Opinión

Los desafíos de la rápida urbanización del país

La rápida urbanización que se ha producido en el mundo constituye una de las tendencias más significativas de los últimos 70 años. El grado de urbanización a nivel mundial era equivalente al 29.6% en 1950, pero para el presente año se proyecta que llegue al 56.2%. O sea, más gente vive hoy en zonas urbanas que en zonas rurales.

La República Dominicana no ha escapado a ese proceso. En 1950, nuestro país era uno de los tres países menos urbanizados de América Latina y el Caribe. Su nivel de urbanización era 23.7%, lo que le colocaba en la posición 22 entre 24 países de la región. Para este año, Naciones Unidas proyecta que la República Dominicana logrará un nivel de urbanización equivalente al 82%, pasando a ocupar la posición 5 entre los países de América Latina, colocándose entre los países mas urbanizados de la región. Esto nos indica que el proceso de urbanización del nuestro país ha sido explosivo.

La importancia de las zonas urbanas se aprecia en el siguiente dato. De acuerdo con el Banco Mundial, las zonas urbanas generan entre el 55% y el 85% del producto nacional bruto (PNB) de los países, según sea su nivel de ingreso. Esto significa que el grueso de las actividades económicas se concentra en las zonas urbanas. Dentro de las zonas urbanas, la parte más importante son las grandes ciudades. En el caso de América Latina y el Caribe, un estudio de MacKinsey Global Institute, resaltaba que las 198 grandes ciudades de la región -definidas como las que tienen una población de 200,000 o más habitantes- en conjunto contribuyen con más del 60 por ciento del PIB, y que las diez ciudades más grandes de la región por sí solas generan la mitad de esa producción.

Se ha demostrado una correlación positiva entre el grado de urbanización, el PIB per cápita y el índice de desarrollo humano (IDH). Sin embargo, el hecho de que ese proceso fuera tan rápido, como es el caso de República Dominicana, agarró a muchos gobiernos sin preparación para abordar los efectos negativos provocados por ese cambio tan rápido, lo que ha impedido el aprovechamiento al máximo de los beneficios que lo acompañan. Con todo y los avances que se han producido en la reducción de la pobreza y la indigencia, nuestras grandes ciudades son espacios de desigualdad, con alto grado de segregación residencial socioeconómica y con acceso dispar a los servicios públicos de calidad.

El rápido proceso de urbanización que hemos vivido se ha dado acompañado de importantes déficits en infraestructura urbana. Así, en nuestras ciudades conviven dos mundos urbanos: uno bien desarrollado, dotado de buenos servicios y viviendas en excelentes condiciones, y otro marcado por la extrema pobreza, carentes de servicios básicos e infraestructura, deficientes en servicios sociales, y en condiciones habitacionales y ambientales precarias. Los desafíos de los gobiernos, nacional y municipal, pasa por el abordaje de esta situación.

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