Opinión

No pongamos en peligro la democracia dominicana

¿Cómo podemos saber cuando los políticos con su actitud pueden apuntalar la democracia o hacerla tambalear? ¿Cuáles son las señales de advertencia conductuales que permiten identificar a los políticos antidemocráticos?
En el libro “Cómo mueren las democracias”, escrito por Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, se mencionan cuatro señales de advertencia que pueden ayudarnos a identificar el comportamiento antidemocrático de un político. La primera es el rechazo, ya sea de palabra o mediante acciones, a las reglas democráticas del juego; la segunda es negar la legitimidad de sus oponentes; la tercera es tolerar o alentar la violencia; y la cuarta indicar la voluntad de restringir las libertades civiles de sus oponentes, incluidos los medios de comunicación.

Los autores llaman la atención al hecho de que un político que cumpla siquiera con una de esas señales es causa de preocupación.

Una manera de darnos cuenta de quienes rechazan, ya sea de palabra o mediante acciones, las reglas democráticas del juego, es respondiendo las siguientes preguntas: ¿Rechazan la Constitución o expresan su voluntad de no acatarla? ¿Sugieren la necesidad de adoptar medidas antidemocráticas, como cancelar elecciones, incumplir o suspender la Constitución, prohibir determinadas organizaciones o restringir los derechos políticos o civiles básicos? ¿Pretenden usar (o aprueban el uso de) medidas extra constitucionales para cambiar el Gobierno, como golpes militares, insurrecciones violentas o manifestaciones destinadas a forzar un cambio en el Gobierno? ¿Intentan socavar la legitimidad de las elecciones, por ejemplo, negándose a aceptar unos resultados electorales creíbles?
En el momento actual, las preguntas anteriores son importantes porque ya nadie duda de que lo ocurrido el 16 de febrero pasado fue un sabotaje a las elecciones municipales que debieron celebrarse ese día y a todas luces lo que se buscaba con esa acción criminal era en primer lugar justificar viejas posiciones y en segundo lugar no enfrentarse a los resultados de esos comicios que a todas luces iban a ser desfavorable a ese sector opositor.

Ese sabotaje se fue montando sobre la base de minar la reputación de la Junta Central Electoral, institución fundamental del régimen democrático, con el propósito romper con la estabilidad democrática de nuestro país. Esto fue advertido con tiempo por el Partido de la Liberación Dominicana, llamando la atención sobre el comportamiento de determinado líder político que tenía como lema o yo o que entre el mar.

Frente a la suspensión de las elecciones municipales del 16 de febrero lo que se impone es una salida que no ponga en peligro el proceso democrático. Eso implica respetar lo establecido en la Constitución: elecciones separadas y toma de posesión por las autoridades municipales el próximo 24 de abril. También respetar la Ley Electoral 15-19 que establece que en caso de suspensión de las elecciones estas deben convocarse en un plazo no mayor de 30 días.
Es el momento en el que los partidos democráticos deben actuar como guardianes de la democracia.

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