Opinión

Manejo de cadáveres con Coronavirus

Si una cosa buena tiene nuestro cerebro y su memoria es que la impronta de los primeros años resulta ser la última en borrarse de nuestra pizarra encefálica. Hay experiencias que se asimilan tanto en sentido positivo como negativo. Mi niñez, que data de siete décadas y que fue compartida con seis hermanas y tres hermanos, tiene viva la imagen materna advirtiendo de los peligros a los cuales constantemente nos exponíamos. Como a veces no le hacíamos caso y resultábamos lesionados ella sólo expresaba en voz alta: ¡Te lo dije!

Desde el año 1982 y de modo continuo hemos venido advirtiendo a los distintos gobiernos, entiéndase perredeístas, balagueristas y peledeístas acerca de la necesidad de contar con unos servicios adecuados de patología forense en el país. Ha sido una lucha constante llena de incomprensiones, encarcelamiento, maltratos, desconsideraciones y burlas hacia quien escribe. He resistido estoicamente porque sabía que andaba por el camino correcto y que el tiempo así lo demostraría.

Abogamos por un centro de acopio de cadáveres con la capacidad para guardar bajo refrigeración a las víctimas mortales de una catástrofe que envuelva a más de un centenar de personas. El caso de los 136 reclusos de la cárcel de Higüey, que murieron a causa de un fatídico incendio, parece que no nos dejó lección alguna. Ahora ante la llegada de la pandemia del Coronavirus volvemos a insistir con el mismo reclamo: necesitamos construir una morgue metropolitana en la que podamos mantener decenas y hasta centenas de fallecidos refrigerados sin el peligro de descomponerse por falta de la refrigeración pertinente.

No debemos esperar a que se genere una avalancha de muertes para empezar a calcular adonde se colocaran esos muertos, especialmente cuando correspondan a extranjeros. Estos deberán ser repatriados luego de la cuarentena impuesto por muchas naciones en el mundo. Entiendo que no es posible de la noche a la mañana construir una edificación con las características que exige la practica medico forense. Pero sí es posible que nuestras autoridades sanitarias en común acuerdo con las funerarias dispongan de varios furgones dotados de frigoríficos, ubicados en un lugar apropiado, previamente consensuado para guardar esos restos mortales hasta tanto puedan embalarse y las circunstancias internacionales permitan el envío de los mismos en condiciones optimas para que los familiares de ultramar puedan disponer de sus muertos en condiciones dignas.

En lo concerniente a la práctica médico legal del levantamiento de cadáveres a nivel nacional, la misma deberá adecuarse a la situación prevaleciente. No debe realizarse autopsia a fallecidos con diagnóstico previo de infección por el Covi19, ni en casos dudosos o sospechosos. Ello por razones de bioseguridad para el personal envuelto en el procedimiento. Los cuerpos sin vida de los casos diagnosticados mediante pruebas serológicas deberán ser consideradas altamente contaminante y colocados en fundas con cierre hermético para luego disponer ya sea de incineración o colocación en un ataúd sellado. La familia más cercana acompañará los restos al cementerio para el entierro con muy breve ceremonia fúnebre.

Ojalá que estas sugerencias no caigan en saco roto. Nos anima la mejor de las intenciones, para bien de todos. Preferible que exagerar en las medidas para evitar la propagación de la enfermedad y no quedar corto de acciones puntuales necesarias.

Que no nos tengan que repetir a todos desde sus tumbas nuestras madres asesoras: ¡Se lo dijimos!

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