 1963, por una conspiración política dirigida por las fuerzas políticas, militares e interventoras del gobierno de Estados Unidos de América, a quienes sirvieron en cuestionable comportamiento de servilismo militares dominicanos, dirigentes políticos de la oligarquía criolla y un importante sector de la jerarquía de la Iglesia católica.

La orden de ejecución de Caamaño Deñó, a quien cariñosamente por vínculos de entrañable amistad llamábamos Francis, salió del Palacio Nacional, asiento del gobierno que presidia el doctor Joaquín Balaguer. En aquel momento el autor de esta columna tenía 12 días detenido en las cárceles de la Policía Nacional, donde se encontraban otros compañeros y subalternos del presidente Caamaño: el coronel Gerardo Marte Hernández, Diómedes Mercedes, Nelson de Peña y Adolfo Lantigua.

El autor de esta columna fue enterado de la muerte de Caamaño porque un miembro de la banda de música de la Policía Nacional, que nos conocía, silbando las notas del Himno Nacional; se detuvo debajo de una de las ventanas de nuestra celda con el periódico El Nacional en sus manos, en cuya primera página estaba el cadáver del prócer de la hermosa epopeya que se había iniciado a partir del 28 de abril de 1965 cuando las tropas de infantería de Estados Unidos de America desembarcaron en nuestro país, equivocadas y engañadas por el gobierno del presidente Johnson, de que el pueblo dominicano atemorizado se rendiría sin condiciones frente al ejército de la nación más poderosa del mundo.

En este Mes de la Patria, por encima de la intromisión de los representantes del gobierno estadounidense, del llamado representante de la Unión Europea, de la tenebrosa USAID y los agentes asalariados y organizados en Participación Ciudadana y docenas de ONG’s, es necesario aun con las heridas abiertas por el recuerdo, que tengamos presente no solamente a Francisco Alberto Caamaño Deñó, a Rafael Fernández Domínguez, Manuel Ramón Montes Arache, Juan María Lora Fernández, militares que cumplieron con su deber de defender la soberanía, la dignidad y la democracia del pueblo dominicano, a quienes se sumó el italiano Ilio Capocci, el francés Andrier de la Riviere y el haitiano Jaques Viau Renaud, a cuyo lado están también Juan Miguel Román, Euclides Morillo, Norge Botello, José Jiménez y una lista extensa de héroes que viven en el recuerdo como próceres de la República.

¡Ningún pueblo ser libre merece, si es esclavo, indolente y servil¡ Y esta patria nacida y desarrollada en una hermosa historia de valentía y sacrificio, es la patria pequeña en extensión geográfica que ha vivido, vive y seguirá viviendo, esta nación heroica, ejemplo para todos los pueblos del mundo, que si las circunstancias así lo determinan desaparecerá dejando siempre el ejemplo que lo identifica como “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”

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