Opinión

Por la verdad histórica

 

El pasado jueves 19 de marzo se cumplieron 176 años de la batalla llamada incorrectamente del “19 de Marzo”, cuando el nombre de las batallas, en términos históricos, reciben el nombre de los lugares urbanos o rurales donde se han librado. “La Batalla de Azua”, como debemos llamarla es una de las tres batallas más importantes en las que el pueblo dominicano, consciente en su sentimiento patriótico, consolidó la independencia y la soberanía de la República, fundada a partir del 27 de febrero por el Movimiento Trinitario, encabezado por Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella.

Las otras dos batallas libradas muchos años después fueron las de Santomé, el 22 de diciembre de 1855, y la última y tercera la de Sabana Larga, el 24 de enero de 1856, en terrenos que corresponden en la Línea Noroeste a la provincia Dajabón.

Estamos profundamente sorprendidos e indignados de que entre los que dirigieron la Batalla de Azua el 19 de marzo de 1844 contra las tropas de Charles Herard, presidente de la República de Haití, se incluya el nombre de Pedro Santana, que es la figura del traidor más detestable de nuestra historia. Esa batalla fue dirigida y actuó en ella Antonio Duvergé y entre otros después de Duvergé, el más destacado fue Vicente Noble. La importancia histórica de esa batalla está fundamentada en que le hizo saber a Charles Herard que los dominicanos eran un pueblo valiente, agresivo, coherente y firme en la defensa de lo que era el lugar en el cual se había confirmado la génesis del extraordinario proceso, doloroso, lleno de vicisitudes, de la nación dominicana.

El encuentro contra las tropas de vanguardia de los haitianos fue sorpresivo para ellas porque el momento decisivo de la misma llegó cuando los dominicanos pudieron hacer uso de las armas blancas, sables y machetes, las mismas que habían sido usadas en la Batalla de Palo Hincado contra las tropas francesas del general Ferrand en 1808, donde se ejecutó la primera “Carga al Machete”.

Este “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”, elogio merecido, muy merecido, externado por ese líder inmortal de hispanoamérica que se llamó Fidel Castro Ruz. Ratificado por el comandante en jefe de la Revolución Cubana en la mayoría de las veces que hacía referencia, a lo que era un pueblo, que como ratifica el autor de esta columna, único en América que para salvar su identidad como nación ha tenido que luchar en su territorio, contra el dominio español, cuando en la génesis de la nación el fundador de la Escuela Militar Dominicana, Enriquillo, no pudo ser derrotado; y más tarde contra ingleses, franceses, haitianos, españoles otra vez y estadounidenses o norteamericanos dos veces.

Que no se hable más de Pedro Santana, que en la realidad de la verdad histórica fue un “capitán araña” que nunca participó personalmente en ninguna batalla o combate, ni cuando era jefe de los ejércitos del sur, a partir del 27 de febrero de 1844 y cuando más tarde servía a la monarquía española, después de haber llevado a cabo y realizado, a partir de 1861, la anexión a España: ¡Fuera Pedro Santana del Panteón Nacional, homenaje póstumo que no se merece!

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