Opinión

Una estocada a la democracia

Cuando hay faltas en las instituciones y en las personas que forman parte de ellas, la ciudadanía pierde la confianza y el retroceso se refleja en todos los aspectos de la sociedad. Un error, voluntario o involuntario, reviste un costo económico y social para el país que genera incertidumbre y preocupación a los actores nacionales e internacionales.

Es totalmente injusto para los dominicanos y las dominicanas que personas sin escrúpulos hayan boicoteado la fiesta de la democracia, un evento trascendental para la paz y la prosperidad de la República Dominicana. Los responsables apuestan al descalabro del sistema de partidos y a afectar la gobernabilidad del país. Los ciudadanos, por ende, deben unirse a una sola voz para reclamar que los responsables sean sancionados debidamente.

En lo inmediato, el organismo electoral se enfrenta a un momento sumamente delicado, donde el tiempo escasea y las acciones que emprenda determinará la credibilidad que pueda recuperar ante la población dominicana, que hoy se siente defraudada por un proceso fallido, a pesar de que se dispuso de suficiente tiempo y recursos para organizar unos comicios transparentes y de calidad.

Lo que sucedió el domingo pasado en nuestro país profundiza lo que podríamos considerar como un descontento con la democracia en el siglo XXI, un proceso que se ha venido evidenciando en todos los países de la región con distintas manifestaciones.

Pero a pesar de lo sucedido, la crisis es una oportunidad y es la forma como la humanidad ha redescubierto su capacidad y generado las más grandes ideas que han beneficiado a las instituciones que sustentan nuestra vida en sociedad.

El liderazgo nacional está llamado a unirse con dos fines muy específicos: el primero, reclamar del organismo electoral toda la voluntad necesaria para identificar a los responsables de la debacle electoral del pasado domingo, y lo segundo, trabajar en conjunto para que el proceso electoral municipal que se llevara a cabo el próximo 15 de marzo, se realice con seguridades de transparencia, orden y control de calidad del proceso, de forma tal que devuelvan credibilidad y confianza a los procesos electorales.

Hay que hacer hasta lo imposible para que la crisis electoral que ha generado la decisión de la Junta Central Electoral no evolucione y se convierta en una crisis política, y mucho menos en una crisis económica y social, puesto que la República Dominicana ha obtenido grandes logros que como pueblo y nación, debemos proteger.

El fallido proceso municipal pasará a la historia como una estocada a la democracia sin precedentes. Nos enfrentamos a decisiones que pueden comprometer el futuro de nuestro país y si actuamos sin sentido de la historia y del devenir de los dominicanos y las dominicanas, podemos perder más de lo que ya hemos perdido.

La democracia sigue siendo el único sistema que permite a los ciudadanos dirimir sus diferencias y construir propuestas de nación viables. Es el momento de dar muestras de nuestra cultura democrática y verdadero amor a la patria para encontrar una solución viable a esta situación. Dios impregne nuestros corazones y mentes de Su guía divina, que los intereses personales no obnubilen nuestro futuro democrático y madurez institucional.

Nuestra imagen como país a nivel internacional es nuestro tesoro y esta se construye con bienestar, seguridad y estabilidad. En estos momentos, en tan sólo tres letras (JCE), descansa el futuro de este país y los electores tenemos que conservar el entusiasmo y la esperanza firmes para decidir por el progreso y decir no al retroceso.

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