Hablan los hechos

Covid y guerra petrolera, una mezcla explosiva para la economía

Dos sucesos globales, el coronavirus Covid-19 y la guerra en el mercado petrolero, hacen una mezcla explosiva para la economía mundial la cual está al borde de una crisis general.

Con el avance de la enfermedad en Europa y la amenaza de desplegarse por todo el territorio de Estados Unidos donde hace estragos con 41 muertos, el mercado bursátil tiembla a escala global y México no escapa a un nerviosismo que puede ser histeria colectiva.

Wall Street se estremece ante cualquier información sobre la epidemia lo cual se complica por una guerra petrolera liderada por Arabia Saudita que tiene como objetivo afectar a Rusia aun cuando se había logrado un entendimiento sobre los niveles de extracción para preservar precios internacionales.

Nadie duda de los efectos negativos para la economía mundial del nuevo coronavirus pero, aunque más solapadamente, la crisis en el mercado petrolero es potencialmente tan dañina o más que esa pandemia.

Curiosamente ya el énfasis en este coronavirus no se pone en China por su recuperación y las muestras de fortaleza.

Fue evidente al principio una política informativa malintencionada para desacreditarla, pero es tal la consolidación de su modo de producción que ni la epidemia ni la propaganda pudieron derrumbar al país.

Por el contrario, la pandemia deja de manifiesto que la economía mundial no se mueve sin China ni Rusia. ¿Qué sucedió en realidad?

Sea intencionada o no la mutación del coronavirus del animal al hombre, el Covid-19 detonó una sicosis en el mundo cuando a partir de la infección China comenzó a cerrar fábricas y pueblos en un intento por contener los contagios.

China dejó de surtir piezas a las plantas productivas del mundo, hubo desabasto y con este cierre de plantas en muchas naciones.

Wuhan pasó de paraíso del automovilismo a pesadilla de esa industria por ser sede de las plantas principales de GM, Honda, Nissan, Peugeot y Renault. Las ventas de autos en China se desplomaron 92 por ciento y afectó al mercado mundial.

El consumo de gasolina bajó brutalmente, las plantas consumidoras de derivados de petróleo cerraron y el precio del crudo cayó pesadamente.

Hubo crisis en los inversionistas de fracking en Estados Unidos por costos de extracción superiores al precio de venta del barril. La reacción fue contra la OPEP.

Arabia Saudita buscó hacer el juego a Estados Unidos y bajar la producción de petróleo para elevar los precios internacionales, pero Rusia y otros productores como Irán se opusieron. La reacción saudita fue prepotente y feroz e inició una guerra de precios al rematar su crudo.

Los precios del petróleo se desplomaron 20 por ciento en minutos y los inversionistas vendieron activos que en su opinión representan un mayor riesgo en momentos de incertidumbre, como los bonos mexicanos sobre los cuales la acción de los sauditas fue demoledora.

El peso mexicano cayó 5 por ciento en los mercados de Asia y el dólar llegó a cotizar por encima de las 21 unidades en el país.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, endureció su posición hacia las empresas con contratos a las que obligó a ser más productivas y extraer mayores cantidades de petróleo en lugar de especular con las licitaciones en el mercado de valores sin producir casi nada.

Esa actitud no fue del agrado de Estados Unidos. Dave Graham, periodista de la agencia Reuters, reveló un conciliábulo en la embajada estadounidense con diplomáticos de Canadá, Alemania, Francia,Reino Unido, Italia, España y los Países Bajos, para obstaculizar o impedir la idea del mandatario de otorgar un papel más relevante al Estado en la industria de los energéticos.

La información no ha sido desmentida, y de ser cierta, esa conspiración rompe rápidamente los niveles de confianza que son la base de todo el sistema financiero, con lo cual aumentan los riesgos para México en su lucha por restituirla tras el deterioro causado por la corrupción en Pemex.

Queda claro que las alternativas para moderar o impedir que una crisis económica global provocada por la Covid-19 y la guerra del petróleo llegue a mayores, solamente son China con su enorme potencial productivo y Rusia con su crudo, porque Estados Unidos y Europa no son los motores principales de la economía mundial.

Las medidas de emergencia adoptadas por el presidente estadounidense, Donald Trump, revelan la debilidad de su gobierno, contrariamente a lo ocurrida en China donde la batalla contra el nuevo coronavirus corroboró la fortaleza del gigante asiático.

* De Prensa Latina

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