Políticas

Convención demócrata en New Hampshire EE.UU.

Entre esperanza e incertidumbre los demócratas van hoy a las elecciones primarias en New Hampshire, con el deseo de hallar un liderazgo capaz de derrotar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en los comicios de noviembre.

Con ese objetivo, se medirán en esta cita, la segunda de su tipo en el año y a la cual Bernie Sanders y Pete Buttigieg llegan como favoritos, tras su gran desempeño en Iowa.

Además, hay otros candidatos que podrían conquistar la nominación: el exvicepresidente Joe Biden, la senadora Elizabeth Warren y el multimillonario Michael Bloomberg, quien aún no ingresó formalmente en la disputa.

La lucha por liderar la fórmula presidencial quedó de manifiesto en el debate del viernes por la noche, donde Buttigieg y Sanders fueron el blanco de sus rivales.

El joven exalcalde de South Bend, de 38 años, fue cuestionado por su inexperiencia, mientras que el senador por Vermont lo fue por por su programa de campaña de izquierda.

Los cinco dirigentes representan distintos sectores dentro del Partido Demócrata.

De esa forma, los expertos definen a Sanders y Warren como los candidatos más progresistas, Biden el favorito del establishment moderado, Buttigieg la renovación, y Bloomberg, por su parte, una figura extrapartidaria que amenaza con el poder de fuego de su billetera.

Brad Bannon, consultor político y CEO de Bannon Communications Research, considera que las internas se dirimirán entre dos candidatos.

«La disputa se definirá entre uno de los candidatos progresistas, Sanders o Warren, y uno de los demócratas pragmáticos, Biden o Buttigieg. Tras sus actuaciones en Iowa, creo que Sanders y Buttigieg serán los últimos candidatos en pie», apunta Bannon.

El veterano senador, de 78 años, que se define como un «socialista democrático», lidera las encuestas en New Hampshire, y es incluso respaldado por militantes jóvenes, seguido de cerca por quien fue la sorpresa en Iowa.

«Ha logrado los números más impresionantes de recaudación de fondos. Además, sus partidarios están más motivados que los de otros candidatos demócratas», señaló Miles Coleman, editor de La Bola de Cristal de Sabato, un sitio de análisis político y predicciones electorales de la Universidad de Virginia.

Por su parte, Warren, senadora por Massachusetts y fuerte crítica de Wall Street, aspira a ser la primera mujer presidenta en la historia de Estados Unidos.

Prometió que si gana, abolirá el Colegio Electoral, el método de elección indirecta que privilegia una mayoría de delegados sobre el voto popular.

A su vez, Biden era señalado en la previa como el gran favorito a quedarse con la nominación.
Los analistas insisten en elementos tales como su perfil pragmático, que sustenta su «elegibilidad» entre los votantes independientes, y en su vinculación con el expresidente Barack Obama.

En New Hampshire marcha cuarto en las encuestas. Sin embargo, su candidatura repuntaría en Nevada y Carolina del Sur, donde las comunidades latina y afroamericana tienen más peso electoral.

«Veo a Biden aún como el favorito. En la campaña, asociará su imagen a la de Obama. Una vez que el calendario se traslade a estados demográficamente más diversos probablemente comenzará a acumular más delegados», afirma Coleman.

Buttigieg, el candidato más joven de la contienda, dispone, según Brad Bannon, del carisma suficiente para derrotar al líder republicano.

«Tiene una gran historia que contar porque es exactamente lo contrario de Trump. El alcalde Pete es joven, inteligente y sirvió con distinción en una zona de combate en Afganistán».

En el otro lado está el empresario de medios Michael Bloomberg, dueño de una de las mayores fortunas de los Estados Unidos y quien amenaza la nominación de los demócratas más tradicionales.

El exalcalde de Nueva York, que no participa de las primeras cuatro primarias, espera dar el gran golpe en el Súper Martes del 3 de marzo, donde se votará en 16 estados y se elegirá un tercio de los delegados de toda la contienda.
Con ese objetivo, gastó 300 millones de dólares en avisos televisivos y digitales, y pagó, al igual que hizo Trump, 10 millones de dólares por 60 segundos de publicidad en el Super Bowl, que tuvo 99,9 millones de espectadores.

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